En honor a mi fotógrafo

21 de marzo del 2011

El viernes pasado conocí a una periodista (practicante) que asume que tiene fotógrafo. En adelante la llamaré “mi periodista”, dado que inspira este texto, que si es mío.

Todo empezó en una conversación sobre los periodistas y los fotógrafos, sobre la importancia del redactor sobre el que toma la foto, sobre lo necesario que es un buen texto para que una foto tenga sentido, sobre lo prescindible que puede llegar a ser el fotógrafo “porque cualquiera toma una foto, pero no cualquiera puede escribir”. Argumentaba mi periodista por ejemplo, que cuando va a hacerle una nota a un ministro, la que se presenta es ella: fulana de tal, periodista del periódico tal, y vengo con mi fotógrafo. Inmediatamente ella tiene acceso a su entrevistado, pero en cambio, jamás ha visto que el fotógrafo se presente y diga “fulano de tal, fotógrafo de tal periódico y vengo con mi periodista”. Eso no tendría presentación, explicaba.

Mi periodista quien cuenta con una amplia experiencia de tres meses como practicante en un medio nacional, y seis en uno regional, se vio de pronto enfrentada contra tres fotógrafos curtidos, con más de diez años encima haciendo click!, para completar sus argumentos periodísticos remató con el hecho dramático de “ser mujer”. En pocas palabras era la más vulnerable. En ese momento yo que no soy ni lo uno ni lo otro (ni redactor ni fotógrafo), y mucho menos feminista frustrada, me sumé a la mayoría, ósea a los hombres fotógrafos. Neooportunismo dirán algunos. Tal vez. Pero lo cierto es que el asunto este de las imágenes ilustrativas me pica y si a eso le sumamos aquello de la vulnerabilidad como una condición casi de inmunidad diplomática que exime de toda culpa, me pica aun más.

Yo no creo creo que el fotógrafo es de la periodista o la periodista del fotógrafo y tampoco creo que son un equipo que se complementa, fotógrafo con periodista y periodista con fotógrafo y viceversa. La imagen como el texto es autónoma. Lo que si creo es que todo este planteamiento imposible de argumentar, no es necesariamente culpa de mi periodista. Es como tantas cosas culpa de la escuela. Si. De la escuela y de Occidente y del cristianismo que nos taró a punta de buenos y malos, de escritura y oralidad; desde que nacemos nos enseñan a hablar y a escribir. Pero no a observar. A todo niño le celebran las primeras palabras, las primeras letras escritas y la primero que lee; incluso, le regalan libros antes de saber leer. Pero no conozco al primero que le celebren su primera observación y como premio le regalen una cámara, porque se supone que siempre ha visto. En fin.

Partiendo del hecho de que la mirada es supuestamente equitativa, que todos vemos lo mismo, se da por sentado que ver es natural, como lo es oir. Inherente al ser humano como dirían en estas tierras. En cambio, el lenguaje no es el mismo para todos: el lenguaje es un asunto de clase; no es lo mismo el discurso de un rey que el de un hampón de las calles, por eso el que escribe bien tiene cierto estaus en nuestra sociedad, y por esas mismas convicciones es que un mal redactor siempre se considerará a si mismo mucho más importante y necesario que el mejor fotógrafo. Y digo que es malo, porque si uno cree que saber juntar las palabras y hacer que suenen bien es un gran mérito, cuando esto lo que más nos han enseñado a hacer en este lado del mundo, está confundido. Hasta en el peor colegio le enseñan a uno a leer y a escribir. Nos forman para saber escribir, saber leer y saber hablar, así sea paja, pero bien dicha; las pruebas para ingresar a la universidad y “ser alguien en la vida” están basadas en el lenguaje escrito. Por eso, así todo el mundo diga que vivimos en la sociedad de la imagen, en una época visual, en la era de los medios masivos, etc., etc., etc., la imagen sigue estando subordinada al texto. Primero miramos el pie de foto, después la foto; con la información entendemos fácilmente la imagen.

Y pese a esto, ¿alguien ha comprado un periódico porque en primera tienen un texto de página completa de un gran escritor? Nooooooooo. Lo compramos porque salió Japón destruido, el presidente llorando, la foto de la reina de belleza. Y en estas épocas de micro contenidos la cosa se complica aun más. ¿Como será entonces el día que desde pequeños nos enseñen a ver?

Así las cosas los periodistas que creen que tienen un fotógrafo y siguen viviendo en una sociedad estrictamente discursiva, firmemente convencidos que una imagen sin un texto es basura, están condenados a desaparecer…

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