¿Dónde nace la homofobia del senador Gerlein?

19 de junio del 2013

Me gané un par de problemas el día del lanzamiento de mi novela El Diablo es Dios, en la feria del libro. El más bravo fue el senador godo.

Me gané un par de problemas el día que editorial Planeta organizó el lanzamiento de mi novela El Diablo es Dios en la feria del libro. Un par de fanáticos cristianos, sin haberla leído, querían tumbar el pendón que la promocionaba; otros, un par de extremistas de derecha, cabecirrapadas, me regañaron (curiosamente de forma mucho menos violenta que los cristianos) por lo que dice el libro respecto de las mamás de Hitler, Mussolini y Bush, y un escritor de libros de autoayuda, vestido de blanco desde sus zapatos hasta su sonrisa enchapada, se le quejó a Planeta por haberlo puesto a firmar libros junto a tamaño degenerado. De todos, el que más bravo se puso fue el senador godo Roberto Gerlein. Y todo porque dije que para chillar como chilla en las plenarias tenía que ser bien maricón.

Lo último que me mandó a decir este viernes, con uno de sus empleados de la unidad de trabajo legislativo (que se me acercó en calidad de amable consejero) es que el senador, por ahora, me perdonaba el denuncio penal pero que no me metiera más con él porque era un tipo peligroso, que de alguna forma u otra me podía perjudicar. Y como estoy cagado del susto, me tomo este espacio para darle explicaciones a este añejo, honorable y digno patriarca conservador a quien todos los colombianos debemos venerar y respetar, pero que es más loca que un timbre flojo.

Me explico: el senador Gerlein tiene que ser marica, no porque yo lo diga, lo dicen la ciencia y la historia: el fundamento de la homofobia es la homosexualidad reprimida. Hace unos días, los científicos de la Universidad de Georgia llegaron a dicha conclusión al finalizar un estudio muy bien fundamentado cuyo laboratorio consistió en enlazarles los pipís con detectores a varios hombres que aseguraban ser heterosexuales, preguntarles su opinión sobre los gais y ponerlos a ver porno de ese que muestra el sexo entre peludos machotes. La conclusión fue que a todos se les alcanzó, un poco, a llenar la verga de sangre, pero que a los únicos que se les paró con firmeza fue a los católicos y cristianos radicales que aseguraron odiar a los homosexuales o repudiar de alguna forma las uniones gays.

Roberto Gerlein P

Era de esperarse, si tenemos en cuenta que todos los heterosexuales somos un poco gays. No se me vengan encima, eso también lo dice la ciencia. Todos nosotros desde que nos conciben tenemos de hombre y de mujer, y eso hace que hasta los más varones tengan algo de femenino. Es lo que nos hace humanos en el sentido pleno de la palabra.

Por otra parte, si hablamos de un crecimiento sano y “normal”, los niños aprenden a amar a su papá y las niñas a su mamá. Aunque lo siga negando la arcaica psiquiatría católica Emaus-Opusdeciana, este primer vínculo que se gesta en el infante, tiene algo de sexual y erótico, lo que pasa es que cuando los heterosexuales sanos, sin complejos ni represiones, llegan a su adolescencia, dan por superado el vinculo filial.

Durante la adolescencia, se produce el fenómeno de la sobrecarga hormonal, que además de gallos y barros, les llena a los jóvenes los calzoncillos de una arrechera incontrolable que los hace muchas veces, sin ser homosexuales, comerse y dejarse comer por lo que les pongan enfrente, sin importar si es macho o hembra. Esa página también la pasan la mayoría de los jóvenes como algo normal que hace parte de su crecimiento físico y espiritual.

Otros, los homofóbicos, no superan estas etapas y persiste en ellos la lujuria infantil que sintieron por sus papás y mamás en la etapa edípica, o siguen llenos de ansiedad por el recuerdo de aquel juego homosexual adolescente que los desvirgó, o incluso, su estructura genética desde el momento íntimo de su fecundación no les dejó nada de hombría en las venas. Es decir, los homofóbicos tienen miedo de volverse gais y por eso los atacan tanto. Por eso les da pavor que en sus hijos se llegue a manifestar esa homosexualidad con la que llevan guerreando la vida entera. Ellos caminan sobre el borde de la cornisa y por eso siempre están preocupados porque se pueden caer. A diferencia de los heterosexuales sin taras ni complejos, que pisan tierra un poco más firme y por eso no tienen que andar proclamando el desprecio por las parejas gais y el tipo de sexo que practican, y pueden tener cerca y querer a sus amigos gais, respetando su condición sexual sin alarmarse, como al que le gusta el pollo o la carne o el plato mixto.

La historia me da la razón, tal cual como lo explica uno de los personajes de mi novela, en la que se devela la verdad documentada sobre Bush y la burra de Connecticut que tiene tan ofendidos a los fachos extremistas: los homofóbicos más grandes de la historia han sido los maricas más enclosetados de todos. El que se atreva a negar la homosexualidad de Hitler, ese fürer con mostachito recoge-chorriones, que se lea enterita la obra de Lothar Machtan, El Secreto de Hitler y de paso el documento Mend, y también analice los informes del servicio secreto estadounidense que definió a Hitler como un “Oscuro, sadomasoquista y fetichista totalmente homosexual”. Esta perversa loca descuadernada, que fornicó con más de un soldadito cuando prestó servicio militar en Viena que, antes de entrar a la vida pública, hizo parte de un movimiento gay que promulgaba la homosexualidad como mecanismo para fortalecer la raza aria, a quien le hacía falta una güeva, y que terminó, ya de fürer, debido a los rumores que a gritos callados narraban su predilección por esas emociones fuertes que asustan el esfínter, promulgando la ley Insidia que mandaba al papayo a aquel que se atreviera a poner en duda la virilidad de semejante enano machote, que como Gerlein trataba a los homosexuales de enfermos, vociferando y manoteando desde su tribuna, este mismo, Adolfo Hitler, fue el que cocinó y tostó no solo a miles de judíos sino también a cuanto amanerado se le pusiera por delante sin importar lo alemán y ario que fuera.

