El hilo de Ariadna

El hilo de Ariadna

13 de marzo del 2017

Necesitamos el hilo de Ariadna, muchas veces, cuando hablamos de feminismo; y es contradictorio, cuando en gran cantidad de universidades hay estudios de género y suficiente literatura alrededor del mismo.  Al parecer hay feminismo a la medida de todas, hasta una  fotografía de Emma Watson sin sostén origina múltiples puntos de vista frente al tema, generando un poco de confusión.

El feminismo de por sí, nació despertando algunas ampollas en una sociedad que todavía tenía dejos medievales. El panorama francés del siglo XVII en el que se  desarrollaban discusiones sobre la educación de las damas y la escogencia libre de pareja, lideradas por unas mujeres a quienes les llamaban “las preciosas”, además de novedoso fue revolucionario. Luego sobrevino la lucha por el derecho a una ciudadanía plena -movimiento sufragista-, al paso que se seguía peleando por el derecho a una educación superior formal cuando todavía les estaba vedado acceder a ella y obtener un título universitario. No me imagino a una mujer del siglo XIX que en contravía de esa prohibición entraba a estudiar en la universidad. Virginia Wolf en “Una Habitación Propia” relata que para ingresar a una biblioteca su esposo debía expedirle una autorización o permiso.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, las mujeres que lograban graduarse y obtener un título universitario podían contarse con los dedos de la mano; un ejemplo fue la gran científica polaca Marie Curie, primera mujer ganadora del premio Nobel -en 1903 recibió el premio Nobel de Física que compartió con Pierre Curie y Henri Becquerel y en 1911 fue galardonada con el Nobel de Química-.

Y pensar que sólo estoy hablando de occidente; si miramos más allá, hay países árabes donde a las mujeres les hace falta mucho por recorrer; pero aun así, en occidente no lo hemos logrado todo. Aunque hay muchas mujeres en las diversas ramas del pensamiento, todavía seguimos encontrando obstáculos para acceder a puestos de mayores responsabilidades, hay desigualdad en el mercado laboral, brecha salarial -menores salarios de las mujeres con respecto a los hombres en los mismos puestos de trabajo-; la maternidad y la violencia de género, entre otros, siguen siendo temas de la agenda.

Hemos avanzado mucho en poco tiempo, si examinamos la situación de la mujer en los siglos anteriores. Pero hoy la amenaza que se cierne sobre algunas de las reivindicaciones ya alcanzadas y la conquista de las que nos hacen falta, es la crisis económica que golpea en mayor medida a los más débiles -incluyo a las mujeres ahí por su posición de desigualdad frente a los hombres-. No es ficción que el 1% de la población tiene acumulada la mayor parte de la riqueza mundial, y que las desigualdades siguen creciendo en la medida en que las políticas económicas están diseñadas en favor de ese pequeño grupo de personas (según Oxfam en el 2016 el 50% de la riqueza mundial estaba en manos de las 85 personas más acaudaladas). Son muchos los recortes que los Estados ha hecho en salud, educación, infraestructura y demás, para salvar a ese 1% en épocas de crisis.

Además en países como el nuestro, en vías de desarrollo, hemos sufrido políticas económicas impuestas por el FMI y otras instituciones –siguiendo el modelo fundamentalista de mercado-, en defensa de los intereses de las multinacionales y en detrimento de nuestra sociedad (ver Stiglitz, “La Gran Brecha”).

En este panorama, la lucha de las mujeres por un mundo de mayor igualdad, es al lado de los hombres. Incluso, en momentos donde hemos estado en peores condiciones, algunos de ellos han contribuido a que alcancemos nuestras reivindicaciones. Creo que en este momento discutir si Emma Watson posa en una revista sin sostén no es de trascendencia, cuando el mundo en el que vivimos hombres y mujeres se viene abajo, al impulso de los problemas propiciados por la desigualdad; además están los problemas ambientales que amenazan la existencia de toda la humanidad.

En este momento, nosotras podemos ser las protagonistas, liderar el cambio trabajando en pie de igualdad con los hombres.  El minotauro está esperándonos.

Por Rosa Chamorro 

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