El tiempo no existe o volver a enamorarme

14 de mayo del 2015

Cuando en mi post Adicciones o… De víctimas y victimarios, compartí mi conciencia sobre mi adicción al control y manipulación, fue duro darme cuenta de (i) cuánto distaba de la mujer perfecta que creía que era y (ii) que al ofrecer amor condicionado originado en mucho miedo, no le convenía a alguien estar conmigo. De […]

Cuando en mi post Adicciones o… De víctimas y victimarios, compartí mi conciencia sobre mi adicción al control y manipulación, fue duro darme cuenta de (i) cuánto distaba de la mujer perfecta que creía que era y (ii) que al ofrecer amor condicionado originado en mucho miedo, no le convenía a alguien estar conmigo.

De forma inconciente entré en un ‘período de rehabilitación’. Hacía unos dos años y medio no salía con nadie.
En desarrollo de mi anterior negocio, había decidido cambiar de mercado objetivo a uno más masivo, trabajando con personas en un entorno socioeconómico popular.

Después entendería que al elegir estar en aquel barrio provoqué un período de ostracismo social, puesto que mis prejuicios y mi necesidad de control de elección de una potencial pareja, hacían prácticamente imposible conocer alguien en ese entorno.

Temía salir de mi rehab y volver a involucrarme para ‘hacer de las mías’, pensando que no tendría control de mi adicción. Temía desequilibrarme porque las relaciones habían demandado de mí mucha energía, por cuenta de un ego siempre enfocado en su objetivo: ‘hacer’ para que ‘se quedaran toda la vida’. Pensando en el futuro me resistía a la natural impermanencia de los eventos de la vida.

En los romances, era como un autómata cuando en un entorno ‘propicio’ yo miraba desde la barrera y elegía, y de manera sutil daba la luz verde que permitía al elegido acercarse. Romper mis patrones requería algo literalmente extraordinario.

Llegó a mi, atropellándome, un príncipe. Un día sencillamente se apareció diciéndome que le gusto desde que nos conocemos, hace cerca de veinte años! Cada uno andaba en su cuento en aquella época, cuando nunca pasó nada, pero la química era palpable. Jamás habría anticipado este suceso. Gracias a Dios no me dio tiempo de ejecutar el habitual programa automático.

Como llegó sin aviso, la sorpresa me confundió y sentí miedo, pero la claridad vino cuando dijo que amaba cosas de mi que yo misma he juzgado. Tras la conmovedora apertura de su alma, decidí botarme al abismo y abrir la mía sin tapujo alguno. No me había sumergido tanto en tan temidas profundidades: las de la excavación insondable de las almas en cada encuentro.

La calidad expansiva del amor que nos hace completos se da por esa excavación del momento, distinto al desgastante e interminable esfuerzo por llenar más horas sin alcanzar nunca satisfacción alguna.

Así estoy comprendiendo y, por ende, desbaratando la ilusión del tiempo: no existe, porque lo único que existe es ahora. El verdadero espíritu del tiempo es su intención.

Este amor corrobora la teoría del perfeccionamiento del fine tunning a través de cada nueva relación, como reflejo de nuestro estado de conciencia. El reflejo que él evidencia y sentirme tan amada, me conmueven al ver cuánto he llegado a amar mi esencia tal como es.

No temo la temporalidad de esta relación, vivo la eternidad con quien esta vez me eligió, porque hoy es la única eternidad que existe.

@theonething2014

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