EL ARTE COMO RESISTENCIA

31 de agosto del 2011

No queda mucho de esperar de una sociedad que con el silencio es cómplice de las canalladas de unos asesinos; hombres que se esconden tras el fragor de la noche y pretenden acallar las voces de unos cientos de artistas que con sus vestuarios, maquillaje y escenografía pretenden sensibilizarnos ante la situación de un país […]

No queda mucho de esperar de una sociedad que con el silencio es cómplice de las canalladas de unos asesinos; hombres que se esconden tras el fragor de la noche y pretenden acallar las voces de unos cientos de artistas que con sus vestuarios, maquillaje y escenografía pretenden sensibilizarnos ante la situación de un país agobiado por la muerte, el destierro y la desesperanza.

Ayer se cumplió el plazo dado por estos miserables, sicópatas que en sus ansías de poder y emborregados tras ocho años de servil aconductamiento, hoy se consideran la verdad y la razón absoluta; poseedores de armas y carentes de inteligencia van a diestra y siniestra atentando contra la integridad humana, llevando como bandera la sinrazón, masacrando y descuartizando sueños.

Pero en lugar de salir corriendo, los integrantes de las doce organizaciones culturales amenazadas, rodeadas y abrazadas por el sector cultural de la ciudad, salieron a la calle a gritarle con la voz entrecortada, más por rabia que por miedo, que el terror no callara los gritos de libertad y que los sueños no podrán ser pisoteados por la desidia y la impiedad de un grupúsculo de asesinos a sueldo.

Miles de artistas se tomaron ayer la carrera séptima y con sus personajes sacados de los escenarios, hogar natural de estos, le dijeron a los bogotanos que las “águilas negras”, como se denominan estos fanáticos del régimen fascista, no pueden seguir con sus pendencieras acciones amedrentando a toda una sociedad que clama justicia y exige derechos pero se queda escondida tras la mirada ciega de la policía, que escudándose en su maltrecho hacer asevera que en Bogotá no existen estos grupos.

Y claro, la voz de la mayor autoridad de la capital, se enjuaga en el mar nauseabundo de la corrupción y se enloda en la mentira somnolienta, arengando frases incendiarias que atraviesan el corazón de las amenazadas y perturban con delirio la sosegada y mentirosa vida de la capital.

La tarde llego a su fin, la música se silencia, los carros vuelven a recorrer los trancones sempiternos de esta ciudad, congestionada por naturaleza y no por una marcha, como insinuó un arlequín de la administración, que preocupado por el cierre de la vía alentaba a los artistas a correr para acabar con esto rápido.

Bogotá, ciudad de despilfarros y miserias, hoy los artistas le hicieron un llamado a la solidaridad, de corazón esperamos que todos se unan en un canto por la vida y la libertad.

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