Ayer viernes (4 de mayo de 2012) apareció en El Espectador una entrevista a la pareja conformada por dos mujeres gay que buscan que la Corte Constitucional reconozca la adopción consentida de una niña.
La Iglesia católica, como puede suponerse, está en desacuerdo con reconocer que las parejas homosexuales son una familia con los mismos derechos de una familia conformada por dos heterosexuales. No es la primera ni será la última vez que la Iglesia traspase la línea de la fe para buscar influenciar el ámbito de las leyes.
Si no fuera por el poder que detenta la Iglesia y la seriedad con la que buena parte de la población toma en cuenta sus peroratas, estas deberían hacer parte del material de la celebración de los 40 años de Sábados felices. En últimas, como dice Julieta Lemaitre, “la Iglesia refleja y constituye por cierto las creencias del continente, tan homofóbico y sexista como su religión principal.” A continuación, algunas de las perlas de los curas, incluyendo el caso de las dos mujeres de Medellín.
Dos mujeres, un monseñor y una niña
La situación de las dos mujeres entrevistadas por El Espectador es la siguiente: una de las mujeres (Ana) es la madre biológica de la niña y la otra (Verónica) es su pareja. El ICBF reconoce a la madre de la niña, pero no a su pareja. Frente a la Ley, la niña solo tiene una madre soltera. La pareja también tiene un niño, que, supongo, está en el mismo limbo jurídico. En palabras de Verónica: “Yo me muero y mis hijos no heredan. Ana se queda sin trabajo y yo no puedo cuidar a los niños con mi seguridad social. Por ser docente de la universidad pública más grande de este país, mis hijos tendrían derecho a ir a la universidad con descuentos especiales, pero resulta que no, porque para la ley no son mis hijos. Y yo les limpio el vómito por la noche y los cuido cuando Ana viaja. ¡Eso me tiene con rabia!”
La Iglesia, cómo no, no se ha quedado quieta. El monseñor Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá y Presidente de la Conferencia Episcopal, incluso se reunió “de manera informal” el 24 de abril con los presidentes de la Corte Constitucional, el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Superior de la Judicatura, justo en la semana que la Corte Constitucional debe decidir sobre el caso de la adopción consentida de la niña por el par de mujeres en Medellín. Salazar y los presidentes han dicho que la reunión estaba relacionada con un encuentro a celebrar el 25 de abril en la Sergio Arboleda.
GayTravel y pedofilia
Hace unos meses Aviatur abrió de manera oficial una oficina de turismo para parejas gay en Bogotá. Se llama GayTravel y queda en la carrera 7 con 49. Según la Organización Mundial del Turismo, las parejas del mismo sexo representan el 10% del flujo mundial de viajeros, así que no es raro que a alguien se le haya ocurrido la apertura de esta oficina: no tiene que ver con ninguna reivindicación de derechos o algo por el estilo, es simple y llana plata.
A Salazar le pareció “absurdo” porque “es promover un tipo de negocio que viene a buscar el turismo sexual, y es una de las grandes lacras de la sociedad en cualquier parte del mundo, porque empieza a utilizar niños, a promover la prostitución, a toda una serie de condiciones que favorecen el desorden sexual y eso no creo que sea conveniente en una sociedad que quiera ser respetable.”
Esta afirmación no deja de ser extraña, pues nada indica que el turismo de parejas homosexuales promueva el turismo sexual de manera más pronunciada que el restante 90% de turismo heterosexual. Si Salazar quiere acabar con el turismo sexual y la prostitución, es mejor que empiece a abogar por el cierre de la industria del turismo.
Mi profesor de Matemáticas y los paraderos de bus
Desde hace más de un año la Alcaldía de Bogotá lanzó la campaña “En Bogotá se puede ser lesbiana, gay, bisexual y transgenerista”. Yo solo me vine a dar cuenta hace unos meses, cuando el mensaje apareció en algunos paraderos de buses. Al respecto, Salazar dijo: “Todas estas personas de la comunidad LGTB tienen derecho a ser respetadas, eso es claro. Ninguna persona puede ser discriminada. Pero otra cosa es que las campañas son ambiguas, es una invitación camuflada de que eso es lo más interesante. Si a ti te ponen un letrero de que en Bogotá se puede ser gay, estamos diciendo: ‘mijo, pruebe para ver si ese es su camino’”.
