El pequeño ‘Gran Colombiano’

22 de mayo del 2013

Faltan pocos días para que The History Channel le presente al país su Gran Colombiano, y la votación online, que pretende determinar la identidad de este personaje, si acaso rebasa los topes de participación que algún realitie-concurso (La Voz, tal vez) ha erigido con sus masificadas elecciones, vía mensajes de texto. Aun así, hasta la […]

Faltan pocos días para que The History Channel le presente al país su Gran Colombiano, y la votación online, que pretende determinar la identidad de este personaje, si acaso rebasa los topes de participación que algún realitie-concurso (La Voz, tal vez) ha erigido con sus masificadas elecciones, vía mensajes de texto. Aun así, hasta la fecha, este experimento es un interesante panorama de cómo los colombianos se ven así mismos.

Digo lo anterior, porque preguntarnos quién es un gran colombiano es preguntarnos dos cosas, quienes somos y quienes queremos ser. Pero resolver ambas interrogantes, que parecen sencillas, es algo que desde la Patria Boba no se ha logrado, ya que desde entonces, buscar un consenso libre de violencia que indique nuestros dirigentes, y nuestra identidad ha resultado imposible. Es decir, somos un peligroso cafe con leche.

Pero, desafiando mi escepticismo, intentaré -y seguramente fracasaré- resolver ambas cuestiones. Comencemos, así,  por el tipo de colombiano que somos, el cual, a mi parecer, esta divido en dos. El primero, el vivo: un maquiavélico personaje, que se ha forjado bajo los principios de la malicia indígena y el “coma callado”, que representa y enorgullece con su altivez a todos los de su estirpe. Y el segundo, el pendejo o noble, es decir la antítesis completa del anterior.

En Colombia, diferenciar entre ambos individuos es sumamente complicado, debido a que esto depende de las situaciones. A veces somos pendejos y a veces somos vivos, a veces somos Pablo Escobar y a veces somos Jaime Garzón, o a veces somos Pacho Santos y otras veces somos …somos… a quién engaño, si Pacho no tiene punto de comparación. En fin jamás seremos un punto medio, porque, además de vivo, y pendejo, el colombiano se destaca por ser radical y de extremos.

Queda, entonces, por definir el colombiano que queremos ser, y, sorprendentemente, este sujeto no es ni vivo ni pendejo, porque estas son esencias autóctonas, y la norma colombiana dicta que lo local es repugnante ante cualquier cosa exótica y diferente. Por ende, cualidades como la honestidad, la perseverancia y la tolerancia, de por si escasas en nosotros, son más parte del colombiano imaginado, o de un extranjero como Simón Bolívar o Reichel-Dolmatoff.

Aunque, si ha de haber una cualidad que de verdad tenga que identificar a un gran colombiano, imaginado o real, es la paz, porque sin importar lo vivo y lo pendejo que sea, si hace la paz, puede que rompa ese eterno esquema, que llevamos en la sangre, de arreglar las cosas con rejo y plomo. Si, esa raja tabla que le ha servido a más de uno para reelegirse y contrareelegirse.

En fin, ¿Cuál es mi elección para el Gran Colombiano? Hay muchas tentativas dentro de los candidatos, más por el lado de la ciencia y la literatura. Pero para mi, los grandes colombianos -arriesgándome a sonar como Miss de Kindergarten- son los niños y los recién nacidos.

¿Por qué?, porque estos pequeños grandes colombianos, además de nacer en sin idea del odio y la violencia, están obligados a cargar el país jodido, lleno de resentimientos e intolerancia que les hemos heredado, y, así, mantenerlo vivo por otra generación. Y esto, sólo lo hace un Gran Colombiano.

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