Apenas el Procurador Alejandro Ordoñez comunicó su deseo de ser reelegido para un segundo periodo como cabeza del Ministerio Público, se alborotó el avispero de la opinión pública. Salvo los sectores ultraconservadores, cuya voz más lúcida es Godofredo Cínico Caspa, o las razonables y nunca contradictorias voces del nuevo liberalismo como Simón Gaviria o Juan Manuel Galán, se empezaron a escuchar las protestas de grupos en desacuerdo. Columnistas, analistas, jóvenes, gays, ateos, científicos, el nuevo movimiento "Procura" y hasta la Red Nacional de Mujeres, liderada por la feminista Florence Thomas, se oponen al prospecto de reelección aludiendo la pérdida de libertad, la imposición de valores o la objetividad de sus juicios, y tratando a Alejandro de inquisidor, misógino, homofóbico y de doble moral. Pero lo más curioso de estas críticas es que son ciertas. El procurador es enemigo de la libertad y la igualdad, y es precisamente esa enemistad lo que lo define como el único salvador de este país, como el guía que podrá llevar a Colombia hacia la modernidad.
Las razones para un segundo periodo de Ordoñez en la procuraduría son simples y salen de boca del mismo procurador, que declaró en una entrevista que “esta práctica (la tauromaquia) es una muestra del triunfo de la razón (del hombre) sobre la fuerza (de los animales). Hay un escenario que no podemos desconocer: la fuerza y la inteligencia, en el cual sale triunfando la razón”. Imposible imaginarse una mejor metáfora para explicar la necesidad de reelegir al procurador. Primero porque pocos actos son más racionales que la tortura y asesinato de un animal para el regocijo de un público sumergido en alcohol, sangre y muerte. Y segundo porque Alejandro es un guerrero, un torero regordete y calvo, forrado en lentejuelas color madre patria, blandiendo las banderillas de la lógica y la espada de la razón, buscando matar la irracionalidad y la animalidad que pone en jaque a esta sociedad.
El toro de la irracionalidad nos amenaza de muchos formas, con cornadas y coces violentas, con paciencia y con furia, buscando imponer la animalidad sobre la razón. Hoy en día esta irracionalidad que reta al procurador ha atacado con embestidas que hasta ahora ha sabido capotear magistralmente. La primera embestida es la que llaman “Libertad sexual y reproductiva de la mujer”, con la que piden a gritos el supuesto derecho al uso de anticonceptivos y la interrupción temprana del embarazo, como si fuera razonable pensar que las mujeres tienen el derecho a la igualdad y que además son soberanas sobre su propio cuerpo. Vaya tontería. Y la segunda embestida es la de los grupos homosexuales, también pidiendo igualdad, esta vez para tener las mismas oportunidades, casarse y adoptar, como si el amor fuera suficiente para casarse y tener acceso a la seguridad social conyugal. Si los derechos de la mujer son irracionales, los de los gays aún más, y sumémosle algunos menores como los derechos de la libertad de opinión y de culto, pequeñas coces con las que también arremete la animalidad. Es contra estas embestidas que Ordoñez ha dado sus mejores faenas, pero le falta dar la estocada final. Por eso hay que reelegirlo, porque necesitamos que mate al toro y salga con orejas, rabo, nariz y pezuñas por la puerta grande y en hombros, los que sean necesarios, y preferiblemente hombros femeninos porque un gordito de lentejuelas en hombros masculinos se vería como gay.
Pero hay una batalla más importante que lucha Ordoñez, una de mayor importancia y dificultad que lidiar con las pusilánimes embestidas de aquellos que buscan libertad e igualdad. Es la imposición de los valores que justifican sus posiciones, la imposición de la doctrina católica, la que significará el triunfo definitivo de la racionalidad sobre la animalidad. Porque no hay nada más racional, no hay un acto que demuestre la superioridad intelectual, lógica y moral de forma más clara, que creer, basar su vida y forzar en otros la convicción de que un ser invisible, si bien omnipresente y omnipotente, creó en siete días el universo, escribió un libro, y embarazó a una virgen para que su hijo nos perdonara los pecados que cometimos y los que nunca cometimos, y que nos castigará o premiará, entre llamas y nubes, lo que hacemos o no con nuestro cuerpo o nuestras mentes. Esta batalla fundamental la entiende también el padre Alfonso Llano y lo explica en su fantástica y para nada hipócrita o prepotente columna, en la que nos explica, palabras más palabras menos, que no creer en la doctrina católica es un acto sólo digno de tontos, ciegos y animales presos de otras religiones o que nunca han podido liberarse de los males de la honestidad intelectual y el pensamiento crítico.
Por eso convoco a todos aquellos defensores de la razón a que se hagan sentir, en las redes sociales y en las calles, digámosle al gobierno que este país lo que necesita es al señor Alejandro Ordoñez en el ministerio público para que nos guíe a la civilización. Para que evite que nos hundamos en la animalidad, porque si somos racionales, veremos que sólo en el reino animal, en la jungla y en la selva y en el mar, se ve la estupidez de la libertad, la igualdad, y la justicia social. Que dios y Ordoñez nos libren de ese infierno.
