¡Dios salve a la reina!

8 de noviembre del 2018

Por Hernán López

¡Dios salve a la reina!

Hace un par de días, con 36 mil pesos, compré dos horas y cuarto de felicidad para mí, mis hijas y mi esposa. La inversión fue hecha en el Cinépolis de Hayuelos, en el occidente de Bogotá. Una hora antes de realizar la compra, mis pequeñas se empacaron par ‘sandwiches’; mi esposa, par quesadillas; y yo, una vaina mexicana que tenía de todo. Esto complementó la divertida jornada, pensada para conmemorar el onomástico de mi prometida.

Decidimos conocer algo más, de manera entretenida, acerca de la banda inglesa Queen, integrada por Brian May (guitarra); John Deacon (bajo); Roger Taylor (batería); y el fenomenal Farrokh Bulsara, mejor conocido como Freddie Mercury.

Hasta mediados de octubre, mis hijas no tenían ni idea de que estos cuatro ‘mechudos’ de Londres habían unido el par de palabras que, según expertos, alteraron el rumbo de la música rock, en todo el mundo: “Bohemian Rhapsody”. Solo habían oído las promociones de la cinta en radio. No obstante, cuando vieron el tráiler de la película, se emocionaron y dijeron: ¡uy, pa: toca ir a verla; se ve buenísima! Por otro lado, mi esposa conoce las letras más importantes del grupo, las canta con frecuencia y las tiene guardadas en su celular.

Soy sincero: de Queen me gustaban cuatro o cinco canciones; ‘Another one bites the dust’ es la que más escucho. El riff creado por Deacon que da inicio a la canción, en mi concepto, es el más poderoso que he escuchado. Las demás cantinelas, por cultura ciudadana, las tengo almacenadas en mi receptor.

Pero este fin de semana fue diferente. A las 9:15 de la noche del pasado domingo, mientras que un muñeco animado en tiza nos obligaba a apagar los celulares, mis párpados comenzaron a dar curso al motoso regular que, después de una jornada larga, un cuarentón toma regularmente cuando se atreve a ir a cine a tan altas horas de la noche.

Por fortuna, la gritería de un Wembley repleto y un fuerte sonido en el teatro, me despertaron y me ordenaron estar pendiente de lo que iba a suceder. Abrí los ojos y vi, difuminadamente, a un tipo en camiseta esqueleto y pelo engominado, dando la espalda a la cámara y caminando a cumplir la cita con los 25 minutos que le cambiarían la vida a Bob Geldof y su idea de recolectar plata para África; y a un montón de personas que consideran, actualmente y gracias a esta presentación, que Mercury es y será la voz más importante del rock, por los siglos de los siglos.

Lo demás es historia; y no quiero dañarle la película, a quien lea este texto.

Salí de la sala con una sonrisa de oreja a oreja, que fue reforzada con el análisis de mi esposa y los comentarios de mis hijas quinceañeras. Y me di cuenta de que Queen puede ser, al pasar de los años, la banda inglesa más importante. Tengo clarísimo que existió The Beatles, pero no son de mi gusto.

Acto seguido, me fui a las redes sociales a leer los comentarios acerca del tema. Traigo a colación cinco, de los compartidos con la etiqueta de la película:

  • @Musashimaru2005: “Vengo de ver #BohemianRapsody y hacía mucho que no veía una película con ganas de que no se terminase nunca. Maravilloso espectáculo e impresionante Rami Malek como Freddy Mercury”.
  • @danielescacha23: “Bohemian Rapsody no es la panacea, pero funciona. Si te gusta el grupo hay que verla, la crítica se puede ir a la mierda”.
  • @JimenezVaron: “Sea lo que sea, Bohemian Rapsody vino para arrebatar algunas mentes jóvenes de la frivolidad musical”.
  • @JuananAndMe: “Creo que los cinco euros que he pagado por Bohemian Rapsody son los mejores invertidos en mi vida. No he disfrutado en el cine tanto en mi vida”.
  • @PinoCalad: “No le crean a la crítica: si les gusta Queen, si les gusta el mito que se puede construir detrás de un rockstar, si les gusta el rock y, como yo, creen que Mercury ha sido el mejor frontman de la historia, vayan a ver #BohemianRhapsody”.

Y agrego el mío: “¡Es maravillosa! Quita el sueño, aleja el aburrimiento, emociona, divierte. Es una verdadera Dolorán…”

Para cerrar la jornada, busqué el concierto ‘Live Aid’ de 1985 y cotejé lo proyectado en la sala. Mi percepción cambió y, ahora, escucho las canciones con más gusto; mi esposa llora de la emoción cada vez que oye ‘Bohemian Rhapsody’ y mis enanas, como con Luis Miguel, ya se unieron al grupo de fans de la banda.

Para envidia de muchos, cuento que tengo el acetato de éxitos de la banda, sin rayones.

Vayan a verla, antes de que la retiren de las salas de cine. ¡Vale la pena!

@HernanLopezAya

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