En defensa de la violencia contra la mujer

10 de agosto del 2011

Después del alboroto causado por la acalorada discusión entre el “Bolillo” Gómez y su acompañante, y que muchos exagerados han tildado de “violencia de género, me siento bastante preocupado. El escándalo fue desproporcionado. El Bolillo apenas le lanzó cuatro, si, apenas cuatro puños al rostro. Y según el Instituto para el Fomento de la Violencia […]

Después del alboroto causado por la acalorada discusión entre el “Bolillo” Gómez y su acompañante, y que muchos exagerados han tildado de “violencia de género, me siento bastante preocupado. El escándalo fue desproporcionado. El Bolillo apenas le lanzó cuatro, si, apenas cuatro puños al rostro. Y según el Instituto para el Fomento de la Violencia Contra la Mujer, perteneciente al grupo investigativo del que Nicolás Uribe saca sus datos acerca del aborto, una agresión sólo se considera como “seria” si sobrepasa los diez golpes en la cara. En los brazos, piernas o costillas no cuenta. Entonces, por simples matemáticas, lo del Bolillo sólo fue 40% terrible. Tenemos que ser realistas.

Parece que en Colombia aún no entendemos lo que es la violencia contra la mujer. Un síntoma de esto es que, como nos lo recordó la senadora conservadora Liliana Rendón en su famosa entrevista en CM&, lo primero que teníamos que preguntarnos era ¿Qué hizo la mujer para que el “Bolillo” le pegara? Porque parece que algo hemos olvidado como sociedad, y es que la violencia contra la mujer es mala siempre y cuando no esté justificada. Y hay varias instancias para justificarlo. Además, aquel que nunca le haya pegado un puño en el ojo a una mujer indefensa, que tire la primera piedra. Y que se la tire a una mujer.

Lo primero que hay que entender es que el matrimonio, más allá del amor y la familia y el respeto y quererse en las buenas y en las malas y esas cosas cursis, es una institución que le brinda al hombre alguien con quién desquitarse, con quién descargar su ira, sus miedos y sus frustraciones. Y esta es una labor fundamental de la mujer, porque entonces, ¿Qué más va a hacer un hombre frustrado? ¿Pegarle a otro tipo en la calle? No, eso es peligroso para la salud del hombre. Por eso El Bolillo le pago $100.000 pesos al tipo del parqueadero, para que lo defendiera de los demás hombres. La mujer es como una pera de boxeo, nunca responde. Es un tema de seguridad.

Pero la violencia contra la mujer no está justificada sólo cuando se trata de la descarga de frustraciones del hombre. Hay situaciones en las que la mujer se merece el maltrato, por ejemplo cuando está de mal genio. O cuando está triste y está llorando y nos fastidia. O cuando deja las llaves dentro del carro. O cuando el desayuno le queda feo y lo lleva a la cama demasiado tarde o demasiado temprano. O cuando tiene razón y sabemos que no podemos dejarle creer que tiene razón. Pero sobre todo, cuando no hace lo que se le dice. Y ese no es un invento de nosotros los hombres, es un tema de la biblia. La mujer le debe sumisión y obediencia absoluta al hombre, porque es de su propiedad. Entonces, si la mujer no hace caso, si no quiere irse del bar, si no quiere quedarse encerrada en la casa, si no quiere cambiarse esa ropa provocativa, si no quiere hacernos comida, si no quiere traernos un cerveza de la nevera, si no quiere irse para la casa y dejarnos tranquilos con la prostituta que acabamos de conocer, o si no quiere tener sexo con nosotros, ¿Qué más vamos a hacer? Como dice Liliana Rendón, hay que educarlas, amaestrarlas, domesticarlas, ¿Y acaso hay algo de malo en educarlas a golpes? ¿Acaso no le enseñamos así a los perros?

Así que pongamos esto de “violencia contra la mujer” en contexto y no seamos tan escandalosos. Miremos las circunstancias, porque cada vez que veamos un hombre golpeando una mujer, la probabilidad de que haya un motivo para ello es alta. Entonces no juzguemos al hombre, porque seguramente la culpa es de la mujer. Porque la violencia de género es como la violación, es un acto despreciable, tal vez el peor crimen que se puede cometer después del asesinato, a no ser que uno quiera tener sexo con una mujer y ella no quiera. En ese caso, ¿Qué más va a hacer uno? ¿Irse a la casa a dormir? Obviamente no. Como hombres, estamos en nuestro legítimo derecho de, si la mujer no quiere darnos algo que queremos, tomarlo por la fuerza.

@viboramistica

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