Discusión filosófica con una feminista

11 de mayo del 2015

Cansado de la opresión, la dominación y la explotación que ha sufrido de las mujeres, el filósofo y aprendiz de cotero, Sandro Realpe Lotta ha decidido compartir por este medio una experiencia aterradora que describe el atropello sufrido una vez más de quienes se dicen llamar feministas. A continuación su relato: Por recomendación de un […]

Cansado de la opresión, la dominación y la explotación que ha sufrido de las mujeres, el filósofo y aprendiz de cotero, Sandro Realpe Lotta ha decidido compartir por este medio una experiencia aterradora que describe el atropello sufrido una vez más de quienes se dicen llamar feministas. A continuación su relato:

Por recomendación de un amigo leo un aviso clasificado de trabajo para ser cotero en Corabastos. Acostumbrado a siempre llevar del bulto en mis relaciones con la mujeres y a sobrellevar las cargas impuestas por la pobreza, decido abrirme camino laboralmente como cotero de una central de abastos. Para mi sorpresa y mala fortuna quien me entrevista para el cargo es la reconocida feminista, filósofa, viuda y directora de recursos humanos de Corabastos, Dra. Mercedes Troza, quien en pocos minutos, como era de esperarse, logra demostrarme ser una digna representante de la sensualidad de la censura, del humor embriagante de la indignación hacia el hombre, del abuso de poder contra los meros machos y toda su opacidad.

Me hace saber que como feminista contemporánea ya no luchará por el voto ni por las reivindicaciones laborales de la mujer, sino por poner en su sitio a personajes criollos que como yo, sólo piensan en la mujer como un objeto de deseo, vulgares machos que terminan redundando en una especie de animal morboso, que enmascara una rajadora pulsión de fornicar. Afectado por no entender lo que me quiere decir y apelando a algunos conceptos leídos en un libro tibetano sobre antifeminismo, le señalo que ella y todas las feministas están impregnadas de una vanidad desmedida, prepotencia, ignorancia, arrobado narcisismo, inseguridades edípicas, voluntarismo, baja autoestima, vocación para la manipulación del otro y de ellas mismas, búsqueda de poder, dignidad para atropellar, pretensiones desmedidas, bigote, exceso de tejido adiposo, todas formas de un idealismo inexistente. Finalizada mi intervención, la Dra. Troza, poseída por la ira, me responde que odiar a los hombres como yo, vulgares, ramplones y peludos, la convierte en una troskista sin base por el deseo narcisista de odiar. Y agrega que el odio importante hacia los hombres es el que está lleno de deseo, de amor o algo similar al amor, parasitado por la atracción y el pesar. Por otra parte, dice, hay muchos tipos de odio. Los odios sutiles, el odio inocuo, el mal odio, el auto-odio, el odio productivo y el odio al odio. Odiar sin que sirva y odiar sirviendo. Las redes sociales también son del odio y la envidia. La cultura digital en los hombres, de hecho, muestra sus miserias de la comunicación, por eso van ahí escapando del aburrimiento viendo mujeres impúdicas. Dicho esto: “no tiene el trabajo, por que lo odio”, sentencia.

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