¡Daño colateral!

¡Daño colateral!

29 de noviembre del 2018

Un presidente, carismático, joven, honesto y bien intencionado, toma las riendas de una convulsa nación, esperando poder ejecutar programas de redención e inversión, que mejoren las condiciones de todos sus habitantes. Como escollo tiene al frente, una clase política amarrada a viejas prácticas clientelistas, que funciona de acuerdo al botín burocrático, la contratación y partidas presupuestales billonarias para inversión y proyectos sociales; un  congreso que se asimila a una gigantesca maquinaria, cuyos piñones, ruedas y engranaje no se pone en movimiento, sin el lubricante apropiado; que no lo  constituyen, la imperante desigualdad social, ni el ideal nacional, ni la insatisfacción de las necesidades básicas o el bienestar común.

De esta realidad se salvan muy pocos; como Mesías, redentores y nuevos salvadores de la Patria, aparecen silvestres, como en un reinado de belleza, desfilando por la pasarela del ego; la mayoría están allí, como modernos corsarios, de trajes costosos y afiladas plumas, que sustituyen los sables; ávidos de rapiña  y del botín de lo público; dinámicos y solícitos hacen funcionar el aparato Estatal, siempre y cuando el gobierno de turno les otorgue su acostumbrada dosis de “mermelada” (Almíbar azucarado que produce euforia,  y alegría extrema, hasta la insensibilidad frente al  dolor ajeno y la realidad Nacional).

El bien intencionado, idílico y romántico presidente, pretende de un tajo crear un estilo nuevo de hacer las cosas en lo público y lo político, sin prebendas, dádivas, y burocracia, que acabe con la corrupción. ¿Será posible que de la noche a la mañana, nuestros barones electorales, caciques y gamonales, sufran una extraña conversión, una experiencia casi mística, tornándose extrañamente, desinteresados, como monjes Cartujos, retomando en esencia su verdadera misión como legisladores? ¿Este nuevo modelo pedagógico-político será el norte a seguir en todo el país? ¿Cambiarán nuestras costumbres en esta materia? ¿ O habrá que recurrir mejor a una constituyente?

Hay una presión sutil e hipócrita para la aprobación de los proyectos de ley, presentados por el ejecutivo, los cuales  se mueven lentos, sin vida, es la carencia del estímulo malicioso, del propelente mágico, que sacaría adelante todas las iniciativas gubernamentales; peligran ahora, la   aprobación del Estatuto único de Contratación, la reforma a la Justicia, la ley electoral y otros de vital importancia, produciéndose por ende un daño Colateral adverso a las buenas intenciones del gobierno.

Tenemos un excelente Presidente, al que hay que rodear y apoyar; de arrolladora capacidad, honesto, ponderado, sagaz e inteligente, un poco flemático eso sí, pero ya se le pasará, con tanta tropelía a la que se enfrentará cada día; estamos seguros de que su gestión será una de las mejores de la Historia de la Patria, no obstante los palos en la rueda y la perversidad de la izquierda y la oposición perdedora.

 ( Por: Carlos Alberto Ramírez Cardona)

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