El que peca y reza…

El que peca y reza…

30 de noviembre del 2018

En el discurso dado por el ex comandante de las otrora Autodefensas Unidas de Colombia; Salvatore Mancuso el 28 de julio de 2004 en el Capitolio Nacional, ante el congreso de la república, iniciaba afirmando que él, era un hombre de fe “creyente en Dios, en el Dios de la Esperanza, del Amor y del Perdón, hombre de empresa y padre de familia, arrojado a las desgarradoras fauces de la guerra”, este discurso convenció a un congreso y a un gobierno que estaba dispuesto a pactar – como fuese – un acuerdo de paz que les permitiera “salir de la guerra” e iniciar un proceso de desmovilización de sus filas, no obstante, días antes, el mismo Mancuso, había dado una entrevista televisada en la que afirmaba que los paramilitares habían permeado todas las esferas del poder.

Sin embargo, este no es el único caso en el que se utiliza el recurso de Dios como defensa de actos delictivos, recientemente en pleno debate del siglo, citado por los senadores Gustavo Petro, Jorge Enrique Robledo y Angélica Lozano en contra del Fiscal General Néstor Humberto Martínez, éste afirma sin ningún asomo de vergüenza, que “Dios existe, senador (refiriéndose al Senador Robledo), porque yo no soy ateo y anoche me hizo llegar (Dios) unos audios donde el señor Jorge Enrique Pizano, no del 2015, no del 2016, no del 2017, senadores, del año 2018, de este año; en donde Pizano me dice que él no sabía de delitos y por lo tanto cómo puedo saber yo de los delitos”, preocuparía un Dios que prefiere hacerle llegar unos audios al Fiscal para su defensa y no evitar que dos personas murieran tan trágicamente.

Igual estrategia ya había utilizado el destituido Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, cuando iniciaba su fallida carrera presidencial, quien pese a su macula comprobada de corrupción, sigue insistiendo que La Ley debe ser proferida por Dios, incluso en su discurso afirmaba que “continuaré trabajando por Colombia y los escenarios que Dios disponga (…), argumento con el cual, enfilaba una campaña despiadada en contra de las comunidades LGBTI y otras minorías, azuzado y alimentado por las fuerzas cristianas y ultraconservadoras.

No por nada, las fuerzas cristianas y religiosas en Colombia, se han convertido en una fuerza política muy deseada por quienes quieren llegar al poder, al punto de que, no son pocos los grupos políticos que se disputan los votos religiosos y los “votos de fe”, lo cual sigue comprobando que en Colombia opera aún, como en la época de la colonia y en épocas más oscuras de la humanidad, el pensamiento teocrático a través del cual, sin importar cuál es tu delito o tu falta, esta es perdonada, siempre y cuando tengas a “Dios en tu corazón”, y es así como, desde ese argumento se han robado las arcas del país, han asesinado y arrasado pueblos enteros, no importa si eres comandante de un grupo paramilitar, el político más votado del país o un fiscal – aunque elegido por el poder económico – fiscal de todos modos.

Incluso en las pasadas elecciones presidenciales, uno de los argumentos utilizados para motivar el voto hacía el hoy presidente, era justamente quien creía más en Dios, lo cual llevó a que Duque saliera arrodillado en un iglesia o que Petro saliera mostrando su crucifijo.

Es bueno recordar que en Colombia y gracias a la Constitución de 1991, ya no tenemos como base aquella que rezaba “En el nombre de Dios fuente suprema de toda autoridad, y con el fin de afianzar la unidad nacional, una de cuyas bases es el reconocimiento hecho por los partidos políticos de que la religión católica apostólica y romana es la de la nación (…)”, no porque no quisiéramos que un Dios amoroso nos gobernara, sino porque su nombre no puede seguir utilizándose para pasar por encima de los demás en su propio beneficio.

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