El dolor emocional

15 de diciembre del 2017

El amor es de esas pocas cosas por la que vale la pena pagar cualquier precio

El dolor emocional

¿Qué es el dolor emocional? no lo sé (no soy psicóloga). Lo que si sé es cómo se siente; ¿por qué? Porque todos lo hemos sentido alguna vez. Sí, es verdad, en algún punto de nuestras vidas hemos tenido una carga emocional tan grande que nos afecta la existencia y si no… tranquilos que ya la tendrán.

Eso está bien, es genial, quiere decir que somos humanos. Una persona que nunca lo haya sentido tiene dos opciones: es un sociópata o es un robot; pero un sujeto de carne y hueso se ha dolido con alguien por algo.

¿Por qué nos afecta tanto cuando alguna persona nos lastima? ¡Por amor!, ese sentimiento tan bonito y utópico viene con un precio. Entre más amamos más propensos somos a ser heridos.

Entonces, ¿es malo el amor?

No lo creo. El amor es de esas pocas cosas por la que vale la pena pagar cualquier precio. Y no me refiero al amor romántico de las novelas y las películas que han hecho rico a Hollywood. Quiero decir, ¡cualquier tipo de amor! El calor de la familia, el afecto incondicional de unos padres, la compañía presente de un mejor amigo, hasta la cola juguetona de nuestra mascota.

¿Eso significa que es inevitable que sintamos dolor? pues si, es tan inevitable como morir por estar vivos. Pero no quiere decir que estemos condenados a una vida horrible y triste por ello (eso es simplemente demasiado dramático).

Mi dolor, tu dolor

La persona que más amo en este mundo me lastimó. Tal vez no lo hizo intencionalmente; no, ahora estoy segura que no lo hizo intencional. Simplemente esa persona también está sentida. Algo que tenemos que tener claro es que una persona sana y completamente feliz no lastima a otra sin razón.

Por lo general herimos a alguien cuando nosotros también estamos sufriendo. El “matoneo” no es más que un circulo vicioso de dolores que saltan de persona en persona hasta que llega al nuestro pequeños.

Si tan solo pudiéramos ver lo que atormenta al otro que termina lastimándonos, entenderíamos el porqué de sus acciones. El problema es que no es tan fácil; somos humanos, es una persona afectando a otra y yo voy a ver primero mi dolor antes de pensar en el tuyo (desafortunadamente es también algo natural del ser humano).

Afrontar el dolor emocional

Intenté comunicarle a esa persona lo que sentía, aunque por desgracia en mi caso no funcionó; terminamos lastimándonos aun más. Así que pasé al plan B: comer callada, traté de comerme mis sentimientos y no expresar lo que pensaba para evitar otro enfrentamiento.

Fracasé aún peor, resulta que no solo me estaba cargando de un “tarugo” de emociones las cuales no todas eran buenas, sino que la otra persona tampoco era tonta y podía intuir que algo raro estaba pasando.

Entre mas calmada y respetuosamente trataba a esa persona, ella sentía que le estaba mentando la madre hasta que un buen día simplemente la cosa explotó con una ira fulminante. Conclusión: al caño se fue el no muy bien pensado plan B.

Qué hacer cuando lo demás fallan

Aprendí mi lección, ni tanto que queme al santo ni tampoco que no lo alumbre. Si la persona se deja hablar, la comunicación nunca es una mala opción. Lo que pasa es que todos queremos ser escuchados pero no estamos igual de prestos para oír al otro.

Si podemos enviar a la persona que nos lastimó un mensaje calmado y asertivo de nuestras emociones, ¡que bendición! Sin embargo, si la situación no es así, tampoco es el fin del mundo; lo importante es no dejar guardados esos sentimientos que nos van pudriendo el alma, nos borran la sonrisa y nos apagan el brillo en los ojos.

Si quien nos hirió no quiere escuchar razones busquemos otro lugar para dejar ir lo que nos corroe. Ya sea que vayamos a un terapeuta -son las únicas personas que realmente te van a escuchar (les pagan por eso), o confíen en un tercero, practiquen boxeo o solo con decirlo en voz alta a la nada.

Hablar con uno mismo no quiere decir que estemos desquiciados. A veces necesitamos esos pequeños momentos de locura con nosotros mismos para conectar con lo que sentimos y darnos permiso de dejar ir lo que no nos sirve.

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