@viboramistica
Apenas el Procurador Alejandro Ordoñez comunicó su deseo de ser reelegido para un segundo periodo como cabeza del Ministerio Público, se alborotó el avispero de la opinión pública. Salvo los sectores ultraconservadores, cuya voz más lúcida es Godofredo Cínico Caspa, o las razonables y nunca contradictorias voces del nuevo liberalismo como Simón Gaviria o Juan Manuel Galán, se empezaron a escuchar las protestas de grupos en desacuerdo. Columnistas, analistas, jóvenes, gays, ateos, científicos, el nuevo movimiento "Procura" y hasta la Red Nacional de Mujeres, liderada por la feminista Florence Thomas, se oponen al prospecto de reelección aludiendo la pérdida de libertad, la imposición de valores o la objetividad de sus juicios, y tratando a Alejandro de inquisidor, misógino, homofóbico y de doble moral. Pero lo más curioso de estas críticas es que son ciertas. El procurador es enemigo de la libertad y la igualdad, y es precisamente esa enemistad lo que lo define como el único salvador de este país, como el guía que podrá llevar a Colombia hacia la modernidad.
Las razones para un segundo periodo de Ordoñez en la procuraduría son simples y salen de boca del mismo procurador, que declaró en una entrevista que “esta práctica (la tauromaquia) es una muestra del triunfo de la razón (del hombre) sobre la fuerza (de los animales). Hay un escenario que no podemos desconocer: la fuerza y la inteligencia, en el cual sale triunfando la razón”. Imposible imaginarse una mejor metáfora para explicar la necesidad de reelegir al procurador. Primero porque pocos actos son más racionales que la tortura y asesinato de un animal para el regocijo de un público sumergido en alcohol, sangre y muerte. Y segundo porque Alejandro es un guerrero, un torero regordete y calvo, forrado en lentejuelas color madre patria, blandiendo las banderillas de la lógica y la espada de la razón, buscando matar la irracionalidad y la animalidad que pone en jaque a esta sociedad.
El toro de la irracionalidad nos amenaza de muchos formas, con cornadas y coces violentas, con paciencia y con furia, buscando imponer la animalidad sobre la razón. Hoy en día esta irracionalidad que reta al procurador ha atacado con embestidas que hasta ahora ha sabido capotear magistralmente. La primera embestida es la que llaman “Libertad sexual y reproductiva de la mujer”, con la que piden a gritos el supuesto derecho al uso de anticonceptivos y la interrupción temprana del embarazo, como si fuera razonable pensar que las mujeres tienen el derecho a la igualdad y que además son soberanas sobre su propio cuerpo. Vaya tontería. Y la segunda embestida es la de los grupos homosexuales, también pidiendo igualdad, esta vez para tener las mismas oportunidades, casarse y adoptar, como si el amor fuera suficiente para casarse y tener acceso a la seguridad social conyugal. Si los derechos de la mujer son irracionales, los de los gays aún más, y sumémosle algunos menores como los derechos de la libertad de opinión y de culto, pequeñas coces con las que también arremete la animalidad. Es contra estas embestidas que Ordoñez ha dado sus mejores faenas, pero le falta dar la estocada final. Por eso hay que reelegirlo, porque necesitamos que mate al toro y salga con orejas, rabo, nariz y pezuñas por la puerta grande y en hombros, los que sean necesarios, y preferiblemente hombros femeninos porque un gordito de lentejuelas en hombros masculinos se vería como gay.
Pero hay una batalla más importante que lucha Ordoñez, una de mayor importancia y dificultad que lidiar con las pusilánimes embestidas de aquellos que buscan libertad e igualdad. Es la imposición de los valores que justifican sus posiciones, la imposición de la doctrina católica, la que significará el triunfo definitivo de la racionalidad sobre la animalidad. Porque no hay nada más racional, no hay un acto que demuestre la superioridad intelectual, lógica y moral de forma más clara, que creer, basar su vida y forzar en otros la convicción de que un ser invisible, si bien omnipresente y omnipotente, creó en siete días el universo, escribió un libro, y embarazó a una virgen para que su hijo nos perdonara los pecados que cometimos y los que nunca cometimos, y que nos castigará o premiará, entre llamas y nubes, lo que hacemos o no con nuestro cuerpo o nuestras mentes. Esta batalla fundamental la entiende también el padre Alfonso Llano y lo explica en su fantástica y para nada hipócrita o prepotente columna, en la que nos explica, palabras más palabras menos, que no creer en la doctrina católica es un acto sólo digno de tontos, ciegos y animales presos de otras religiones o que nunca han podido liberarse de los males de la honestidad intelectual y el pensamiento crítico.
Por eso convoco a todos aquellos defensores de la razón a que se hagan sentir, en las redes sociales y en las calles, digámosle al gobierno que este país lo que necesita es al señor Alejandro Ordoñez en el ministerio público para que nos guíe a la civilización. Para que evite que nos hundamos en la animalidad, porque si somos racionales, veremos que sólo en el reino animal, en la jungla y en la selva y en el mar, se ve la estupidez de la libertad, la igualdad, y la justicia social. Que dios y Ordoñez nos libren de ese infierno.
@viboramistica
