El drama laboral del centro de Medellín

El drama laboral del centro de Medellín

31 de octubre del 2017

Juan Carlos Yauripoma tiene treinta años, hace veinticinco trabaja en el centro de Medellín, en el sector de El Hueco. Es la tercera generación de los Yauripoma que se dedica al comercio en el sector. Su abuelo paterno, Julián de 91 años es un indígena que llegó del Ecuador en el año 1946 y nunca ha tenido otro trabajo. Ninguno de los dos ha tenido un empleo, salario o ingreso fijos. Hoy ven con preocupación que el alcalde los quiera desplazar de sus lugares de rebusque.

La Alcaldía de Medellín desarrolla un plan de renovación del centro de la ciudad en el que se invertirán $270 mil millones en obra pública, intervendrán 138 mil metros cuadrados para parques urbanos y sembrarán 15 mil nuevas especies vegetales con un impacto a 80 manzanas. Producto de esto el pasado 24 de junio de 2017 inició el desplazamiento de 13 mil venteros ambulantes, estacionarios y móviles.

Según la Administración Municipal uno de los propósitos es recuperar el centro de la delincuencia y ponerlo al servicio de nuevos habitantes y negocios. Al año hay en la comuna 10 el mayor número de homicidios, riñas, hurtos y extorsiones de la ciudad.

Ese clima de inseguridad queda constatado en que la comuna tiene la mayor tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, con 148. Entre 2012 y 2015 tuvo el 12 por ciento de los homicidios y el 26 por ciento de las denuncias por diversas modalidades de hurto. De 19.665 robos denunciados el año pasado 5.918 fueron en esta zona.

Las obras que están por iniciarse serán en la Avenida La Playa, la carrera Junín, el sector del Parque Bolívar, y entre Junín, Boyacá y Amador, dándoles a estas áreas prioridad peatonal. La intervención de 40 parques, según la Administración Municipal, promete recuperar el atractivo turístico y habitacional que ha perdido por la delincuencia durante los últimos años.

Informales, no delincuentes

Ante esto, los comerciantes informales de la ciudad agremiados en la Unión General de Trabajadores Informales, Ugti, iniciaron una serie de movilizaciones dirigidas a exigir el respeto por su derecho al trabajo, que se ve amenazado por esta iniciativa.

De acuerdo con Guillermo Giraldo, presidente de la Ugti en Medellín, el modelo de ciudad que se está imponiendo los está excluyendo del desarrollo, ya que no cuentan con ninguna garantía para mantenerlos en esa actividad económica.

“No hay políticas claras de parte de la alcaldía. Ningún vendedor ambulante llega para ser un problema de la Administración Municipal. Lo que hacen es resolver por su cuenta la necesidad de trabajo que no está siendo ofrecido ni por el Estado ni por el sector privado”, comentó Giraldo.

Hoy son más de 25 mil las personas que rebuscan el sustento diario allí, y si bien reconocen que está saturado, no tienen una opción distinta a esa actividad económica para llevar comida a su casa.

En el pasado, los negociantes ambulantes fueron reconocidos por una política de carnetización que inició en el año 2004, cubriendo a 11.200 en toda la ciudad y a cerca de cinco mil en el centro. En el año 2011 ese proceso fue congelado debido a la cantidad creciente de tenderos que se registraban y en la actualidad se mantienen cerca de siete mil.

“Ningún ventero ambulante llega para ser un problema de la Administración Municipal” Guillermo Giraldo, presidente de la Ugti en Antioquia

Los mercaderes del sector señalan que lo que mueve el comercio allí se debe a su trabajo y que parte de la recuperación de El Hueco es producto del comercio que ellos han jalonado.

“La zona de Guayaquil antes era inhabitable. Cuando hubo la reestructuración del centro y nos tiraron para esos lados en los noventa, para donde es El Hueco hoy, era el sector más cochino de la ciudad. Nosotros lo rehabilitamos y hoy la administración es desagradecida con los venteros.

No quisieron ver todo lo que tolerábamos, que las ventas no daban, que teníamos que compartir hasta un plato de comida. En esa época vimos que gente se fue del país, se quebró, se tuvo que tirar a la calle. Pero la transformación que ha tenido se la debe a los venteros informales. Al vendedor informal se le asocia con el desorden y aun así nosotros siempre hemos querido organizarnos”, señaló Yauripoma.

“Por cada 100 hogares, en 20 de ellos los miembros de la familia dejan de comer alguna de las tres comidas del día. ¿Cómo no esperar que aumente el rebusque?” Javier Gaviria, presidente de Asuluz

Las relaciones entre ellos y la Administración Municipal han sido de constante choque, que en todo momento ha dispuesto de fuerzas como el Departamento de Orden Ciudadano en los años noventa, el departamento de Seguridad y Control y, después del año 2000, el Espacio Público.

