Trump no aceptará a ningún negro en el Servicio Secreto

Trump no aceptará a ningún negro en el Servicio Secreto

11 de noviembre del 2016

*Un texto humorístico para pasar el trago amargo de lo que para muchos significó la victoria del candidato republicano. 


La noticia del momento fue la visita de Donald Trump, electo presidente de los Estados Unidos, a la Casa Blanca para encontrarse con Barack Obama. En medios se vieron los actos protocolarios y la rueda de prensa oficial, pero nuestros reporteros en Washington lograron conocer los detalles íntimos de la estadía del magnate en la residencia presidencial.

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Desde su llegada a Washington, a Trump se le vio ansioso . Después de todo, se trataba de una fecha histórica: el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos se reuniría con el primer presidente naranja.

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En una pequeña libreta a la que tuvimos acceso, el multimillonario iba anotando los primeros cambios que haría desde el momento de su posesión. El primer ítem de la larga lista era que el nombre del avión presidencial fuera cambiado de ‘Air Force One’ a ‘Air Trump One’.

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En el aeropuerto, el millonario era esperado por un burro, en el cual tenía pensado llegar a la gran cita exigiendo ser recibido con ramos, anunciando la llegada del mesías. Sin embargo esta idea fue desechada porque lo consideró ajeno a su condición de mandatario, así que prefirió llegar de una forma más diplomática. Igual se confirmó que lo del burro será aplazado para el verdadero advenimiento en su posesión oficial.

Al llegar a la puerta de la residencia presidencial era esperado por el mismísimo Barack Obama. Luego del saludo formal, pudimos ver cómo se limpió disimuladamente la mano, mientras con la otra se sostenía el cabello, que se movía por culpa de un endemoniado vendaval. “Es natural” repetía una y otra vez al ver la cara de asombro de su anfitrión.

Cuando ambos se sentaron en una cómoda sala, al señor Donald Trump le ofrecieron un café.

-¿Negro? –  le preguntó la mucama.
-No, querida. Negro él- dijo señalando a Obama.
-Me refiero al café – contestó la mujer asombrada.
-Explíquese por favor. No, el café lo quiero con leche, entre más blanco mejor.

Obama aprovechó para sugerir que la primera visita oficial de Trump cuando entre en el cargo sea en Siria. La idea le disgustó de inmediato. En primer lugar el árido clima le daba bochorno, en segundo lugar, el paisaje era bastante “pintoresco” y la gente muy “folclórica” para su gusto.

En medio de la charla, Donald, como pidió ser llamado para que los empleados fueran tomando confianza, se colocó sus pantuflas, se quitó el cinturón,  y vistió su bata. Todo para empezar a sentirse como en casa. Vestido de esta forma llegó a la Oficina Oval, se sentó en el lugar del presidente y colocó sus pies en la mesa. Los presentes aseguran que el olor “era infernal”. Otos afirman que Obama se puso “pálido ” por la peste.

Mientras hablaban, Trump comunicó su preocupación por la manera en que la política se maneja en el país. Era necesario hacer cambios importantes que hicieran más divertidos los temas delicados.

Por ejemplo, luego de la extenuante carrera a la presidencia, se dio cuenta que lo mejor era hacer del proceso electoral un reality show, así que propuso elegir a su sucesor en una nueva temporada de ‘El Aprendiz’. Incluso se le vio emocionado recordando su carrera en el popular programa, tanto que se inclinó al oído de Obama para decirle “¡Estás despedido!”.

Pero no son los únicos cambios que tiene en mente. Para empezar, la Casa Blanca será modificada. El flamante presidente (flamante por su tono de piel, no por otra cosa), firme a sus propuestas de campaña está impulsando la creación de un muro que separe la Oficina Oval del resto del edificio “y quiero que el resto de empleados paguen por ello”.

Dentro de la comitiva del magnate, vino también un arquitecto, que además de tomar medidas para el muro, fue designado del acondicionamiento de una habitación para instalar allí las máquinas de bronceado del presidente.

Anunció que no será egoísta con su nueva morada. Desde el momento de su posesión compartirá la Casa Blanca con los más necesitados. Por eso invitó a Hugh Hefner, que está sin casa tras vender la Mansión Playboy. Con esto cumplirá su sueño de corretear conejitas en el jardín.

Algo que no registraron las cámaras de televisión fue la llegada de personal de mudanzas que Donald Trump contrató para que fueran llevando las pertenencias del nuevo habitante de la Casa Blanca. Al menos treinta personas entraron por la puerta de atrás de la casa llevando cada uno tres maletas repletas de camisas, zapatos, corbatas, pelucas y lo que se cree eran jeringas para inyectar botox.

Los cambios que se avecinan no son solo arquitectónicos. Por orden presidencial, a partir del 20 de enero del 2017 ningún miembro ni del Servicio Secreto ni del personal de la casa podrá ser latino ni negro, y las mujeres se dedicarán a labores de limpieza. Esto no le sentó bien a los empleados, en especial un jardinero de padres colombianos que discretamente se acercó a Donald Trump y le regaló un tomo de lujo de ‘La urbanidad de Carreño’.

La visita terminó con toda la parafernalia del caso, mientras Obama quedó asombrado al ver que el membrete de su oficina ya no tenía su nombre, sus armarios no tenían su ropa, incluso sus calzoncillos fueron remplazados por unos agujereados, frenados y amarillentos.

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