Articulo originalmente publicado en
En Ecuador no hay libertad de expresión. Esa es la conclusión a la que cualquiera podría llegar si se tiene en cuenta la condena en contra de El Universo, la presión que el gobierno de Rafael Correa ejerce sobre la prensa que se atreve a criticarlo y la arrogancia con la que se responde a los entes internacionales que ven con preocupación la situación en el pequeño país suramericano.
Todo empezó por una columna de opinión publicada en El Universo (ver final del post). Al "dictador", como se le llamaba en el artículo, no le gustó lo que sobre él se decía, así que como todo un demócrata demandó al autor y al periódico que se atrevió a publicar aquella tontería. ¿El resultado? 40 millones de dólares que se le deberán pagar al presidente y tres años de prisión para directivos y columnistas.
¡Cómo no llamar dictador a alguien que actúa así! Correa abusó de su poder, usó su cargo para silenciar a quien lo criticó y, por si fuera poco, atacó al medio que no se retractó de lo que uno de sus columnistas escribió. El presidente ecuatoriano no solo atacó a un periódico, envió una señal inequívoca de lo que le pasará a todo aquel que se atreva a contradecirlo. Dejó herida de muerte la libertad de opinión del país.
Claro, el gobierno se defiende diciendo que la justicia es independiente y que la sentencia fue basada en derecho y no en presiones políticas. Sin embargo, los hechos demuestran lo contrario. En Bogotá, la juez que en su momento conoció del caso, denunció que se presentaron serias irregularidades en el proceso. Afirmó que abogados del presidente Correa la llamaron para hacerle ofrecimientos de parte del mandatario y presionándola para dictar sentencia. Incluso, dijo ella, uno de los abogados le ofreció 3.000 dolares.
El caso de Rafael Correa contra El Universo ha sido tan preocupante (por los desproporcionada de la sanción así como por lo que significa para la democracia de la nación) que incluso el New York Times (el periódico más importante del mundo), dedicó una de sus editoriales al tema. La última frase del artículo fue contundente: "Estados Unidos y otras democracias del mundo tiene que protestar en voz alta contra el asalto de Correa a la libertad de prensa y su secuestro cínico del sistema judicial de Ecuador".
¿Sería mucho pedir una declaración conjunta de los jefes de Estado latinoamericanos expresando su rechazo a la censura que en Ecuador se pretende establecer? Desafortunadamente si. Ningún presidente de la región, ni siquiera Santos que toda su vida ha estado relacionado al periodismo y proviene de una familia de tradición periodística, se atrevería a criticar el autoritarismo con el que Correa ha actuado.
Aunque, siendo realistas, esa hipotética declaración tampoco serviría de nada. Ni siquiera las medidas cautelares (pidiendo la suspensión de la condena) que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decretó mientras la Corte Interamericana decide de fondo, parecen ser aceptadas. El abogado del Correa las calificó como "barbaridad jurídica" (pregunta suelta, ¿Cual sería el calificativo que recibiría la condena contra El Universo? ¿Monstruosidad autoritaria?).
Paradójicamente, aunque el presidente ecuatoriano dice no ejercer presiones indebidas en el caso, en unas declaraciones afirmó estar pensando en pedir la nulidad de la condena. ¿Así de seria es la justicia del país? ¿Se necesita mayo prueba de que en Ecuador se hace lo que el pequeño dictador quiere?
El Universo no está solo, diarios colombianos y del resto de américa han mostrado su apoyo. La columna de la discordia ha sido reproducida en los periódicos de estos países como muestra de solidaridad. Por la libertad de prensa se debe luchar, no se debe permitir que personas en el poder usen las facultades que la gente les ha dado para su beneficio personas y en contra de todo principio democrático. Porque el día que un gobernante sea quien autorice o no lo que se publica o informa, no solo la democracia habrá llegado a su fin, la libertad individual también lo habrá hecho.
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'NO a las mentiras'
Por Emilio Palacio
Domingo 6 de febrero del 2011
"Esta semana, por segunda ocasión, la Dictadura informó a través de uno de sus voceros que el Dictador está considerando la posibilidad de perdonar a los criminales que se levantaron el 30 de septiembre, por lo que estudia un indulto.
No sé si la propuesta me incluya (según las cadenas dictatoriales, fui uno de los instigadores del golpe); pero de ser así, lo rechazo.
Comprendo que el Dictador (devoto cristiano, hombre de paz) no pierda oportunidad para perdonar a los criminales. Indultó a las mulas del narcotráfico, se compadeció de los asesinos presos en la Penitenciaría del Litoral, les solicitó a los ciudadanos que se dejen robar para que no haya víctimas, cultivó una gran amistad con los invasores de tierras y los convirtió en legisladores, hasta que lo traicionaron. Pero el Ecuador es un Estado laico donde no se permite usar la fe como fundamento jurídico para eximir a los criminales de que paguen sus deudas. Si cometí algún delito, exijo que me lo prueben; de lo contrario, no espero ningún perdón judicial sino las debidas disculpas.
Lo que ocurre en realidad es que el Dictador por fin comprendió (o sus abogados se lo hicieron comprender) que no tiene cómo demostrar el supuesto crimen del 30 de septiembre, ya que todo fue producto de un guión improvisado, en medio del corre-corre, para ocultar la irresponsabilidad del Dictador de irse a meter en un cuartel sublevado, a abrirse la camisa y gritar que lo maten, como todo un luchador de cachacascán que se esfuerza en su show en una carpa de circo de un pueblito olvidado.
A esta altura, todas las 'pruebas' para acusar a los 'golpistas' se han deshilvanado:
El Dictador reconoce que la pésima idea de ir al Regimiento Quito e ingresar a la fuerza fue suya. Pero entonces nadie pudo prepararse para asesinarlo ya que nadie lo esperaba.
El Dictador jura que el exdirector del Hospital de la Policía cerró las puertas para impedir su ingreso. Pero entonces tampoco allí hubo ningún complot porque ni siquiera deseaban verle la cara.
Las balas que asesinaron a los policías desaparecieron, pero no en las oficinas de Fidel Araújo sino en un recinto resguardado por fuerzas leales a la Dictadura.
Para mostrar que el 30 de septiembre no usaba un chaleco blindado, Araújo se colocó uno delante de sus jueces y luego se puso la misma camiseta que llevaba ese día. Sus acusadores tuvieron que sonrojarse ante la palpable demostración de que los chalecos blindados simplemente no se pueden ocultar.
Podría seguir pero el espacio no me lo permite. Sin embargo, ya que el Dictador entendió que debe retroceder con su cuento de fantasmas, le ofrezco una salida: no es el indulto lo que debe tramitar sino la amnistía en la Asamblea Nacional.
La amnistía no es perdón, es olvido jurídico. Implicaría, si se la resuelve, que la sociedad llegó a la conclusión de que el 30 de septiembre se cometieron demasiadas estupideces, de parte y parte, y que sería injusto condenar a unos y premiar a otros.
¿Por qué el Dictador sí pudo proponer la amnistía para los 'pelucones' Gustavo Noboa y Alberto Dahik, pero en cambio quiere indultar a los 'cholos' policías? El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.
Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben."
