De la viuda victoriosa

17 de agosto del 2011

No solo el cómodo triunfo de Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, señalaba un panorama sombrío para la actual presidente argentina Cristina Fernández y su presentación en las elecciones primarias del domingo pasado; las elecciones en la provincia de Santa Fé le dieron el triunfo al socialista Antonio Bonifatti y dejaron en tercer lugar de […]

No solo el cómodo triunfo de Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, señalaba un panorama sombrío para la actual presidente argentina Cristina Fernández y su presentación en las elecciones primarias del domingo pasado; las elecciones en la provincia de Santa Fé le dieron el triunfo al socialista Antonio Bonifatti y dejaron en tercer lugar de votación al kirchnerista Agustín Rossi, debilitando la confianza del oficialismo; y en Córdoba, la frase del candidato peronista Manuel de la Sota parecía reflejar la posición de todo un país: “Gane quien gane, van a perder ellos (el kirchnerismo)” .

Pero la votación de más del 50% de la población, durante una jornada de elecciones que, aunque obligatoria, logró convocar al 77% del censo demuestra otra cosa. Cristina Fernández de Kirchner está más fuerte que nunca en esta contienda electoral que termina el 27 de Octubre y, como ya ha ocurrido en otros países del continente, fueron métodos improvisados de campaña los que le dieron la aplastante victoria.

Primero, Fernández de Kirchner tiene de su lado uno de los momentos más prósperos por los que ha pasado Argentina. Según datos de Naciones Unidas, el crecimiento económico del país está proyectado para un 8%, frente a un 4,7% proyectado para América Latina y el Caribe. Las exportaciones de materias primas como la soya se incrementan a un ritmo envidiable y le permiten al gobierno hacer uso de los dividendos que dejan los fuertes aranceles a los que está sujeta. El desempleo en el país, según cifras oficiales, aparece en el 7,3%, marcando un récord histórico.

Segundo, la oposición decidió tomar el camino difícil y postuló una gran cantidad de candidatos diferentes, en vez de consensuar y hacer un frente unido contra el kirchnerismo. Por supuesto, el segundo y tercer lugar en las votaciones corresponden a dos preparados y relevantes candidatos (Ricardo Alfonsín, hijo del ex presidente Raúl Alfonsín y jefe del partido Unión Cívica Radical; Eduardo Duhalde, ex presidente de la nación y peronista disidente), pero su preparación juega ahora en su contra pues ninguno tiene los motivos suficientes para abandonar la carrera a la presidencia y aliarse con algún contendor.

Tercero, la imagen del fallecido Néstor Kirchner a la cual su viuda se ha apegado y ha convertido en su punta de lanza, incluso afirmando que su victoria no da cuenta de sus cuatro años de gobierno sino de los 8 que suman los suyos y los de su marido.

Todo esto, sumado a la tranquilidad que siente la nación en el momento juega a favor de la presidenta para las elecciones de octubre 27, y le da, en cierta medida, un cheque en blanco de capital político con el que podrá manejar al país sin mayor dificultad. Sin embargo, lo que realmente definirá a Fernández de Kirchner en la historia de Argentina será lo que tiene pensado hacer con ese capital político, tanto manteniendo ese crecimiento económico sin convertirlo en una burbuja que pueda desatar una nueva crisis como la de 2001, como evitando caer en el egocentrismo de líderes latinoamericanos como Húgo Chávez, quien busca su tercera reelección en 2012.

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