De trámites malolientes y la Liberta Militar

28 de agosto del 2011

No nos digamos mentiras, señores. Quienes no hayan pagado por debajo de cuerda unos cuantos pesitos para evitar que otros venidos a más se desquiten por lo que tuvieron que vivir cuando pasaron por la misma situación, no han sido colombianos de pura cepa o de niños no tuvieron más amigos que sus soldaditos de […]

No nos digamos mentiras, señores. Quienes no hayan pagado por debajo de cuerda unos cuantos pesitos para evitar que otros venidos a más se desquiten por lo que tuvieron que vivir cuando pasaron por la misma situación, no han sido colombianos de pura cepa o de niños no tuvieron más amigos que sus soldaditos de plomo.

En dos millones de pesos, aproximadamente, recuerdo que le salió el chistecito a mi papá, cuando mi hermano tuvo que someterse a dicho martirio conocido en el bajo mundo como “La Liberta Militar”.

Lo feo del asunto es que aún le falta la bromita de mi parte y la comunicación expresa de mi decisión de no volver por ahora a esos lares. Ya he perdido 8 veces la visita a tal establecimiento, y si la gente cree que en estas edades no se tiene nada qué hacer, pues se equivocan.

Unido a otros ultrajes en mis visitas, que incluyen gritos, filas interminables, regaños por pequeñeces, los encargados del archivo siempre han extraviado los documentos que yo, como ciudadano de este país, he presentado para hacerme parte de la Patria. Ahora, sólo sonrío, diciendo  en mi mente algunas cosas que por respeto a ustedes y aquellos militares que hacen bien su trabajo, prefiero guardarme en mis adentros.

Lo sí me logra sacar una risa difuminada durante  mis aventuras por las oficinas militares, y perdónenme si estoy fuera de mis casillas, es que aquellos que atienden en las casillas de la oficina militar creen que todos los hombres de este país tenemos la necesidad de mostrar nuestra hombría haciendo quedar en ridículo a todo el mundo (o sea, siguiendo su ejemplo) o dejándonos entrenar para ir a matar a la gente. No, se equivocan.

Señores, con todo respeto, y me podrán decir antipatriota o como se les ocurra, pero yo no le jalo a esos tires y manejes que han puesto a Colombia en esta posición: en una violencia cíclica, desastrosa y desagradable.

Yo, por mi parte, no creo en las balas para la solución de los conflictos, y eso va para las dos partes que se enfrentan en nuestro país. Y ni mucho menos voy con aquellos militares que reciben dineros por lo que debieran hacer, que si no estoy mal, se debiera denominar Cohecho Propio y ser penalizado por su labor de funcionarios del Estado.

Ojalá algún juez de esta República reconozca este escrito como una objeción de consciencia, que más que esa figura es sólo una exposición de lo que he tenido que vivir durante mi juventud.

Lamentablemente ni tengo contactos en el Ejército, ni quiero tenerlos, así que tendré que volver… algún día…  y como muchos más dejarme gritar, hacerme el desentendido cuando me digan que botaron mis certificados y ver al Presidente Santos sonreírme, como burlándose de mí, colgado en un cuadrito al lado de los altos mandos, quienes seguramente también tuvieron que pasar algún dinerillo por debajo para pagar sus papelitos verdes.

También estoy en Twitter… Allá estoy más calmado que por estos espacios (risas): @AlejoRinconM

Saludos.

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