En España hace falta una foto

30 de septiembre del 2018

Por Juan Restrepo.

En España hace falta una foto

Para que los lectores de este blog –mayoritariamente colombianos, supongo– no huyan ante el titular de un tema tan aparentemente ajeno y lejano, les adelanto que unas grabaciones salidas a la luz en estos días, han revelado que jueces españoles estuvieron en su momento en Cartagena contratando los servicios sexuales de menores de edad. Ocurrió durante uno de los múltiples congresos que esa ciudad suele albergar.

Ninguna novedad que vengan extranjeros a esos menesteres a La Heróica. Como los agentes de seguridad de Barack Obama o como miles de turistas que vienen a lo propio, atraídos por el despelote de una ciudad sin ley en donde ya hemos perdido la cuenta de los alcaldes que han pasado por la casa consistorial en los últimos años, consecuencia este trasiego de la corrupción que impera en la villa.

Resulta chocante, eso sí, que los protagonistas del último fornicio cartagenero famoso sean magistrados. Mejor dicho, que sean magistrados españoles. Para Colombia, el único país del mundo que cuenta con un cartel de venta de sentencias dentro de la magistratura, no llama demasiado la atención saber de escándalos protagonizados por estos profesionales.

Pues resulta que el destape hecho en la grabación de marras sobre la actividad extracurricular de los jueces españoles en el Corralito de Piedra, lo hizo la actual ministra de Justicia allí, Dolores Delgado. Y que uno de los interlocutores que aparecen en las varias grabaciones sobre otros asuntos de interés para los españoles protagonizados por la señora Delgado es Baltasar Garzón, que en Colombia no necesita ser presentado; buen amigo de doña Lola, dice la prensa de ese país.

Un abogado cercano, a quien conté un día las penalidades padecidas por un querido amigo en su vida privada por haberse enredado en las faldas de una juez, me hizo el siguiente comentario: “Cometió la peor equivocación, de los jueces mientras más lejos, mejor”.

Quienes hemos vivido de cerca la evolución de la vida española en los últimos cuarenta años, hemos visto tres momentos de un claro protagonismo de los tres poderes clásicos del Estado en democracia.

Tras la desaparición de Francisco Franco, la sociedad española estuvo pendiente varios años del poder Legislativo, que terminó por dotar a España de una Constitución que permitió cerrar (lamentablemente no del todo) heridas de una guerra civil, y dotar a los españoles de unas normas de convivencia ejemplares.

Todos vimos con curiosidad y asombro la llegada a la sede parlamentaria de personajes míticos del pasado como Pasionaria, Santiago Carrillo o Rafael Alberti. Y seguimos la actividad de los constituyentes redactando la Carta Magna. Supimos los nombres, la vida y milagros de los diputados hasta que el país vio la foto de un teniente coronel de la Guardia Civil disparando desde la mesa de la presidencia del Congreso en un intento de golpe de Estado, en 1981.

Tras un breve paréntesis, comenzó al poco tiempo de aquello el progonismo del poder Ejecutivo con el triunfo –impensable pocos años atrás– del partido Socialista, Psoe, y su líder Felipe González. España ingresó en Europa y en la Otan, y el presidente del Gobierno español adquirió figura de estadista mundial; hasta que vimos la foto de Felipe flanqueado a ambos lados por los dos líderes del mundo, Ronald Reagan y Mijail Gorvachov en la Conferencia de Madrid, en 1987.

Esa misma semana, un escándalo de corrupción por la financiación ilegal del Psoe señaló el comienzo del declive de Felipe González, de la aureola del Ejecutivo, y dio paso al protagonismo del poder Judicial. Hasta entonces nadie, a no ser por algún juicio de faltas o que hubiéramos acudido a la Magistratura de Trabajo, conocíamos el nombre de un juez.

Y desde entonces no ha parado. Los jueces españoles son los reyes del mambo. Una sentencia judicial produjo el último gran vuelco político como fue la caída del Gobierno de Mariano Rajoy y la pirueta de moción de censura que subió al poder a Pedro Sánchez.

Toda la podredumbre que emana de las grabaciones hechas por un policía corrupto en connivencia con fiscales y con jueces, entre ellos Baltasar Garzón, perejil de todas las salsas, debería producir esa foto que hace falta en España. No la habrá. Seguiremos esperando.

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