Por qué odio la navidad: Crónicas de un Grinch

Por qué odio la navidad: Crónicas de un Grinch

18 de diciembre del 2017

Todos estamos de acuerdo amantes de la navidad o no, de que Diciembre es sin duda la época del año más agobiante. Mucho más en Colombia, donde todos los afanes del año se juntan en un solo mes. Principalmente porque eso somos los colombianos, ciudadanos del mundo acostumbrados por años, a dejar todo para el final.

Durante este mes, quienes no somos muy amantes de estas festividades, sufrimos lo indecible con el famoso “espíritu navideño”, que no resulta nada menos que la amalgama de espíritu festivo, junto con el deseo de tomar bebidas propias de la época y un excesivo positivismo basado en la teoría nunca comprobada de que “vendrán mejores tiempos”.

A mí en particular, me exasperan las tradiciones navideñas colombianas. Esas que se han alimentado por años y que la gente sigue sin chistar, supongo que para no desentonar con el espíritu navideño.

Tradiciones como los villancicos de siempre, con letras incomprensibles y algunas hasta depresivas, como aquella que reza “¿Mamá, donde están los juguetes?, mamá el niño Dios no vino (…)”, pero esta lastimera tonada no para ahí. Encima la respuesta de la mamá es mucho más triste aun; “será que hiciste algo malo, el niñito lo supo, por eso no los trajo”.

Pero los villancicos son medianamente tolerables, mucho más de lo que resultan todos esos efímeros grupos que como el árbol de navidad, pululan solo en Diciembre cantando en diferentes versiones las mismas canciones de hace cincuenta años. La absoluta falta de creatividad musical, solo puede ser comparada con la cacofonía de escuchar los mismos párrafos sin sentido con sonidos repetidos incesantemente.

Otra de las extrañas tradiciones navideñas colombianas es la relacionada con la comida. Todas esas delicias y manjares que aparecen y desaparecen en esta época en particular, con la exigencia social de compartirlas en familia y con la falsa idea de pensar que aunque pueden y son disfrutadas en cualquier época del año, solo son mejores si se comen para esta época. Por eso abundan los tamales, los buñuelos, los jamones y otros platos tradicionales, dependiendo de cada región; la lechona, las sopas y los infaltables postres de toda clase.

Los Colombianos en general tenemos muchas costumbres extrañas, pero ninguna como la que mencionaba al principio, la de dejar al final todo. Diciembre no es la excepción, en la medida en que los días del mes avanzan, mucho más la presión de dejar las compras decembrinas para el final.

Es por esto que es común ver filas interminables de personas comprando ropa y juguetes el 24 de diciembre, con la esperanza de llegar a la noche de navidad con los regalos prometidos, tal y como sucedía en la hollywoodense película navideña, que valga sea decirlo, es otra de las razones por las que esta época se convierte en una época llena de extrañas y exasperantes tradiciones.

Es desesperante ver cómo los canales de televisión local, tanto los privados como la televisión pública, se llenan de las típicas películas y producciones de siempre, rebosadas de papa noels, duendes fabricantes de juguetes, renos, árboles y villancicos, temáticas relacionadas con la supuesta “magia de la navidad”, la cual siempre termina con la aparición del personaje gordo, barbado y vestido de rojo.

De cualquier manera, amante o no de esta festiva temporada es innegable que esta época del año invita a unirnos más. A encontrar lo bueno de los demás, a abrazarnos alrededor de las tradiciones, sean nuestras o importadas.

Pero sobre todo, es la época en la que lo mejor de nosotros se junta con lo mejor de los demás y se fortalece la esperanza de que mejores cosas vendrán, no importa si al finalizar el año e iniciar el nuevo, todo empieza de nuevo y volvemos a ser los mismos de siempre.

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