De Amores y Viruela

4 de abril del 2011

No sabía si era prudente escribir sobre el tema, la ansiedad me sobrecogía, ya imaginaba las miradas de desprecio puestas en mí, las personas reclamándome, haciéndome llamados de atención, los insultos, una boleta de citación de la Fiscalía por calumnia e injuria, las esposas puestas, el escudo detrás de mi, los dos oficiales apostados a cada lado, mi cabeza gacha y la foto para la primera plana del periódico local.

Todo porque la persona que inspiro éstas líneas y a la cual no le pedí permiso para hacerme con su historia, se encontraba por esos días, muy deprimida. Temía mucho por su salud, por lo que pudiera pasar con su vida, por la decisión que ella tomaría. Veía la cara de zozobra de sus padres, la incertidumbre de sus amigos, veía como ella transitaba por los pasillos de su vida ahora vacía, como levitando, como un fantasma, ya la veía más blanca de lo normal, lánguida, escuálida, algo en ella había cambiado, ya no era la misma persona.

Aun así me arriesgué, ante todos los pronósticos. No por querer fastidiar (la vida ya fastidiada de mi amiga), sino porque además el tema me pareció llamativo, pintoresco, hasta me atrevería a decir, cargado con un poco de realismo mágico.

Antes que nada, debería ponerlos al corriente de la situación: ella es una muchacha normal, con nombres y con apellidos normales (con excepción de su segundo nombre, todos saben que los que empiezan con “del”, suelen ser bastante largos y las personas que los llevan, por lo general no están muy a gusto con ellos), padres normales, hermanos normales, amigos normales, en fin vivía una vida normal. Conoció a un fulano, también un tipo normal (en apariencia normal) y poco a poco fueron fraguando su relación. Hasta ahí todo es normal.

Lo llamativo del asunto, lo realmente paradójico, anecdótico, fue el momento en que los dos terminaban su relación: mientras él se marchaba, para nunca más volver, ella se quedaba en casa, con sus ojos llenos de lágrimas, tendida en la cama, en cuarentena. Con un dulce recuerdo, el variola virus (viruela), que él muy amablemente le había contagiado, antes de marcharse. Pienso que mi amiga tendrá razones suficientes para decir, que él dejó una huella imborrable, un recuerdo que nunca olvidará.

El ser humano, suele ser supersticioso por naturaleza, es una condición inherente en él, difícil de cambiar. Pero de esas supersticiones, de esos tabúes, se alimenta el ritmo cotidiano de la vida, las condiciones simples de la vida. Aun en pleno siglo XXI, las personas tienen la falsa idea de creer, que uno se enamora con el corazón, aunque científicamente ya se ha comprobado que es falso. Pienso que el desprendimiento de un modelo mental, para luego reinventarse en otro, es el equivalente a concebir la idea de que el universo infinito, aun se encuentra en expansión.

Aun así, la idea sigue dando vueltas, la gente sigue sufriendo por el desamor, corazones rotos (aunque ya dejé claro que no estoy de acuerdo con esto), suicidios, adicción, abortos, siguen a la orden del día. El amor no es más que un cliché, un estereotipo prefijado, la puerta de entrada al sufrimiento. Amor de telenovela.

Es hora, de que la idea de enamorarse con el corazón se haga a un lado, hay que salir a la calle, en un éxodo sin precedentes, congregarse en las diferentes plazas publicas, en las universidades, en los colegios, hay que mandar a Cupido al carajo, a los libretistas de telenovelas al carajo, a los reality shows al carajo, mandemos todo al carajo y grita fuerte que eres libre, porque tú ya no te enamoras con el corazón, porque tú descubriste la razón.

No más mujeres sufriendo, hombres envueltos en el alcohol (con excusa de las empresas licoreras), seres sufriendo la ignominia del desamor, no más derramamiento de lágrimas, no más canciones lastimeras. Que pare de una vez por todas, nos llegó la hora de ser libres. ¡Viva el amor inteligente!, ¡viva el amor con un poco de sentido común!, ¡abajo las telenovelas!, ¡la música para planchar!, ¡abajo todo lo que cause amores desgraciados!

En la actualidad mi amiga goza de buena salud, superó el trauma del desamor, la viruela también se quitó de su cuerpo. Su familia está más tranquila, volvió a frecuentar a sus amistades, reintegrarse de nuevo a la vida social. Volvió a salir de su casa, todo para darse cuenta de que el mundo, seguía igual.

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