“Desde 1995 hubo una fuerte persecución de las autoridades por la construcción del metro. Hoy que la policía hace el control con el espacio público no es nuevo. En ese tiempo nos perseguía era la policía, que teníamos las ventas en unos carros tipo parapetos, donde exhibíamos la mercancía. Nuestro diario era organizar hasta cierta hora, llegaba la policía y a correr por todo. Le corríamos a todo y esa persecución era por la calle Colombia hasta la calle San Juan. Hoy no es distinto”, agregó Yauripoma.

La economía de Medellín

De acuerdo con Javier Gaviria, presidente de Asuluz Antioquia y exdirector ejecutivo de Asoguayaquil, el drama económico y social que vive la ciudad y la inequidad en aumento son razones para considerar soluciones integrales a la situación de desempleo que ha llevado a un aumento de la informalidad en el sector.

“En la ciudad por cada 100 hogares en 20 de ellos los miembros de la familia dejan de comer alguna de las tres comidas del día. De cada 100 pesos que se producen al año el 10 por ciento más rico se apropia de 47 pesos, mientras tanto el 10 por ciento más pobre apenas recibe 70 centavos. ¿Cómo no esperar que aumente el rebusque?”, argumentó Gaviria.

Para Giraldo, que lleva 40 de sus 48 años de vida trabajando allí, es dramático lo que ocurre, porque siempre se ha desconocido la situación económica de ellos y se les ha estigmatizado y reprimido. “Hoy no hay una política de formalización ni de reconocimiento de ningún derecho. Por eso protestamos y logramos sentar a la administración en una mesa para concertar salidas a esta situación”, señaló.

Más allá de esto hay una explicación macroeconómica que no puede ignorarse. El problema de la pérdida de los puestos de trabajo, de la desindustrialización y la eliminación de las unidades productivas está en las aceras.

A mayor pérdida de la condición productiva de la ciudad, mayor crecimiento de los venteros informales. Con esto coincide Gaviria, al advertir que en el sector convergen dos fenómenos, como son “la pérdida de la vocación productiva y que Medellín es una ciudad receptora de sectores de población expulsados del campo, de las poblaciones rurales del Departamento de Antioquia”.

“La abundancia de comerciantes, por ejemplo, del oriente antioqueño, explica parte del aumento de la informalidad. Buena parte de quienes hoy son comerciantes formales que han logrado alguna prosperidad, incluso propietarios de centros comerciales, llegaron hace 40 o 50 años huyendo de la violencia”, sostuvo.

¿Quién se beneficia?

La renovación del centro también implica una resignificación residencial, para un cambio de estratificación que vaya hacia los estratos cuatro, cinco y seis, basado en el nativo de alto estrato y los turistas.

A eso mismo apuntan los planes parciales y de renovación urbana. Es una mejora de la condición social del sector para que haya mejor beneficio tributario, con los consecuentes aumentos del impuesto de industria y comercio y las facturas de servicios públicos.

“No nos confiamos. Les digo a mis papás que se desapeguen de este oficio porque no sabemos qué pueda pasar” Juan Carlos Yauripoma, ventero informal.

Se trata de desplazar la oferta comercial informal, e incluso formal mayorista, hacia un tipo de oferta comercial del menudeo y de alto costo, que termine en una densificación menor y el cambio de composición del tipo de comerciante para ir hacia la gran vitrina con alto costo. Privilegiar al visitante y no al residente.

“La administración municipal no tiene políticas de desarrollo estructuradas y no resuelve los problemas que allí siguen creciendo. No hay iniciativa para generar oportunidades laborales formales y es tan grande la condición de desocupación y desespero que nuevos informales terminan compitiendo hasta con los mismos venteros establecidos y regulados, porque el espacio se vuelve insuficiente”, comentó Gaviria.

La familia Yauripoma es una de 25 mil que tienen su sustento del comercio informal en el centro y, como a todas, les preocupa lo que pueda venir. No sería la primera vez que se impone la restricción del derecho al trabajo o la vivienda en la ciudad “más innovadora” de Colombia.

“No nos confiamos. Les digo a mis papás que se desapeguen de este oficio porque no sabemos qué pueda pasar. Hoy los comerciantes situados en el sector de Maturín, por los bajos del San Andresito, tienen tolerancia hasta el 16 de enero de 2018 para vender allí. No confiamos en la administración”, añadió Yauripoma.

A los vendedores solo les queda esperar no ser desplazados y seguir resolviendo por su cuenta el empleo que la economía de la ciudad les ha negado. Como ellos mismos dicen: trabajar de día para comer de noche.

@AmauryNG

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