Entre la libertad de expresión y el culto a la irreverencia

Entre la libertad de expresión y el culto a la irreverencia

14 de enero del 2015

La semana pasada ocurrió uno de los hechos más relevantes en lo que va corrido del año, así como de la historia reciente de Francia. El asesinato de la casi totalidad del grupo de redacción del portal satírico Charlie Hebdo por parte de un grupo extremista musulmán en París, desató una ola mundial de reacciones que valdría la pena matizar. El hecho de que los acontecimientos ocurrieran en Francia, tierra de la “libertad, igualdad y fraternidad”, generó que el ambiente se crispara en busca de la defensa de la “libertad de expresión”. Prueba de ello han sido las multitudinarias manifestaciones que han ocurrido en distintos puntos de la geografía mundial con el slogan de #JeSuisCharlie (yo soy Charlie, en francés).

Por supuesto, siempre será censurable todo tipo de violencia; especialmente aquella que esta dirigida a acallar cualquier tipo de opinión. Aun así, creo que este caso es mucho más amplio de lo que los grandes medios han registrado y cabe un análisis que no se dedique a repetir conceptos como “guerra contra el terrorismo” o “libertad de expresión.” Como diría el presidente de Francia, Francois Hollande, el atentar contra libertad de expresión es atentar contra la misma humanidad. Si bien esto es cierto, también es sano entender que “el derecho a decir lo que e nos da la gana” no puede pasar por destruir o burlarse de lo que para otro es sagrado.

Bajo ningún motivo es sano confundir la “libertad de expresión” con el culto a la irreverencia. Hay que decirlo con toda sinceridad: el portal Charlie Hebdo ha ganado su público con base en la grosería y la extrema xenofobia. Burlarse de una cultura, de sus creencias y promover el odio hacia ellos no es libertad de expresión sino apología a la violencia. ¿Hasta que punto es libertad de expresión burlarse de los miles de muertos que han habido en Palestina? (Para la muestra, así nos veía Charlie Hebdo en el Mundial de Brasil 2014)

Indudablemente nos falta muchas veces responsabilidad para expresar nuestras opiniones, porque son mucho más eso. En este caso, se está protegiendo con el discurso de “libertad” una campaña de islmofóbia que ya ha despertado grupos radicales por toda Europa que buscan eliminar cualquier vestigio de la cultura musulmana en Occidente (si es que hoy en día existe algo como “Occidente” u “Oriente”). Aunque lo que pasó en París no deja de ser terrible, ojala la solidaridad con las víctimas no se confunda con el odio hacia una cultura tan bella como antigua -el lslam-. Ni todos los musulmanes son terroristas, ni todos los colombianos somos narcotraficantes.

*No deja de ser irónico que Francia se rasgue las vestiduras por defender la “libertad” y haya promovido una ley que prohibe a sus ciudadanos portar símbolos religiosos. Como si la libertad de culto no fuera eso: libertad —

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