Elogio a Valledupar

9 de mayo del 2011

Un acordeón se expande y se contrae, y el Valle se inunda de leyendas. Deambulan por las calles. Es la tierra de Francisco el Hombre.

A lo lejos, suena un vallenato. Puro como el aire de la montaña. Son aquellos versos, que se cantan a la tierra. Es el Valle sublime, epifanía del universo.

Cada rincón está lleno de historias y cada historia es un acordeón. Una caja, una guacharaca, una voz. El Valle lleno de tradición.

Es la tierra de reyes. De guerreros incansables, que en una tarima se baten, tocando aquellos vallenatos.  De siempre. Vallenato eterno.

Suena un paseo, un merengue, una puya, un son. Y en ellos está inmerso el sentimiento, puro, cristalino, como las aguas del río Guatapurí. De todos aquellos juglares, que hoy son más que leyendas.

Ahí está el Valle. Surcado por montañas indomables. Lleno de paisajes preciosos. De gente alegra, espontanea. Seres valiosos.

El visitante es vallenato. El vallenato lo es aun más. Y en el Valle, solo se respira folclor. Se ama la tierra, se respeta la tradición.

Vuelvo al valle. A recorrer sus calles. A untarme de costumbre. Vuelvo al Valle, porque estoy enamorado de esa ciudad.

Vuelvo a la plaza. Vuelvo a visitar a mis amigos. A mi familia. Vuelvo a la parranda vallenata. Disfrutar de un buen vallenato. De un buen trago de whisky.

Luego a liberarme de la resaca. A orillas del río Guatapurí. Cuando ya el sol, está por despuntar en el horizonte. Cuando sus primeros rayos, iluminan la montaña.

Mi voz perdiéndose en el sentimiento vallenato. Como en un trance liberador. Levantando mis manos al cielo. Quizás agradeciendo a Dios, por haber creado aquel hermoso rincón.

Hoy, solo palabras de elogio para ti Valledupar. Para el Festival de la Leyenda Vallenata. Para toda esa gente amable y valiosa.

Para esa ciudad hermosa, de la que me he enamorado.

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