De la legalización y la guerra contra el narcotráfico

12 de octubre del 2011

Aunque estemos aún lejos de un compromiso real en el mundo frente al reconocimiento de una derrota tan grande, es hora de empezar a hablar de legalización de las drogas. Y aunque ciertos sectores no estén listos para dar el brazo a torcer, tienen que ser países como México o Colombia los que deben empezar […]

Aunque estemos aún lejos de un compromiso real en el mundo frente al reconocimiento de una derrota tan grande, es hora de empezar a hablar de legalización de las drogas. Y aunque ciertos sectores no estén listos para dar el brazo a torcer, tienen que ser países como México o Colombia los que deben empezar a presionar para encontrar una solución.

¿Y por qué precisamente ahora debe empezar a hablarse de un tema que genera tanta polémica e incomodidad? Para empezar, la creciente violencia en México y Centroamérica es el primer campanazo de alerta. Desde 2006, la guerra contra el narcotráfico en México deja 41 mil personas muertas, cifra que escandaliza a cualquiera. Pero no es solo el número de personas que han muerto a causa del conflicto lo que revela un serio problema, es el tipo de personas que están siendo amenazadas y muriendo en una guerra que ya afecta a todos los sectores de la población.

La semana pasada, los profesores de las instituciones educativas en Acapulco decidieron reanudar las clases luego de un mes de protestas por la falta de seguridad en el estado de Guerrero. Los grupos armados les exigían que entregaran el 50% de su salario o pagarían las consecuencias. Durante una visita España, el presidente del diario El Universal (uno de los más importantes del país azteca) se lamentó que su país sea uno de más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo y aseguró que, en algunas zonas, la situación es más crítica que la de países en guerra. Según Reporteros Sin Fronteras, en 2010, 80 periodistas mexicanos perdieron la vida de manera violenta ejerciendo su labor.

Y aunque el mundo se escandaliza, habla, y critica, los únicos que lloran a sus muertos son los mexicanos, víctimas de una demanda desmesurada de drogas que producimos los colombianos, bolivianos y peruanos y terminan por transportar mexicanos, hondureños y salvadoreños. Aquí las víctimas de la guerra las ponemos nosotros y los países consumidores solo nos giran un cheque anual para quitarse el problema de encima.

Estados Unidos no tiene que enfrentarse al flagelo de una narco guerrilla que secuestra, asesina y tortura a sus ciudadanos, gracias y por el dinero de la droga. Francia no sufre por ver a jóvenes blogueros decapitados y colgados de un puente por intentar denunciar la corrupción y la violencia que afecta su ciudad. Alemania no se preocupa por ver a una generación crecer, sin padres, hermanos o abuelos, víctimas de una guerra contra el narco que, finalmente nunca llegaron a entender.

Es hora de empezar a hablar de la legalización de las drogas. Es hora de que el mundo entienda que ni Colombia, ni México, ni ningún otro país parte de esta infame cadena de guerra y destrucción está dispuesto a perder más vidas por la doble moral que dicta la condena al narcotráfico sin tener que asumir las consecuencias. Es hora de hablar de control de calidad y campañas de prevención en vez de aviones fantasma o fusiles Galil. Ésta es una guerra sin ganadores o perdedores, donde un diálogo sincero e igualitario entre productores y consumidores puede traer mayores beneficios para ambos de los que, luego de casi 50 años de conflicto, hemos podido ver.

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