De la colombianidad a la “colombianada”

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De la colombianidad a la “colombianada”

17 de Mayo del 2017

En los mas de 200 años de vida republicana de Colombia, son muchas y variopintas las expresiones que pueden considerarse como representativas del Colombiano puro, esas que nos identifican y que simbólicamente nos ponen un sello como colombianos.

Las maneras en las que se expresa nuestra condición como nacidos en la tierra de la mazamorra y los acentos, es tan variada como colombiano hay, sin embargo, la historia ha intentado, sin mucho exito, establecer esos elementos que nos caracterizan, la simbología propia del colombiano.

Uno de los mayores retos de esta tarea, al parecer es romper con los regionalismo, como crear identidad nacional, cuando cada región tiene lo suyo, el país no se ve igual ni se siente igual desde “la capital” que desde “la provincia”, incluso desde aquellas regiones en las que no están muy seguros de pertenecer al resto del país, regiones que solo ellos conocen y que solo son visitadas en épocas de elecciones.

Con el tiempo, se ha venido transformando aquello que debería enorgullecernos, hacernos sentir parte de un colectivo mayor, en algo que nos causa risa, vergüenza y hasta burla de los colombianos, sin entrar en conciencia de que somos nosotros mismos. Hemos pasado de la colombianidad a las colombianada.

Desde las tradiciones incomprensibles como los “calzones amarillos” en navidad hasta los paseos de olla que terminan siempre en disputas.

Las mayores y mas comunes colombianadas, están distribuidas entre las que muestran la poca o nula creatividad del colombiano, siempre es que es mas fácil copiar una idea que ya esté creada que pensarse en una idea novedosa o utilizar el nombre comercial de algo probado que proponer algo nuevo.

Por otra parte están aquellas que muestran como en Colombia, la ortografia y la norma lingüística no aplica para decir lo que se quiere, lo importante es que se entienda, así nuestro español salga sacrificado.

En otra categoría especial encontramos, aquello que hemos mal llamado “malicia indígena”, aquella que nos enseña que las oportunidades son para los “vivos”, entendido como la capacidad para sacarle el quite a la norma, “ser vivo” implica no dejársela montar, buscarle siempre la trampa a la regla, hasta el punto de premiar la trampa y sancionar la honestidad por ser sinónimo de tonto, cuando debería ser lo común, son noticia los pocos actos de honestidad.

Otra de las características es la capacidad que tenemos para encontrarle siempre lo negativo a alguien, sobre todo si ese alguien esta triunfando en algo, siempre encontraremos en todas partes a un colombiano hablando mal de otro colombiano. No son pocas las criticas a muchos de nuestros artistas insignia, con diferentes argumentos, desde poner en duda sus capacidades artísticas hasta la suspicacia los méritos para llegar hasta el lugar en el que esta.

Pero hay una colombianada peor, y es aquella de darle mayor crédito a lo burdo, a lo ordinario y poco crédito a los valores o a aquello que exalta lo mejor del ser humano. Mientras muchos colombianos hacen su mayor esfuerzo por sobresalir y destacar en el escenario mundial en diferentes contextos, son mas conocidos los escándalos, las vergüenzas, las “Epa Colombia” y los maluma con sus cuatro babys.

Pero todo esto ¿a que se debe?, la respuesta es fácil, los valores han sido desplazado por los antivalores, esos que abundan y se vuelven mas visibles, sería poco justo decir que el merito ha sido exclusivamente de la sociedad, los medios de comunicación tienen un rol fundamental en la multiplicación de estos ejemplos nefastos.

Es deber ciudadano el regresar a los valores, lo positivo, lo que nos exalta nuestra condición humana mas sublime.

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