Actualmente sí que pululan los casos: a George Alan Rekers, el escritor y activista antigay de los ochenta, lo pillaron contratando a un joven escort (acompañante) homosexual, por medio de un aviso donde el muchachito se ofrecía con un grueso y estruendoso pene de ocho pulgadas. A Eddie Long, el pastor de Georgia que fundó una iglesia para rehabilitar homosexuales, lo demandaron varios niñitos que probaron haber recibido regalos y viajes a cambio de que retozaran desnudos en aceite, mientras recitaban uno a uno los salmos que trae ese libro perverso del que tanto habla el senador colombiano objeto de estas palabras. Richard Curtis abierto homofóbico, que gerlenianamente, desde el congreso gringo, no hacía sino cascarles a los gais con sus discursos, terminó renunciando, no solo por gay sino por tacaño, cuando lo denunció un prostituto por no haberle pagado. A Troy King, fiscal del Estado de Alabama y empedernido católico, opositor furibundo del matrimonio gay, lo encontró su adorada esposa, tan ensartado como un pincho que tuvo que desenchufarlo de las mechas cuando lo penetraba su noviecito en plena habitación conyugal. El pastor Ted Haggard que pancarteaba en las calles el pecado comunal que caería sobre el Estado de Colorado, si se aprobaban las uniones entre personas del mismo sexo, reconoció ser un “heterosexual con problemas”, cuando lo boletió esa hermosa mujer que cuando se bajaba los calzoncitos de satín, le rebotaba de entre las piernas lo mismo que le cuelga a un brioso caballo alazán. También son abusivos, el joven republicano Glenn Murphy que recordaba melancólicamente en sus discursos esos valores gringos de antaño, tan tradicionales como la familia Ingalls, y que les recomendaba a los jóvenes estadounidenses una “sana y estricta postura de vida heterosexual” terminó encanado por unos días, por habérselo intentado mamar a un compañero de partido sin su consentimiento. A uno de los miembros de esas sectas políticas evangélicas gringas, “Californianos de Bush”, obviamente republicano y senador antigay unión, se le armó un escándalo mediático que lo involucraba sentimentalmente con un empleado de su oficina.

Matrimonio Gay

Me faltan muchos, solamente en Estados Unidos, y qué decir del resto del mundo, de Colombia por ejemplo ¿no hay algo de parecido con nuestra realidad? ¿Quién se acuerda de los debates en el Congreso?, ya van a ver como empieza a pujar nuestra extrema derecha cuando empiecen los jueces civiles a hacer lo que les ordena la Constitución: casar en sagrado vínculo matrimonial a Ezequiel con Jesús y a María con Ester, que para no ser discriminatorio tiene que llamarse así, como lo que es, y no contrato civil de no sé qué putas.

Ahora, alguien lo duda: maricones irredimibles no solo Gerlein y el procurador facho y negacionista, también el presidente de poncho, caballista y paraco, y todos los que les rezan al lado. Putos de esquina virtual los blogueros y tuiteros cristianos, católicos y apostólicos Emausianos tan locas como Mickey Mouse, y los sadomasoquistas Opusdecianos a quienes les fascina que los fustiguen mientras les dan por el culo. Puercas venéreas esos curas malparidos hijos de su puta madre que predican desde el púlpito su odio gay, y debajo de sus sotanas tienen a sus sacristanes enjuagándoles la pirinola. Pero eso sí, los invertidos y mariposos latentes más enfermos son todos esos abusivos irrespetuosos que se sienten con derecho de programarle la sexualidad a sus hijos, y que según dicen, por ellos es que se van de protesta a la Plaza de Bolívar y arman combos segregacionistas en Internet. ¿Qué resultado daría si es a ellos a quienes les amarran el miembro, como lo hicieron en la Universidad de Georgia? Muy seguramente romperían el pantalón de la excitación apenas vean al par de mancitos acariciándose en la pantalla. Mentiras, mierda, basura, a ellos no les importa el bienestar de sus hijos, si les importara muy seguramente lucharían por una sociedad más tolerante, lo que pasa es que si su hijo se da un beso con un hombre sienten que es a ellos mismos a quienes les están mojando la boca, porque ellos sí son enfermos, ellos son las putas locas, a diferencia de los gais, travestis y bisexuales que aceptan su condición y que de enfermos mentales nada tienen.

Todo esto hace que tenga todo el derecho legal y constitucional de imaginarme al senador Roberto Gerlein Echevarría, a la orilla del río de una de sus fincas en Luruaco, románticamente postrado, como un perrito compungido, tal cual como lo hacen los árabes cuando rezan, mordiendo el pasto mientras un inmenso morenazo, monumental por donde se le mire, lo crucifica excrementalmente con su grueso cáliz de carne venosa, dejando al viejo hijueputa como un pollo asado, dorándose con el sol matutino que le calienta la piel a fuego lento.

Respecto de la descendencia de los fachos en la novela, tampoco me voy a retractar, todo está históricamente documentado en ella, no tengo por qué explicar una realidad tan transparente y diamantina como el agua pura: Hitler era hijo de una cabra austriaca, Mussolini de una cerda italiana y Bush, George W. Bush, fue concebido por una burra que lo parió por el culo, a la que violaron siete negros bien vergones en Connecticut.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO