De los senos de Tejeiro y otros males

18 de febrero del 2015

Y es que no son los senos en realidad. A quien le importa si le quedaron bien o no, si los exhibe en Instagram o se los reserva para el espejo. A quien podría interesarle si se broncean al mismo tono de su abdomen o si quizás le hubiesen quedado mejor una talla menos. Bueno, […]

Y es que no son los senos en realidad. A quien le importa si le quedaron bien o no, si los exhibe en Instagram o se los reserva para el espejo. A quien podría interesarle si se broncean al mismo tono de su abdomen o si quizás le hubiesen quedado mejor una talla menos. Bueno, parece que a toda Colombia.

Hoy escribo con algo de desánimo, sintiéndome fracasado e inútil, sin valor y sin futuro. La verdad es que no alcanzo a concebir como mientras en Europa se paralizaron las calles, ante la marcha encabezada por los líderes políticos más importantes del mundo, en donde se reunieron miles de indignados en contra de los crímenes contra Charlie Hebdo,  aquí en Colombia la masacre de 4 niños, el asesinato de 2 indígenas, la contundente apuñalada del joven en el puente peatonal, la mujer encontrada en el caño, y la niña de 7 años violada no nos llamen la atención.

Ha sido un febrero muy oscuro, lleno de terribles hechos que dejan en evidencia no solo la aterradora inseguridad de la grandiosa Bogotá Humana en la que James fue contratado por el Real, y Paulina coronada como la mujer más bella del mundo, sino también la aberrante y macabra mancha de terror que ha cubierto cada centímetro de tierra de las regiones.

Aquí no necesitamos de extremistas fanáticos que quemen pilotos en jaulas, tal parece que con nuestros propios vecinos tenemos suficiente, además contamos con los senos de Lina Tejeiro. Pero en realidad no es culpa de los medios, como muchos alardean. ¡No! Los medios nos ofrecen lo que los ciudadanos les exigimos, lo que queremos ver y escuchar, lo que ocupa nuestros clics y nuestro tiempo ante las pantallas, y eso queridos compatriotas no son precisamente los males que nos azotan, ni las reflexiones sobre nuestra miseria. Por el contrario, es  más importante la rumba de Cristiano Ronaldo, y enterarnos de que hacer para espiar los chats de nuestra pareja en Whatsapp.

Suelo recordar a Jaime Garzón muy a menudo cuando empiezo a padecer esta serie de sentimientos que solo me provocan decepción. Evoco sus frases, y veo sus conferencias una y otra vez. De repente vuelve a mí alguna especie de esperanza que dura tan solo el tiempo en el que me percato que a él también le arrebataron los sueños con la más inconmensurable cobardía.

Al fin y al cabo, eso es lo que somos colombianos. Cobardes, porque no nos atrevemos a reconocer nuestra tenebrosa realidad, y nos olvidamos de ella con el propósito de disimularla. Porque no queremos arriesgarnos a creer en todo lo que ocurre afuera, hasta que el drama toca a nuestra propia puerta. Cobardes porque no salimos a marchar hasta que políticos pagados nos animan a hacerlo falsamente, cobardes porque no le exigimos a la justicia, cobardes porque sabemos que este país es de los que tienen con que mover influencias, y no hacemos nada para que las cosas cambien. Cobardes porque no le decimos no a la muerte y a la violencia, cobardes porque no estancamos el tráfico para que paren las balas. Cobardes, somos unos cobardes.

Pero… tranquilos, Las 50 sombras de Grey está en cartelera, y en marzo ya los niños, nunca habrán existido.

Por último les dejo un imborrable recuerdo: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselo”. Jaime Garzón.

#IndígnateLocombia

@Santiagoangel66

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