El día que Barranquilla lloró…

26 de agosto del 2011

Hay que ser claro Barranquilla solo son cuatro cosas, eran cuatro cosas: Alegría, Carnaval, Junior y JOE. Hoy hace un mes, y espero que no sólo la gente de mi región me entienda, Barranquilla perdió un 25 por ciento de su vida, es como si perdiéramos un riñón, un pulmón u otro órgano, sabemos que […]

Hay que ser claro Barranquilla solo son cuatro cosas, eran cuatro cosas: Alegría, Carnaval, Junior y JOE.

Hoy hace un mes, y espero que no sólo la gente de mi región me entienda, Barranquilla perdió un 25 por ciento de su vida, es como si perdiéramos un riñón, un pulmón u otro órgano, sabemos que seguiremos viviendo, pero también sabemos que nuestra esperanza de vida se verá reducida, por lo menos nuestra alegría.

El 26 de julio pasado algo estaba mal, no creo en santos (ni en Uribe, perdón un mal chiste), no creo en santos ni santas, no creo en fantasmas, no creo en brujas y menos la de Castro Caicedo, no creo en lo esotérico ni lo paranormal, pero ese día estaba algo mal, los días soleados habían desaparecido, iba en un taxi colectivo ilegal pero efectivo para sortear el trafico y no llegar 10 minutos atrasado a la oficina sino tan solo cinco, los días anteriores las noticias sobre la decimonovena muerte del Joe no dejaban de florecer, y sin embargo a pesar de lo inevitable que sabíamos que era su inminente partida, nadie , pero nadie lo quería aceptar, hubo amigos que profetizaban su próxima canción para carnavales y su presentación en el Prado, el optimismo era evidente, pero ese día las nubes grises estaban tan cerca que parecía un día cachacal como nos expresamos en estas latitudes sobre esos días lluviosos y tediosos, cruzábamos el semáforo de la carrera 38 con calle 72,a solo cuatro cuadras de la clínica La Asunción donde Joe estaba interno hacia un mes, el impacto fue general, la emisora dio la primicia, JOE HA MUERTO, el taxi colectivo se detuvo en la esquina, silencio sepulcral, estado de shock, multitud incrédula, ya no importaba llegar tarde, ya no importaba si llovía o no, Barranquilla ya no estaba completa, sin darme cuenta, vendedores ambulantes, tinteros, vendedores de periódicos, prensa, radio, televisión estallan en preguntas sollozos, llanto, todo tan natural, tan espontáneo, el llanto de la única mujer que le fue leal y honesta hasta la muerte, la única que lo honró y respetó, la que lo acogió en su seno, en donde Joe podía hacer lo que quisiera, su única mujer: Barranquilla.

Decidí bajarme y caminar las diez cuadras que faltaban para llegar a la oficina, a través de mis audífonos escuchaba las canciones comerciales de Joe y en mi mente recordaba las más hermosas, aquellas no comerciales, aquellas como Luz Ángela, negro chombo, regresa Tania, y muchas más con las cuales fui creando mi idolatría hacia ese negro, llegué a la oficina y el ambiente frio, aburrido, las caras de tristeza abundaban, era cierto, pasaba como en la obra de García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, nos acostumbramos tanto al coronel a sus virtudes y defectos que cuando murió no sabíamos que hacer, nos acostumbramos tanto a Joe y lo amamos y tanto, que al morir solo quedaban dos opciones llorar o reír, y Barranquilla escogió las dos.

Lo que vino después fue la máxima expresión de amor e hidalguía de un pueblo al que Joe le juro quedarse y lo cumplió, un pueblo que acolito, alcahueteo y respaldo cada locura, cada genialidad, un pueblo en donde un negro decía “A” y se volvía un éxito no porque lo mereciera o no, sino porque el amor es así, la química producida entre Joe y Barranquilla no se producirá jamás, tal vez pasen los 300 años que Joe vaticino para su reemplazo, pero ni así se lograra lo que JOE logró, ni siquiera alguien nacido aquí como Shakira goza de tal afecto y menos por estos días ya que en Barranquilla su tierra no entendemos por qué anda celebrando cuanto mundial y bicentenario se presente y no tienen tiempo para los de su país, eso nunca lo habría hecho un cartagenero llamado Álvaro José Arroyo.

Barranquilla decidió bailar, decidió cantar, tal como Joe lo hubiese querido, cabe recordar sus costumbres palenqueras en donde cuando alguien nace lloran pues viene a sufrir a este mundo (no están tan lejos de la verdad) y cuando muere celebran pues dejo de sufrir, por eso aunque mucha gente de la costa y del interior criticaron la fiesta armada, bajo el sentido espiritual de su ascendencia negra, palenquera, este acto fue el más acorde, yo pienso igual , cuando muera quiero un carnaval, mi cumbiamba, mis marimondas, lástima que no estaré para gozármelo pero como no me gustan los entierros ni al mío pienso ir, tal vez Joe pensaba igual, pero sea un acierto o no, fue un acto leal, espontaneo de una ciudad que amo y no volverá amar, de esa ciudad su verdadera mujer, esa viuda que tal vez vuelva a sonreír, vuelva a ser coqueta con otros artistas, vuelva a bailar, pero jamás se entregara a otro, esa   Barranquilla que se irá al muelle de Puerto Colombia, al castillo de Salgar y llorara a su amor, esa Barranquilla que seguirá carnavaleando y se llenará de maizena y licor, pero por la noches mirará al río y recordará cuando era aun más feliz.

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