¿Dos nuevos Nobel colombianos?

2 de enero del 2013

Aunque personalmente soy muy escéptico con respecto a las negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc, gentes cercanas al gobierno y al “pensamiento” de la guerrilla aseguran que el acuerdo de paz se firmará este año. El presidente Juan Manuel Santos ha insistido en desvincular su futuro político del resultado de […]

Aunque personalmente soy muy escéptico con respecto a las negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc, gentes cercanas al gobierno y al “pensamiento” de la guerrilla aseguran que el acuerdo de paz se firmará este año. El presidente Juan Manuel Santos ha insistido en desvincular su futuro político del resultado de esas negociaciones pero es muy difícil considerar estos dos hechos por separado. La mayoría de los analistas políticos insiste en que Santos -que debería tomar a mediados de año la decisión de presentarse o no a la reelección para el período presidencial 2014 a 2018- optará por la reelección. Yo no lo creo, voy a llevar la contraria a todos los que piensan que Santos se presentará a la reelección y voy a decir por qué. A Santos le interesa más optar a la Secretaría General de Naciones Unidas y, si se tercia, además al Nobel de la Paz.

Estoy seguro de que Juan Manuel Santos ha emprendido negociaciones de paz con la guerrilla con el deseo sincero de acabar con un conflicto que amarga la vida de los colombianos hace medio siglo. Pero, si lo consigue, sus consecuencias serán inevitables a nivel colectivo para los colombianos y en lo personal para el presidente. Por eso, pues, no digo que Santos haya tenido esta iniciativa para obtener reconocimientos y honores pero es fácil pensar que si tiene éxito en su empeño, se pondría de los primeros en el partidor de carrera hacia el premio Nobel de la Paz. El mandatario colombiano ha dicho que las negociaciones de La Habana no deben superar el mes de noviembre de este año, de modo que si las conversaciones con la guerrilla se prolongan hasta ese mes, tendrá que esperar el Nobel hasta octubre de 2014, puesto que es en octubre cuando se anuncia un premio que se entrega tradicionalmente un mes más tarde.

Pero eso no debería preocuparle, es muy difícil que el fin del conflicto colombiano encuentre para la Academia noruega, en un año, mayor mérito que ése para premiar. Así que si consigue la paz para Colombia, este año o el siguiente veremos a Santos recibiendo el codiciado galardón. En eso coinciden muchos analistas. Lo que no veo escrito por ninguna parte es la posibilidad de que Santos comparta el premio con el jefe de las Farc. Ya sé que a muchos colombianos esto puede parecer una aberración pero tratándose de la Academia Noruega puede esperarse ésta y otras sorpresas. Un rápido repaso a la lista de premiados entre los que hay personajes que no han sido precisamente monjas de la caridad como Henry Kissinger, Yasser Arafat o Isaac Rabin, para no hablar de los disparatados Rigoberta Manchú o Adolfo Pérez Esquivel, debería, por lo menos, sembrar alguna duda. De modo que hagámonos a la idea de que Timochenko o Iván Márquez acompañen a Santos en la ceremonia, cosa que para muchos colombianos haría del premio un galardón agridulce. Pero, insisto, hay que estar preparados para esta eventualidad. Y, dicho sea entre paréntesis, no creo que la elección de Noruega como mediador en el proceso de paz colombiano haya sido tan inocente.

Si el proceso de paz avanza y hay un acuerdo, es previsible que como resultado del mismo se desmovilicen algunos jefes y frentes históricos.  Pero lamentablemente podríamos apostar a que las cuadrillas dedicadas al cultivo de coca y distribución de cocaína, que son la mayoría, no dejarán las armas y se convertirán en nuevas bandas criminales, como ocurrió tras la desmovilización de los paramilitares. Es más, temo que el panorama que implantarán en el país esas futuras bandas deje pálido al que hoy tenemos con Rastrojos, Urabeños y demás herencia de los paramilitares. De modo que un acuerdo que despertará todo el entusiasmo del mundo, pronto permitirá ver que alcanzar la paz en Colombia no era una cosa tan sencilla como firmar un papel en La Habana. Santos no va querer lidiar con ese toro, preferirá retirarse con la gloria de haber firmado la paz y al no presentarse a la reelección quedará habilitado para su proyecto más querido: la Secretaría General de Naciones Unidas.

El actual Secretario General, Ban Ki-moon terminará su período el 31 de diciembre de 2016. Para entonces habrá que elegir un sucesor y el turno corresponde a Latinoamérica. El gran competidor de Colombia para este cargo será Brasil, que no cuenta para nada con el favor de Estados Unidos. Santos sería el candidato ideal para Washington y contaría con los votos de países importantes como México y, dadas las buenas relaciones que mantuvo como presidente con los miembros del Alba, contará con los votos de un grupo de países difíciles en esa elección como son Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Se me dirá que otro escenario posible es que fracase en las negociaciones con las Farc y que, además, tampoco obtenga la secretaria de la ONU pero, para un jugador de póker como el presidente colombiano, la mano que se presenta a mediados de este año es demasiado tentadora para no arriesgase a apostar.

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