Diario de un Enyesado

27 de julio del 2011

Este es el relato de mi primer día con el yeso en mi brazo derecho sin la compañía de mi señora esposa. 5 am. Llevo sólo 12 horas con este yeso y ya no lo soporto, tengo las más firmes intenciones de quitármelo pero sé que estaría cometiendo un grave error. Me levanto al baño […]

Este es el relato de mi primer día con el yeso en mi brazo derecho sin la compañía de mi señora esposa.

5 am. Llevo sólo 12 horas con este yeso y ya no lo soporto, tengo las más firmes intenciones de quitármelo pero sé que estaría cometiendo un grave error.

Me levanto al baño a hacer la número uno y aunque no es tan fácil manejar semejante aparato con la mano siniestra (zurda para los poco letrados) pude salir airoso de mi primera tarea con esta pequeña discapacidad, es cierto que tuve poca puntería pero ¿a quién engaño?, con la derecha tampoco es que atine mucho. Para la número dos pensé que iba a resultar más fácil ya que estaba sentado, con mis manos libres hojeando una revista y lo que tenía que evacuar salió rápidamente, pero cuando me dispuse a la operación limpieza volví a acordarme del puto yeso así que me figuró con la zurda dicha labor. Para resumir este capítulo de la manera menos grotesca diré que me sentí como todo un “culicagado” y no precisamente por tener 11 años así que de inmediato ameritaba un buen baño para culminar la labor de aseo e higiene.

Tome una bolsa plástica de Carrefour y me la envolví como pude en mi brazo derecho, luego me pase una cinta de las gruesas para sujetar y sellar el extremo de la bolsa con el fin de que no se filtrara el agua. Ya con mi disfraz puesto y con solo una mano habilitada (la izquierda) entré al baño, abrí la llave y con mi brazo derecho extendido en lo alto pasé el jabón por casi todo mi cuerpo, y digo casi porque no pude enjabonarme el brazo izquierdo por obvias razones, así que si alguno de mis lectores se encuentra conmigo le sugiero que se haga a mi derecha porque mi axila izquierda esta herida y con el paso de los días creo que pasará mejor vida.

La afeitada fue cosa de locos, me corte más de tres veces y sangré tanto que tuve que ir a la clínica a que me pusieran una pinta de sangre. Para vestirme elegí la ropa más fácil de ponerme: jeans, camiseta y zapatos sin cordón, es decir lo que uso todos los días de Dios. Para desayunar opté por algo sencillo, sándwich de jamón con queso, un vaso de yogurt y una manzana, todo servido en desechables para no tener que lavar nada después.

La cepillada de dientes también fue toda una odisea, terminé con todas las encías inflamadas y mis dientes mal enjuagados. Benditos sean el Listerine y los chicles si logran disimular mi mal aliento.

Al salir de mi apto me topé con una vecina que esta mas buena que el pan de cada día, nunca me había dirigido la palabra pero al ver mi brazo me dijo: “ayyy pobrecito ¿qué te pasó?” en ese momento me di cuenta que todo mi sufrimiento podía tener un sentido y mi respuesta más rápida fue la versión deportista de mi accidente: “estaba jugando la final de un torneo de tenis y por llegarle a una bola imposible me lancé dos metros cual arquero de futbol y al caer me fracturé la muñeca”. No sé si la dejé impresionada o diría “mucho bobo este, tirarse a coger una pelotica de tenis”, pero lo cierto es que por lo menos quedé en el mapa, ya no soy cualquier vecino, ahora soy el vecino que juega tenis y está enyesado.

Para manejar no tuve ningún contratiempo, una sola mano basta para este experto al volante gracias a las clases recibidas de su ídolo colombiano, el patán de Juan Pablo Montoya.

A la hora del almuerzo me incliné por un corrientazo de 220 voltios, y sin ninguna pena le dije a la señorita que me atendió que me cortara la carne en trocitos para poder comer más tranquilo. Dejé la mesa sucia y mi plato a medio terminar, presiento que esto me va a hacer rebajar unos kilitos y con lo flaco que estoy dentro de poco podré hacerle propaganda a “la mala situación”.

