Del anonimato al desprestigio

2 de julio del 2012

         Las mínimas reglas de cortesía indican que cuando una persona llega por primera vez a un sitio saluda y se presenta. Como soy nueva en este vecindario, quisiera presentarme, el problema es que no sé  qué decir. No soy ni abogada ni médica ni ingeniera ni economista ni periodista ni tengo […]

       Las mínimas reglas de cortesía indican que cuando una persona llega por primera vez a un sitio saluda y se presenta. Como soy nueva en este vecindario, quisiera presentarme, el problema es que no sé  qué decir. No soy ni abogada ni médica ni ingeniera ni economista ni periodista ni tengo alguna de esas profesiones que dan prestigio, estatus o dinero. No soy tampoco escritora, que aunque no da plata da autoridad y fama. No he publicado ni ensayos ni artículos de investigación ni columnas de opinión ni tesis de grado. No he recibido premios ni medallas ni me han hecho reconocimientos o menciones. No me he ganado nunca nada en la vida, ni siquiera uno de esos pollos rosados que dan en las fiesta infantiles. Así las cosas, dejémoslo en que me llamo Martha, mucho gusto.

     Desde hacía algún tiempo había querido tener un blog en un medio importante como este. Aunque ya tengo uno,  pero como ese no lo lee sino mi mamá, por eso soñaba con el día en el que yo viera un tuit de Kien&Ke que dijera “Blog de Martha Botero”, y que circulara por las redes sociales, más que nada para ingresarlo a la vanidoteca. Lo conseguí y acá estoy. Yo pensaba que ese era el fin, pero qué va era sólo el principio. Tan pronto me dijeron que ya  tenía mi blog, entré en pánico. Y ahora de qué voy a escribir. Allá escriben personas inteligentes, cultas, instruidas; acerca de temas de actualidad nacional, internacional, política, medio ambiente.  Pero yo que me inscribí en el club de fans de Enrique Peña Nieto pensando que era un actor de Televisa, qué carajos voy a hacer.

       Debido a mi angustia, realicé un sondeo entre mis amigos y amigas para preguntarles sobre qué temas era conveniente escribir en mi nuevo blog. No me mencionaron los temas sobre los cuales debía escribir, todos me enumeraron sobre los que no debía. Los resultados fueron estos:

— Julián: No se le ocurra escribir de sexo, la gran mayoría de mujeres blogueras escriben sobre vaginas inconformes y penes saltarines, o de lo malos  polvos que somos los hombres.

— Helena: Ni de política, porque usted de eso no sabe nada, y es capaz de enloquecernos, otra vez, con una campaña de Mockus Presidente.

— Pacho (mi mejor amigo y consejero): Y ni se le ocurra escribir de religión, que ese tema siempre trae problemas, y conociéndola como la conozco, lo más probable es que el Procurador Ordoñez le cierre ese blog después de todo el esfuerzo que hizo  para conseguirlo.

 “Tenga mucho cuidado con lo que va a escribir, porque puede pasar del anonimato al desprestigio”, dijeron todos unánimemente.

        ¡Mierda! no había pensado en eso. ¡Desprestigio! Pero qué va, en este país casi todo el mundo está desprestigiado: El Congreso, el Presidente Santos, el ex presidente Uribe, hasta Shakira porque no se sabe el himno. La lista de desprestigiados, con justa o sin justa razón, es extensa. Si entro al cuadro de la infamia, sería en medio de todo un gran honor para mí, estaría al mismo nivel de los Honorables Congresistas y del Presidente Santos, que tiene la popularidad o el desprestigio, ya no sabe uno ni cómo decirle a eso, en el 50%. Tranquilo presidente que seguro a mí me va peor.

        Dejé a un lado la angustia del desprestigio al darme cuenta de que todos en este país  están desprestigiados, pero eso no me solucionaba el problema de qué voy a escribir en este blog. No soy ni inteligente ni avispada ni rápida para pensar. No soy experta ni en política ni en economía ni en ciencia y tecnología ni en medio ambiente ni en finanzas internacionales. No soy ni alta ni mona ni de ojos azules ni sexi ni buenona, como para que haciendo caso omiso a las sugerencias de los amigos y a espaldas del Procurador,  convirtiera este blog en una página caliente, que no da honor ni prestigio, pero sí plata.

        No le puedo prometer que leyendo este blog usted se instruya,  se culturice o se informe, tampoco se va a enterar de la cotización del dólar, ese dato lo puede averiguar en el twitter del  ex presidente Uribe. No va a saber qué pasa en ninguna alcaldía,  ministerio, gobernación o departamento administrativo, pero lo que sí le puedo asegurar es que se va a reír y a distraer. Despreocúpese, no tiene que poner cara de inteligente, competente, capaz de asumir retos, tomar decisiones, trabajar en equipo y bajo presión, cumplir metas, ser buen esposo o esposa, padre o madre, hijo o hija. Acá no tiene que aparentarle a nadie ni asumir roles. Quítese la corbata o los tacones, o ambos; siéntese cómodamente, sírvase un trago, encienda el computador  y desconéctese.

     Relájese y disfrute de los diez minutos que le tomará leer mis tratados filosóficos y estudios sociológicos acerca de la idiosincrasia del populacho. Si no quiere correr el riesgo de desprestigiarse, eso déjennoslo a  los políticos y a mí, no diga que estaba leyendo mi blog. Pero si le gustó y quiere hacer una obra de caridad, recomiéndeme con un amigo, a uno al que le tenga confianza y al que no necesite aparentarle buen juicio; o con su mamá, que ellas todo lo perdonan. Y por acá los espero la próxima semana.

 Adenda: Si desea, puede entrar a mi blog y hacerle compañía a mi mamá.

http://elblogdegato.blogspot.com

@marthabotero

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