Cuestión de Sentimientos

16 de mayo del 2011

Encarar cuestiones, que involucren sentimientos, es difícil. Puesto que en ellos, está implícita, la subjetividad del ser. Cada ser, es un cumulo de: percepciones, puntos de vista, intereses, deseos. Es decir, aunque muy similares en constitución biológica, somos muy diferentes en la manera en como entendemos el mundo.

Pero los sentimientos existen. Por lo menos, dentro de nuestros cerebros y aunque no se sepa con certeza, donde están ubicados, muchas de nuestras acciones diarias los definen. Ahora bien, desde un punto de vista muy personal (subjetivo), la raíz de los sentimientos, está en la sensibilidad. Que no es otra cosa, que la facultad de sentir, en los seres animados. Algún día, en un instante de nuestras vidas, hemos sentido algo, hemos experimentado placer, nos hemos interesado mucho por algo o alguien, en fin hemos sido sensibles. De nos ser así, la única razón lógica que podría encontrar a la falta de sentimientos, sería padecer de anhedonía. Por lo que sería imprescindible la visita a un médico con urgencia. Porque, no nos digamos mentiras, nadie está exento de los sentimientos.

Los sentimientos que alimentan el ser humano, suelen ser muchos: amor, odio, ira, alegría, tristeza, y cada ser los exterioriza de diversas maneras. Todos estos tipos de exteriorizaciones, han moldeado la diversidad del ser. Y si lo miramos en un plano vivencial, es esto lo que hace que se rompa el esquema de la cotidianidad, es decir: esto es lo que hace, que la vida sea interesante. De lo contrario, estaríamos condenados ha encontrarnos a diario con replicas exactas de nosotros mismos. Entonces, la vida carecería por completo de sentido.

Palabras más o palabras menos, el que niegue sus sentimientos, se está negando así mismo.

La sociedad está experimentando, tiempos de incertidumbre. La lucha por la supervivencia cada vez es más dura. El pesimismo lo ha opacado todo. Se vive en un ritmo sin precedentes, y el ser convulsiona junto con las ciudades. Las noticias no son las más alentadoras. Es una especie de cataclismo universal. Pero parte del ser, se rehúsa a perder la pelea. Lucha de forma incansable, día a día, a cada instante, y lo hace porque el ser no quiere saberse máquina.   

No somos máquinas. No somos las piezas de un rompecabezas, que armamos y desarmamos y siempre da la misma figura. No, somos más que eso. Somos la cúspide, el eslabón perdido, el misterio no resuelto del universo. Dentro de nosotros yace, un poder incomparable. La fuerza para cambiar el mundo, está en nuestro interior. Solo que aun muchos, no se han dado cuenta de tan sencilla cuestión.

El ser no puede permitirse la negación de los sentimientos. No podemos olvidarnos que ante todo somos seres sensibles. No se puede ir por la calle y no sentir, no experimentar, no percibir. No se puede negar la realidad, muchas veces: caótica, complicada, hostil. Otras veces: dulce, tierna, alegre. Uno tiene que comprender la realidad, y la mejor manera para entender (y entendernos), es saber que todos sentimos, aunque lo hagamos de diferentes maneras y que todos hacemos parte de la realidad.

La vida, el sentido de la vida. Es una cuestión de sentimientos.

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