El síndrome Luis Carlos Vélez

16 de febrero del 2015

Los bogotanos estamos siendo afectados por un conjunto de síntomas que se presentan todos juntos: pesimismo, desesperanza y polarización.

El síndrome Luis Carlos Vélez

Hace varios días leí una columna escrita por Luis Carlos Vélez, quien no hace mucho dejó de ser director de Noticias Caracol. El artículo publicado en El Espectador es una radiografía cruda y demasiado evidente, comparando nuestra capital con Venezuela. Lea aquí el artículo 

La mía no es para nada una columna en defensa de lo indefendible. Como lo dije, los males que manifiesta Vélez son tan evidentes que cualquier persona los puede confirmar. Solo que considero que se deja llevar por la fácil posición de pensar que en una metrópoli de más de ocho millones de habitantes, la responsabilidad del éxito como ciudad es de una sola persona: el Alcalde. Pensar que el destino propio y el de millones de habitantes de una región, dependen en exclusiva de la capacidad de un solo ser humano, es tan irreal como conformista. Es una cómoda resignación. No solo porque muchos ciudadanos(as) hemos considerado que nuestra única obligación con Bogotá, es sacrificar una hora del domingo cada cuatro años para depositar el voto por el Alcalde; que no todos lo hacen viendo los altos índices de abstención; si no porque además de eso, las decisiones más trascendentes del Alcalde Mayor de Bogotá; llámese Petro, Mockus, Lucho o el que sea;  deben pasar por el Concejo de la ciudad, que salvo contadas excepciones se ha caracterizado por prácticas de corrupción y clientelismo. Vélez no habla nada de eso.

He denominado esta creciente ola de pesimismo y desesperanza como el síndrome Vélez o como la fácil alternativa de criticar algo sin ofrecer ningún tipo de propuesta, de pensar que la culpa siempre es del otro. La columna de Vélez no plantea ningún tipo de solución, más que invitar a los potenciales electores  a votar este año por un partido diferente al de los tres últimos Alcaldes. Pero si de eso se trata, los ciudadanos(as) deberíamos castigar también a aquellos partidos políticos, cuyos representantes participaron en el Carrusel de Contratos que se robó Bogotá y los que se han visto involucrados en casos de abuso de autoridad.

No es lógico pensar que el único papel de la ciudadanía es concurrir a las urnas, cuando más allá de eso, una vez electos los dirigentes, deberían sentir la respiración en la nuca de las veedurías ciudadanas, verificando que se materialice el disfrute de sus derechos y también así, ser rigurosos en el cumplimiento de sus deberes y el de sus vecinos.

Es común escuchar críticas de los trancones de ciudadanos(as) que transitan solos(as) en uno de los dos carros que compraron para evitar el pico y placa, y que no han hecho ni el más mínimo esfuerzo en concertar con sus vecinos la posibilidad de compartir el carro. También lo es, personas que piden un mejor modelo de aseo, cuando desde sus casas no separan los residuos reutilizables, esperando que lo hagan otros.

El tema en Bogotá es de buenos alcaldes, concejales y ediles, por supuesto. Pero también de ciudadanos(as) que no dejen el futuro de la ciudad en una sola persona, cuando somos tantos los que con pequeñas acciones podemos hacer de nuestra ciudad un mejor vividero. ¿O cuantas veces Luis Carlos Vélez dejo el carro en casa para subirse al SITP?.

Es hora de demostrar nuestro amor por Bogotá. www.amorporbogota.co

@ricardosavo

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