Es usted Bogotano?

10 de julio del 2012

Los Bogotanos además hemos revertido nuestro estado al estado de naturaleza pre-político, en donde el conflicto siempre está latente.

He escuchado ciudadanos hablando de las fallas de Bogotá y como ellas provienen de la entrada indiscriminada de personas de la “provincia”, porque ellos no son de aquí y no cuidan lo que no es de ellos. He escuchado ciudadanos decir también que solamente se es un bogotano de verdad si se lleva más de cierta cantidad generaciones viviendo, naciendo y muriendo en Bogotá. He escuchado ciudadanos quejándose de los problemas de movilidad que hay en Bogotá, aduciendo como causa la pobre infraestructura que nuestra geografía y corrupción nos obligan a construir. He escuchado estas y otras quejas, pero nunca he escuchado posiciones.

Un Bogotano no es producto de la estirpe o del lugar de origen, un Bogotano es aquel que experimenta la ciudad. Por esto es que no hemos hallado soluciones, porque todavía discutimos por lo irrelevante y sacamos pecho por los regionalismos. Ay los ‘ismos’…

Ser Bogotano es experimentar ese pánico de usar Transmilenio en hora pico, con esa voz en la mente que va revisando la lista de chequeo: “Cuándo me bajo?”, “Ojo con la billetera.”, “La mano encima del bolso.”, “Pilas con ese tipo de ahí.”, “Esa vieja está buscando a quién robar.”, “Me pongo la maleta al frente?” y el más común aunque subconsciente: “A estos @#$%@$^ no los dejo bajar.”.

No me quito y qué!?
No me quito y qué!?

Ser Bogotano es ir manejando por cualquier calle o carrera, sabiendo que las calles van de este a oeste y las carreras de sur a norte, pero no siempre porque no le hicimos caso al plan director de Le Corbusier y permitimos la construcción en donde se nos dio la gana.

Ser Bogotano es pensar entre el acelerador y el embrague: “No puso la direccional, mucho animal.”, “Ese imbécil se ganó el pase en una piñata.”, “Vieja tenía que ser.”, “Este idiota se me va a meter a mi carril, pues no lo dejo.”, “Claro! Con carro grande quién no?”, “Esos tipos con esos zapaticos se meten donde sea.” y muchos otros pensamientos que rondan más al otro que a uno.

Nuestro diario vivir en la ciudad es lo que nos hace Bogotanos, más allá de lugar de origen, cantidad de generaciones, acento o color de piel.

Los Bogotanos además hemos revertido nuestro estado al estado de naturaleza pre-político, en donde el conflicto siempre está latente. Los Bogotanos usamos el conflicto para solucionar cualquier situación, para sobrepasar cualquier obstáculo. Los Bogotanos permitimos que Aristóteles, Hobbes, Locke, Montesquieu y Rousseau hicieran el trabajo que para ellos significó forjar el contrato social que hoy reina en sus sociedades y pensamos que por arte de magia funcionaría perfectamente para nosotros. Los Bogotanos hemos sido mediocres en el cumplimiento del contrato social que nos ata al estado y por eso vemos aún muestras claras de nuestro estado de naturaleza, como lo describe la experiencia Bogotana, muestras de nuestro hombre primitivo.

Es esencial construir al ciudadano, dentro de la experiencia Bogotana en vez de construirlo usando argumentos de segregación, de autoridad y en general falacias producto de la ignorancia. Solo en ese momento corregimos el rumbo de este proceso, en donde el ciudadano vive la ciudad y la ciudad al ciudadano.

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