Dolor de bolsillo

Foto de la Registraduría Nacional del Estado Civil

Dolor de bolsillo

7 de marzo del 2018

Este domingo, los colombianos tenemos una cita con la democracia. Aunque esa es una frase muy utilizada, empiezo con ella porque las elecciones son un compromiso que desde el punto de vista que he tratado en estas líneas, representa un costo para todos; por lo mismo, debemos ser conscientes de cuánto sale de nuestros bolsillos, de cuánto nos cuesta no solo la logística, sino, sobre todo, dejar de participar.

Hay unas cifras que hacen parte del presupuesto de la organización. Según la Registraduría Nacional del Estado Civil, casi tres mil candidatos se inscribieron y por distintos motivos, varios renunciaron o no cumplieron con los requisitos y una semana después la cifra quedó en 2.736 candidatos. 

Recibir las candidaturas, revisar su legalidad, confirmar la cifra final, diseñar los tarjetones, hacer un sorteo público para definir la ubicación de cada candidato en el tarjetón son parte de los costos que implica este solo aspecto.

A la par, la Registraduría tenía abiertos los procesos de inscripción de cédulas para que los integrantes del censo electoral, es decir, nosotros, los más de 36 millones de electores, pudiéramos cambiar de sitio para votar, si queríamos.

El resultado es que este domingo elegiremos a los nuevos integrantes del Congreso, esos fulanos que por los siguientes cuatro años estarán a cargo crear las normas que puedan lograr que este sea un mejor país.

Que ejercerán el control político de nuestros dirigentes, que estarán atentos a las necesidades de cada región para al menos proponer soluciones (¿alguien recuerda a quién le dio su voto hace cuatro años y tiene claro si cumplió con sus expectativas y con el resumen de funciones que acabo de hacer?).

Además, los cercanos a dos ideologías políticas elegirán a su favorito para que sea candidato en las siguientes elecciones: las presidenciales. Por eso en cada mesa de votación estarán entregando tres tarjetones: el de Senado de la República, el de la Cámara de Representantes y el de una de las consultas internas. Y conviene tener presente que aunque en redes sociales incitan a pedir el tarjetón de la llamada consulta anticorrupción, todavía no está autorizada por el Congreso, o sea, este domingo no existe esa consulta.

Los costos suman 1,7 billones de pesos. Solo las consultas de los dos partidos valen 33 mil millones. Ese precio incluye los 18 millones de tarjetones todas las demás necesidades de los 110 mil puestos de votación.

Para tener en la memoria: en las elecciones de Senado y Cámara de 2014 podían votar más de 32 millones de colombianos, pero apenas 43,58% de ese censo fueron a las urnas. Es decir, menos de la mitad de los ciudadanos decidieron quiénes conformarían el actual Congreso, integrado por 102 personas.

Y para no abrumarlos con más cifras y terminar de justificar que haya dedicado estas letras a este tema, quiero recordar al dramaturgo alemán Bertolt Brecht:

Foto de la Registraduría Nacional del Estado Civil

El peor analfabeto
es el analfabeto político.
No oye, no habla,
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del pan, del pescado, de la harina,
del alquiler, de los zapatos o las medicinas
dependen de las decisiones políticas.

El analfabeto político
es tan burro, que se enorgullece
e hincha el pecho diciendo
que odia la política.

No sabe, el imbécil, que,
de su ignorancia política
nace la prostituta, 
el menor abandonado,
y el peor de todos los bandidos,
que es el político trapacero,
granuja, corrupto y servil
de las empresas nacionales 
y multinacionales.

En serio, al menos debiéramos hacer todo lo posible por participar en las elecciones para que no nos resulten tan costosas, porque, sin apasionamientos partidistas, la del domingo es la mejor oportunidad para que la abstención, la indiferencia y en últimas el analfabetismo político sufran su mayor derrota. Si no por dolor de patria, al menos por dolor de bolsillo.

@jgiraldo2003

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