El caso de Rosa Elvira Cely

3 de junio del 2012

¿De quién es la culpa y qué podemos hacer? A simple vista la culpa es del presunto asesino y lo que podemos hacer son dos cosas: Esperar o actuar. Gracias a los medios masivos de comunicación, el caso de Rosa Elvira rueda en medio de la indignación y la protesta, así como también despierta los […]

¿De quién es la culpa y qué podemos hacer? A simple vista la culpa es del presunto asesino y lo que podemos hacer son dos cosas: Esperar o actuar. Gracias a los medios masivos de comunicación, el caso de Rosa Elvira rueda en medio de la indignación y la protesta, así como también despierta los peores sentimientos de venganza y ajuste de cuentas contra el asesino, e incluso contra el abogado que lo defiende.

Evitar cargos sobre un asesinato con violación argumentando que la culpa es de unos servicios de urgencias inoperantes y faltos de diligencia es de lo más bizarro y cuentista que podemos escuchar. El país de la creatividad convertido en el país del horror. Pero así es y el final del cuento puede terminar una vez más con el estribillo “colorín colorado la impunidad ha reinado”.

¿Quién tiene más culpa de que un enfermo esté en la calle? ¿El doctor que le da el alta médica?, ¿el asistente médico que sin ser doctor firma el parte de salida? ¿el hospital que lo prefiere en la calle por falta de camillas?, ¿el ciudadano que con indiferencia convive con el enfermo? Todos, óigase bien, todos tenemos parte de culpa.

No nos confundamos pero la cadena perpetua y la pena de muerte son opciones exclusivas para atacar el síntoma, pero nunca serán suficientes para acabar con la causa. ¿qué nos confunde entre síntoma y causa? El síntoma: un loco enfermo asesino y violador. La causa: un aparato descompuesto con un sistema social, económico y judicial incapaz de evitar el síntoma.

Una propuesta consistiría en comenzar desde la propios hogares dando una mirada y corrigiendo el funcionamiento del principal órgano de la sociedad: la familia.

Pero también necesitamos un sistema social, de salud y de educación que funcione sanamente, donde las familias se puedan desarrollar sin ningún tipo de discriminación, donde lo público predomine sobre lo privado, donde se respete, donde se preserve la integridad de nosotros, donde se entienda que somos un organismo que debe funcionar por igual, así sea en lo más mínimo, pero que sea para todos.

El aparato que debería contener la enfermedad antes de ser síntoma es el sistema judicial. Realmente no funciona. O lo operamos o buscamos un trasplante. No es posible que, hoy en día, tengamos un aparato judicial aislado que deje libres a ciudadanos (porque aún tienen derechos) con antecedentes de homicidio y violación, un aparato judicial que le queda difícil proteger y esté cómodo en medio de la impunidad, un aparato viciado y con fallos por no mencionar su debilidad frente a casos específicos como la posible libertad del asesino de niños Luis Alfredo Garavito.

Por último, una ciudadanía indiferente confirmaría un destino cadavérico para nuestro país. Somos nosotros, a través de nuestras exigencias, protestas y demandas quienes tenemos la capacidad de cambiar nuestros órganos, de mejorarlos, de exigir cirugías y de ponerlos a funcionar. Es hora de pasar del “Colombia es pasión” al “Colombia es acción”.

Concentrar nuestros esfuerzos de solución en el síntoma y no en la causa será nuestro peor error, cosa que a los medios de comunicación les encanta. Marearnos con ese virus amarillista, visceral y con olor a sangre es lo que tenemos, es nuestro mal, pero no es la causa de nuestra descomposición. Nos sorprende el vómito, pero poco hacemos por conocer lo que verdaderamente lo produce.

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