En verdad fue una “Crazy Colombian Wellcome”

22 de agosto del 2011

Crazy Colombian Welcome, video Los editoriales de la revista Arcadia, que su directora Mariene Ponsford escribe de forma tan clara y concisa, suelen analizar críticamente parte del escenario cultural colombiano. Estos análisis son en su mayoría acertados, empleando argumentos con el conocimiento propio de los estudios culturales sin necesidad de apabullar sus lectores de referencias […]

Crazy Colombian Welcome, video

Los editoriales de la revista Arcadia, que su directora Mariene Ponsford escribe de forma tan clara y concisa, suelen analizar críticamente parte del escenario cultural colombiano. Estos análisis son en su mayoría acertados, empleando argumentos con el conocimiento propio de los estudios culturales sin necesidad de apabullar sus lectores de referencias académicas. Pero más que esto, la objetividad constante de los editoriales se debe a la distancia que Ponsford tiene como extrajera. Puede ella, en unos cuantos párrafos y ejemplos, desmembrar la cultura colombiana y enumerar las razones de los problemas que existentes sin el miedo propio del autoanálisis y la posterior autocensura. Sus editoriales se convierten, entonces, en una herramienta preciosa para entender lo que pasa en la compleja cultura colombiana y vislumbrar soluciones para sus numerosos problemas.

A pesar de esto, no dejé de leer su última editorial (“Crazy colombiam wellcome” Arcadia N. 71) con un poco de distancia y perplejidad. Ponsford se vale de la reacción que los medios de comunicación tuvieron del famoso video de las policías bailarinas para ilustrar la gran fractura cultural que existe hoy en día en el país. Los medios de comunicación se quejaron de la actitud de la Policía Nacional y de la vergüenza que tal actuación les hizo pasar a los colombianos. Para Ponsford esto demuestra la brecha que hay entre las élites culturales, que ven con malos ojos la cultura popular, y la cultura popular propiamente dicha que, siendo la mayoría, va por su propio camino. Ponsford crítica la reacción de los medios, defiende a la Policía Nacional y se ampara en lo anacrónico que resulta la división entre una cultura élite y la cultura popular en un mundo como el de hoy. Ilustra, además, como algo similar que no fue recriminado por los medios de comunicación, el recibimiento de algunos jóvenes al cantautor argentino Kevin Johansen con los Gaiteros de San Jacinto. Se pregunta entonces “¿Cuál es la distancia real entonces entre lo hipercool, lo hiperplay y las expresiones populares que producen tanta vergüenza en las élites y el stablishment periodístico? La respuesta es el prejuicio.” Y termina su editorial de la siguiente forma:

“El recibimiento de la Policía Nacional a la selección inglesa no fue ridículo. Fue una expresión autentica de origen popular, en un espacio simbólico típico del mundo de hoy, en el que se funden (o se enfrentan) lo culto, la masivo y lo popular. Parece que hay más confusión identitaria en los esnobistas elitista nacionales que en el alma popular del país, la mayoritaria, la verdad, y que por cierto baila estupendamente bien.”

La tesis que defiende Ponsford es completamente cierta. La fractura cultural colombiana es un resultado de una mezcla mal llevada desde tiempos coloniales, pero de allí no se sigue que lo hecho por la Policía Nacional sea aceptable. No se critica que se haya dado la bienvenida a los jugadores ingleses con un baile autóctono, sino que haya sido la misma Policía la que lo haya hecho. La Policía Nacional es una institución importante y seria que debe comportarse como tal. No importa que las policías en cuestión estuvieran bailando porro, merengue, música electrónica o un valse de Tchaikovsky, el punto es que no es comportamiento apropiado para una institución como ésa, cuya labor es, además, muy diferente. Bien se hubiera podido contratar a un grupo profesional, tal como lo hicieron los jóvenes que recibieron Kevin Johansen, mientras los policías cumplían su labor constitucional. No es una lucha entre una cultura elitista y una popular, es más bien, la lucha por lo que es apropiado o no hacer según la condición de cada quien. Como no estaría bien visto que un adulto hecho y derecho forme una pataleta en espacio público, no está bien visto que la Policía reciba a unos extranjeros con un baile autóctono cuando su labor es otra completamente distinta.

Ponsford advierte la falla en su argumentación y se adelanta a la posible crítica, pero la respuesta que da es pobre. Dice ella que los mismos que aducen lo inapropiado que era el evento para una institución seria como la Policía Nacional, son los mismos que piden que la institución esté más cerca de la población, mostrando una cara más amable y no sólo represiva. Pero Ponsford olvida que la pretensión de la Policía era estar más cercana al pueblo ingles que del pueblo colombiano, porque cualquier compatriota que se bajé de un avión en El Dorado es requisado más que bienvenido con un baile autóctono.

Entonces, en verdad fue una bienvenida loca y un tanto vergonzosa, porque a la policía le quedan más los desfiles militares que los bailes y porque el verde oliva de la Policía es tan de mal gusto que desentona con cualquier música.

Postdata: acá están los filósofos.

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