Culpable (I)

17 de diciembre del 2015

Eres culpable, dice el Estado.

Encuentro difícil de asimilar la impronta de culpable que el estado y la sociedad colombiana imponen sobre mí y el resto de conciudadanos, como principio de interacción en cualquier relación “oficial” que quiera tener con algún ente estatal, así sea por extensión. No hallo otro modo de explicar que al intentar abrir una cuenta de ahorros en un banco cualquiera, cuando quise depositar mi milloncito de pesos, me resultó imposible convencer a la elegante y amable señora de servicio al cliente, que el origen de mi dinero no solo era lícito, sino que era parte de lo que me había ganado tras mucho años de laborioso trabajo. Me exigió demostrarle el origen “limpio” de mi dinero, con sello notarial de por medio, como condición sine qua non para abrir mi cuenta bancaria.

Es decir, me juzgó ella, o la política del banco, o pero aún, la política del Estado, o, a ciencia cierta, no se sabe muy bien quien, pero de un modo Kafkiano se me encontró culpable, y tenia que probar mi inocencia. Lamentable. Porque ¿acaso no es al contrario? o mejor ¿no es uno inocente hasta que se demuestre lo contrario? La señora de servicio al cliente, el banco, el estado, o no se muy bien quien, sin conocerme, podría calcular que yo tenia un probabilidad del 50% de ser culpable, o mas bien del origen ilícito de mi dinero, y 50% de probabilidad de que mi dinero fuera de origen lícito, es decir de considerarme inocente. Es tan asombroso nuestro terrible estado de sospecha permanente, que por defecto se me juzgó culpable.

Y es quizás en este tipo de momentos cotidianos, tal vez sin trascendencia vital, pero que condicionan nuestra calidad de vida, que uno maldice la cultura mafiosa que unos pocos impusieron en nuestra sociedad, y tan bien maldice este Estado nuestro, que nos trata como sospechosos ante su incapacidad de prestar el servicio que pagamos, nadas mas y nada menos, que con el trabajo del 35 % de nuestro tiempo.

En muchos aspectos uno podría considerar al estado colombiano como fallido, pues es incapaz de suministrar servicios básicos como seguridad y justicia. A veces pareciera que, incluso, se pone del lado de los delincuentes antes que de sus víctimas, como le sucedió al señor que puede ser condenado a 25 años por defenderse de unos fleteros. Es tan ineficiente que no solo agrede, desconfía, y no devuelve absolutamente nada a cambio de lo que contribuimos, sino que la única solución que parece encontrar para casi todos los problemas es prohibir, prohibir y prohibir, y por supuesto, la única promesa permanente que nos ofrece es la de aumentar los impuestos.

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Otra cosa más: Me tomo la libertad de anunciar la publicación de mi primera novela titulada ¨Espejos de Noviembre¨, bajo el sello editorial Oveja Negra. Espero que la disfruten.

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