En la final de la Champions el favorito es el Barcelona

19 de mayo del 2015

Aunque la versión del Barcelona de Luis Enrique no es la romántica ni la florida de Guardiola, es acaso más concisa y no necesita de la procesión abundante de pases cortos interiores que poseía el juego del anterior entrenador. En el fútbol de Guardiola la pelota iba a los lados sólo cuando causara daño al […]

Aunque la versión del Barcelona de Luis Enrique no es la romántica ni la florida de Guardiola, es acaso más concisa y no necesita de la procesión abundante de pases cortos interiores que poseía el juego del anterior entrenador. En el fútbol de Guardiola la pelota iba a los lados sólo cuando causara daño al rival, por eso se reproducían los pases interiores hasta el agobio del contrario, y vuelta otra vez, con la paciencia del santo Job, hasta encontrar el hueco, y de contera, pasar por encima del adversario como ningún equipo lo había conocido en este siglo; para no decir en la historia del fútbol. Igual que el mamut moría de extenuación, después de ser perseguido por los primeros hombres modernos durante días enteros, así remataba el Barcelona de Guardiola a sus oponentes. Los barría de tal modo, que terminaban por desear que se acabara el juego lo más pronto posible.

Este Barcelona enciende menos pasiones, como es evidente, no gusta tanto a la vista y suele pasar por largos momentos del juego que le conceda la pelota y el terreno al contrario; algo impensado cuando Guardiola era el entrenador. Así sucedió con el Bayer Múnich en la semifinal, al que ni siquiera se preocupó por atacar en el segundo tiempo. El tímido objetivo fue que transcurrieran los minutos y evitar que hubiera más de un gol de diferencia; cuando por lo hecho en la primera etapa, no era necesario que pasara el Barcelona por tantos apuros.

La cualidad más evidente de Luis Enrique es haber puesto todo a favor para que la mejor delantera del mundo, con Messi, Suárez y Neymar, le resuelva los partidos. Y cuando el rival es importante, se siente más cómodo, porque le cede el balón y el terreno para encontrar el campo expedito al recuperar la pelota. Por supuesto la diferencia la pone Messi, que si no es el finalizador, es quien hace la asistencia u origina desde atrás las jugadas de peligro. Sin Messi el equipo sería tan diferente como restringido en su poder ofensivo. Es una suerte que el argentino lo quiera jugar todo y casi nunca se lesione.

De la Juventus se puede decir, por lo visto en el partido contra el Real Madrid, que es un equipo muy fuerte en defensa. Aunque Chiellini no es el jugador más querido, limpio o elegante, junto a Bonuci hacen un buen tándem y rechazan hasta las monedas que les tiran desde la tribuna. Lichtsteiner y Evra son laterales firmes, tanto en defensa como en ataque. La zona media con Pirlo, Pogba, Marchisio y Vidal es de las mejores del mundo; y con Tévez y Morata adelante, son un peligro constante.

Juventus es un equipo valiente, sabe manejar la pelota con criterio y tiene los jugadores para hacerlo. Busca con claridad el arco rival, no sólo cuando puede, también cuando debe, y si ganara la final para muchos no sería una sorpresa.

@juancuellarp

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