Al salir de ahí me encontré con un ex compañero del colegio amante de las pesas, y formuló la tan mencionada pregunta: “ñerda loco ¿que te pasó?”, para el tenía la versión varonil de mi accidente: “imagínate que dos manes me iban a atracar y les he dado una muñequera de padre y señor mío hasta tal punto que me fracturé la mano, ya podrás imaginarte como quedaron ellos”.

Rato después llegué a mi apartamento y me empezó una comezón indescriptible debajo del yeso, como pude me rascaba pero no se me quitaba la piquiña. Utilicé mis dedos, llaves, lápices, y hasta cuchillos pero la comezón al contrario de desaparecer se hacía cada vez más insoportable. Necesitaba un alambre delgado, resistente y largo, me acordé de los ganchos de ropa pero para sorpresa mía todos eran de plástico “Made in China”, malditos chinos y sus avances!. Al final desarmé un cuaderno argollado de mi esposa y pude saciar mi sed de rascarme. Cuando me pregunte quién hizo eso mi respuesta será: “yo nunca he hecho eso, ni lo volveré a hacer”.

En mis labores cotidianas que demandan mi relajado negocio también pude sentir la falta que me hacia mi mano diestra. En el PC me tocó pasar el mouse al otro lado y configurarlo para zurdos, inicialmente tecleaba con una sola mano, luego intenté teclear con los dedos libres de mi mano lesionada pero cada vez que intentaba presionar una letra el yeso oprimía dos más, un rato después tome un lápiz con la derecha y me sirvió para desempeñarme como buen chuzografo (aclaro que nada tengo que ver con el DAS) y fue así como pude escribir este diario.

Mi progenitora me llamó al enterarse que estaba lesionado un poco alarmada y para ella tenía la versión más absurda de este mundo: “de tanto trabajar en el computador me fracturé el túnel carpiano y tuvieron que enyesarme”. Ella no se comió mucho el cuento, pero por algo soy el consentido de la familia y a la fuerza hizo las veces de la mas crédula.

No faltó quien saliera con los chistes baratos, “¿estabas rezando?”, “ay pobre de tu esposa” y otras tantas mas que no dejé de escuchar durante todo el día. Confieso que estuve a punto de imprimir una hoja con un letrero bien grande que dijera: “TUVE UN ACCIDENTE Y ME FRACTURE LA MANO, POR EL AMOR DE DIOS NO PREGUNTES MAS”.

En la tarde me vi con un señor amigo de mi papá y al verme me pregunto: ¿estas enyesado?. En mi cabeza le respondí: “Nooooo marica, me estoy momificando por cuotas gran pendejo!” pero lo que salió de mi boca fue: “estaba bajando las escaleras en un centro comercial y el piso estaba enjabonado y no tenían la señal de Precaución, me fracturé la muñeca y ahora le tengo una demanda millonaria al establecimiento”.

A todas estas con tantas versiones que he dado se estarán preguntando cuáles fueron la realidad de los hechos? Pues este que se las da de deportista de alto rendimiento, de karateka frustrado, superhéroe, trabajador incansable en su teclado y con mala fortuna, para que lo vayan sabiendo mi vecina, mi ex compañero, mis amigos, familiares y todo aquel que se cruce en los próximos días por mi camino no es otro más que un tipo que no supo manejar una ira y del empute que tenía le dio un puñetazo a la pared… Mucho huevon!!!. Esa es la pura y física realidad de los hechos, así que para qué seguir mintiendo? El resultado fue el quinto metacarpiano fracturado, 3 semanas enyesado y quién sabe cuántas fisioterapias.

Moralejas:
Ante una rabia de estas primero cuenta hasta diez o en mi caso hasta el cien. Si eso no funciona cómprate una pera de boxeo y descárgate con ella.
Me quito el sombrero ante todas las personas que tienen una incapacidad y salen adelante, yo tan solo tengo una mínima de ellas por dos semanas y no he hecho otra cosa que quejarme.
Valora cada musculo, cada fibra de cabello y cada parte de todo tu cuerpo, solo cuando no podemos hacer uso de ellas es que vemos lo importante que es en nuestro día a día.

Antonio Javier Guzmán P.
ajguz@yahoo.com
Mi Twitter: @AJGUZMAN

http://anecdotascaribes.blogspot.com/

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