Quisiera que el monseñor conociera la historia de un profesor de Matemáticas que tuve en el colegio. El profesor Millán era un profesor lúcido, amargado y sarcástico que creaba una atmósfera de tensión cuando daba clase. Yo no era el mejor estudiante y entendía más bien poco, así que sus clases me producían más ansiedad de la necesaria. El profesor Millán fue, quizás, una de las razones para que nunca me gustaran las Matemáticas.
Estaba casado con una profesora de Biología del colegio que nos causaba aún más miedo. De corte varonil, la profesora era igual de amargada y sarcástica que el pobre tipo. Los estudiantes la queríamos tan poco que incluso uno le escribió un relato que hizo parte de una antología de cuentos de estudiantes de Cali. Para nosotros era claro que la infelicidad del hombre tenía relación directa con el hecho de estar casado con la profesora.
Unos años después de haber salido del colegio, supe que el profesor se declaró gay y se separó de la profesora. ¿Radicaba su infelicidad en el hecho de no haber salido del closet? No sé, pero supongo que sí. Si yo fuera gay, estuviera casado con una mujer y no pudiera declarar mis inclinaciones sexuales sería muy infeliz… ¿Quién no? Aunque dudo que la campaña de la Alcaldía busque promover que la gente “pruebe” caminos, ojalá la gente lo asuma así, ojalá pruebe lo que le venga en gana: habrá más personas felices y, quizás, más matemáticos.
El Manual
El pasado 9 de febrero, El Espectador informaba que, como respuesta a los abusos sexuales cometidos por personal de la Iglesia católica, la Conferencia Episcopal Colombiana le entregaría a los obispos del país “una especie de manual guiándolos para obrar en estas situaciones y que no terminen siendo cómplices de los violadores.” En el artículo, Salazar decía que “Nosotros hemos tenido claro desde que se empezaron a destapar los abusos que no nos podemos hacer cómplices, sino hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que los casos sean denunciados…” En realidad, desde que se conocieron los primeros casos de abuso sexual (en Boston, en 2001), la Iglesia católica hizo todo lo que pudo para evitar que salieran a la luz pública. La “especie de manual” (palabras de El Espectador) es apenas una de las respuestas necesarias al problema, aunque hayan pasado más de 10 años desde que se hicieran públicos los primeros casos.
El 11 de febrero, El Tiempo le preguntaba a Salazar “por qué ‘la ley del silencio’ imperó tanto tiempo sobre estos casos (de abuso sexual)”. Salazar respondió que no creía que “haya habido ley del silencio, sino miedo al escándalo, a crear más daño en la sociedad. Hoy en día ha cambiado la mentalidad, las cosas son más abiertas, todo el mundo vive más en público. En una época donde había una sociedad cerrada, mojigata, el denunciar un caso de estos era un escándalo intolerable. Hoy en día no.”
No podría estar más de acuerdo con algunas de estas palabras. Somos (o deberíamos ser) una sociedad menos mojigata y cerrada. Pero los avances que hemos hecho no han sido especialmente gracias a la Iglesia, sino, más bien, a pesar de ella.
En una sociedad donde la población homosexual ha sido estigmatizada, me parece natural que a la población heterosexual nos produzca temor el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales a casarse o a adoptar hijos. Todo cambio que amplía nuestra concepción del mundo lo produce.
Pero que los curas, que en teoría no tienen relaciones sexuales ni deben lidiar con el día a día de una familia o un embarazo no deseado, anden pontificando sobre educación sexual, uso de preservativos, aborto y matrimonio entre personas del mismo sexo es inadecuado, por decir lo menos. Es como si uno tuviera un problema de plomería en la casa y llegara el pintor a dar su opinión sobre la mejor manera de resolverlo.
PD. El texto citado de Julieta Lemaitre se llama “Anti-clericales de nuevo: La Iglesia católica como un actor ilegítimo en materia de sexualidad y reproducción en América Latina”.
De curas y plomeros
Sáb, 05/05/2012 - 13:22
Ayer viernes (4 de mayo de 2012) apareció en El Espectador una entrevista a la
