De la negligencia del estudiante a la negligencia de la academia

5 de noviembre del 2013

La negligencia desborda al estudiante, al vago, al maestro, a todo el mundo, pero lo más absurdo de todo es que ¡Desborde a la academia!

Es bien sabido que un estudiante universitario para poder obtener su título de pregrado, tiene que hacer una tesis o monografía y la cosa no es tan fácil, es casi un padecimiento al que muchos se ven enfrentados, no porque no tengan claro qué tema trabajarán en su tesis (pues sería una absoluta irresponsabilidad de su parte no tenerlo claro) sino, más bien, por lo martirizante que puede resultar conseguir un asesor de tesis, una persona que lo guíe en su proceso de escritura, interpretación y desarrollo de la misma.
Pueden pasar varias semanas hasta lograr encontrar dicha persona, pero, lo más fatídico es lo que está por venir: se juntan, hablan, estipulan tiempos, cronograma, citas y todo lo que compete al normal desarrollo de su tesis. Luego, no es un absurdo afirmarlo, el estudiante se relaja un poco, pero no tanto como para no ser capaz de responder a su asesor, aunque lo peor de todo es cuando el asesor parece un mal estudiante, cuando le da lo mismo que usted le esté mandando un informe mensual o quincenal y éste ni se inmute a responder con un “recibido” y que así pasen varios meses y usted sin saber si va bien o es solo un discurrir de palabras vacías.
Llega el límite de tiempo estipulado por la facultad, Instituto o Escuela y usted como estudiante no ha recibido señal alguna sobre su tesis por parte del asesor, hasta que ¡oh maravilla! por fin responde su asesor, con unos comentarios fura de lugar o poco atinados que le revuelcan todo se trabajo y su tiempo y, lo más lamentable de todo, es que éste -su queridísimo asesor- se tome el atrevimiento de darle un ultimatum y acosarlo para que realice las correcciones pertinentes antes de que termine el calendario. ¡El colmo del descaro! Ya no hay tiempo para realizarlo y, por culpa de un agente externo que se está lucrando a su nombre, usted ya no se podrá graduar cuando pretendía y, en el peor de los casos, usted pierde el cupo en la universidad y le toca pedir reingreso y padecer todo lo anterior nuevamente.
Entonces la negligencia desborda al estudiante, desborda al vago, desborda al maestro, desborda a todo el mundo, pero lo más absurdo de todo es que ¡Desborde a la academia! La sagrada academia, que queda mal por la incompetencia de algunos de sus elementos, de esos que no les importa dañarle la vida a sus estudiantes ni quemar su reputación, porque está claro que academia que se respete es también una “cocina de chismes”.

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