Cúcuta y la realidad de Colombia

14 de junio del 2017

En este momento Cúcuta espera la mano salvadora del gobierno nacional y echando culpas a Venezuela.

Cúcuta y la realidad de Colombia

Foto: Wikipedia

Cúcuta es una ciudad que no es muy diferente a las demás. Presenta todas las problemáticas del país, altos índices de inseguridad, un alta tasa de desempleo, educación formal de baja calidad, entre muchos otros problemas. Decir que la urbe es de las peores de Colombia es falso pues en ella no encontramos nada diferente a lo que podemos ver en cualquier otra localidad de nuestro territorio.

Sin embargo, ha pasado de ser del montón a sobresalir como una de las capitales más representativas del país. Quisiera decir que destaca por sus grandes logros, pero no, sobresale por sus altas cifras negativas, que hoy pareciera no importarles a varios esperando la mano salvadora del gobierno central o el milagroso resurgimiento de la economía venezolana.

Pero, ¿por qué Cúcuta se convirtió en una de los núcleos urbanos del país más representativos en cuanto a sus cifras negativas?, o mejor aún, ¿cuáles son los verdaderos problemas de Cúcuta?

La respuesta pareciera simple, la falta de cultura, la corrupción que ha permeado la institucionalidad y la desaceleración económica que atraviesa el país. Vamos a ver y sí, esa es la respuesta, entonces si lo sabemos, ¿por qué continuamos igual?

Parece que aún no nos concientizamos de la realidad y seguimos viviendo del pasado, repitiendo día a día los errores de siempre, sin entender que la situación de la “hermosa villa” no es más que el resultado de una ciudad que vivió durante décadas del contrabando o el mal llamado comercio fronterizo, actividad que al parecer hacía sentir orgullosos a muchos.

Ahora, la ciudad de los árboles está estancada en la inseguridad, pues al parecer ya nadie puede salir siquiera a la entrada de su casa con el celular en su mano, el problema está disparado por la cantidad de motos que hay en ella sin control legal alguno.

El estancamiento de la perla del norte no es solo en seguridad, también es cultural, en días pasados leí en Facebook que alguien tuvo la osadía de defender un bar en el cual su atracción principal es una foto gigantesca de Pablo Escobar.

Es retrogrado que en pleno 2017 exista un sitio donde se venere a Pablo Escobar y peor aún, que haya quienes defiendan este sitio y tengan el descaro de decir que los detractores del bar no son más que envidiosos. Me disculparan, pero el cinismo de los propietarios de este lugar es infinito sumado a su ignorancia.

No es extraño que en “la ciudad sin fronteras” existan este tipo de sitios. Que se puede esperar cuando la votación del SI y NO en el plebiscito por la paz, el resultado no haya dado bajo un argumento lógico. Más bien fue un argumento burdo el cual era “Es que nos vamos a volver como Venezuela”.

De verdad, ¿usted cree que nos vamos a volver como Venezuela?, existiendo premisas coherentes para defender o atacar los acuerdos de paz es increíble que el “Nos vamos a volver como Venezuela” fuera el principal motivante para votar (como en muchos sectores del país).

Ahora bien, me parece increíble que en “el portón de la frontera” existió un “sindicato de Pimpineros”. Para quienes no saben los pimpineros eran personas que se dedicaban a vender gasolina de procedencia venezolana en la calle, en deficientes condiciones de seguridad, en pocas palabras, vendían gasolina de contrabando.

Entonces, ¿Cómo es posible que existiera un sindicato de pimpineros?, es algo que al día de hoy no me he logrado explicar.

Pero la ciudad verde, que aun sin ser muy diferente a las demás, hace mucho perdió el rotulo de “gran ciudad”, carece de industria seria, del turismo, ni hablar ¿Quién quiere ir hoy a Cúcuta?, un lugar donde la excepción es respetar un semáforo, donde el sistema de trasporte masivo no es más que un montón de busetas viejas dando vueltas por la ciudad.

Donde los taxímetros son extraños para los taxistas, donde sus calles se encuentran en mal estado, su malla vial es de la peores del país, el irrespeto por la autoridad no es más que el reflejo de la pésima educación escolar, muestra de ello ha sido la difícil aplicación del pico y placa y donde uno de sus mejores dirigentes ha estado involucrado en mil escándalos (algo muy colombiano).

A pesar de lo que he mencionado con anterioridad, aún no he resaltado lo peor. Por un lado encontramos una pésima educación superior, donde la mejor universidad propia de Cúcuta se encuentra en el puesto 89 del escalafón Sapiens y ninguna universidad se encuentra certificada en alta calidad.

Por otro lado encontramos alta tasa de desempleo, la segunda más alta del país. En días pasados un excompañero de colegio me comentó que hoy en Cúcuta es difícil conseguir trabajo si no se trabaja de la mano con una “figura pública” por no decir otro tipo de profesión.

Para rematar, algo que nos hacía sentir orgullosos a muchos cucuteños, el Cúcuta de Deportivo, nuestro equipo que una vez fue campeón del fútbol colombiano y semifinalista en un Copa Libertadores, hoy aparece entre los 20 peores equipos de fútbol del mundo, algo en realidad vergonzoso.

Pero, Cúcuta no es muy diferente a las demás ciudades del país, no es la peor ciudad del país como muchos han dicho con anterioridad, pero afronta mil problemáticas que año a año aumentan y a nadie pareciera importarle.

No hacemos nada por cambiar la situación, la ciudad sigue resaltado cada vez más la realidad del país, con unas cifras que demuestran que muchas cosas no andan bien. Pero la vida en Cúcuta sigue al parecer sin importar esta realidad, en este momento esperando la mano salvadora del gobierno nacional y echando culpas a Venezuela.

La pregunta es, ¿la culpa en realidad es de Venezuela?, creo que no, creo que la culpa es nuestra, por no ver lo evidente y peor aún no querer cambiar nuestra forma de pensar, algo que es muy colombiano pero que en Cúcuta lo estamos resaltando.

Por Johan Vargas 

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