El paseo millonario turco

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El paseo millonario turco

29 de enero del 2019

El conductor se desvió y nuestro guía dijo que íbamos a hacer una “paradita”. Yo no me preocupé, de hecho, me sentía muy a gusto con el tipo que llevaba 6 días paseándonos por Estambul.

De repente un tipo abrió una puerta gigante de madera y salió de una casa con forma de palacio, muy sonriente, a preguntarnos qué queríamos tomar, dijo: “té”, “Raki (aguardiente turco)”, “o café”? Raki, respondí (error número uno).

Capadocia para mí fue una de esas regiones con mucho para contar; en cada calle, en cada muro y en cada monumento hay siglos de historia que no recordamos hasta que llegamos allá. Sin embargo, esta publicación tiene una meta particular: contarle cómo comprar y negociar sin dejarse embaucar.

La gente cree que Capadocia es una ciudad, pero no, es una región conocida con ese nombre que enmarca cuatro provincias cuyos nombres nadie recuerda y que son Kayseri, Aksaray, Nigde y Nevsehir. Obvio, con esos nombres, ¡mejor hablar de Capadocia!

Era el primer día y estaba frío. Lo bueno de viajar en el invierno es que los lugares turísticos son navegables mientras que en el verano se vuelven imposibles. Mi grupo tenía una noche turca organizada en un restaurante conocido en la región con trago turco y comida turca a diestra y siniestra. Durante la tarde, sin embargo, no había plan diferente a aterrizar en el aeropuerto local de Kayseri y ser transportados a nuestro aposento por las siguientes 4 noches.

Nos comenzaron a contar cómo hacían las alfombras y por qué son tan costosas. Nos explicaron la diferencia entre el punto iraní y el punto turco; el uno con un nudo, el otro con dos, disque más duradero. Los diseños eran toda una fascinación y ver a la mujer hilando la alfombra y cortando fue admirable. Luego nos pasaron a otro cuarto, aún estábamos la familia de cuatro de Pereira y mi esposo y yo.

Nos mostraron varias alfombras y nos enseñaron a identificar las calidades, la de lana, la de algodón, la de seda y las combinadas. Mi esposo pidió que le mostraran la azul (error número dos). Rápidamente nos llevaron a un cuarto aparte y nos pidieron lo que al cambio representan sesenta millones de pesos colombianos. Yo reí. Estaba asustada. Trataba de salir y no me dejaban. Un hombre alto y fornido me sonrió y se paró en la puerta, miré a Harry y me senté.

El administrador del lugar pidió que nos sirvieran más Raki (error número 2) y me entregó una calculadora, me dijo muy amablemente “escribe el valor que quieres pagar por la alfombra”. Le dije: “1 millón”. Ahora era otro el que reía. Harry observaba cautelosamente mientras nos pasábamos la calculadora de un lado al otro, yo ofreciendo y él… él riéndose dentro de sí de mí. El tipo ya sabía que yo había caído en su trampa y que no íbamos a salir de ahí hasta que pagáramos lo que ellos querían por la alfombra.

Cuando ya íbamos a mitad de precio después de mucho regateo y de aproximadamente 1 hora, Harry me dijo delante del vendedor y muy genuinamente que quería llevarse la alfombra y que estaba mamado de verme negociar (error número 3). Quería ahorcarlo, no podía ser que no se diera cuenta que nos estaban embaucando.

Con ese comentario le acababa de poner gasolina a las ansias de este hombre de venderme la alfombra. Me enojé, realmente no era parte del show, estaba brava. Harry se levantó detrás de mí y el vendedor gritó: “quince millones!”. En ese momento supe que estábamos empezando a negociar.

A la final nos trajimos la alfombra doblada en una maletica que ellos mismos empacaron y pagamos mucho menos de lo que ellos pidieron. Pero me sentí asaltada en mi buena fe porque me presionaron y me dejé presionar. El consuelo fue que nos trajimos una alfombra de seda y hecha a mano.

Mi recomendación es no mostrar interés particular por ningún producto porque una vez lo hacen, están perdidos. Los turcos, tal y como su fama los describe, son muy habilidosos con los negocios y son excelentes convenciendo al comprador. Si usted está leyendo este blog y cree que eso no le pasaría a usted, ¡ojo! Usted es más susceptible que yo.

La segunda recomendación es no tomarse el Raki, y la tercera consiste en empezar a regatear con un precio muy bajo. Los turcos no se ofenden ni se toman a personal los negocios. Usted les puede ofrecer un dólar y ellos persisten.

Luego de varios días cuando ya salí del shock, busqué en la Internet historias y un blog describía paso a paso lo que llamo “el paseo millonario turco”.

Sin ánimo de deshonrar la imagen de los turcos, decidí escribir este blog para los lectores que estén planeando viajar a Turquía por turismo. Mañana escribiré más historias sobre Turquía. Por ahora me despido, hoy desde Capadocia y mañana desde Estambul.

Instagram: @donajodona

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