Escombros de una historia sin fe

20 de mayo del 2013

Desperté y no sabía dónde estaba. Solo había papeles a mi alrededor. ¿Había soñado  o simplemente no había dormido y el cansancio me tenía confundida? Todos esos  papeles  estaban llenos de frases escritas por mí. Reconocía mi letra en cada uno de ellos.  Eran frases que relataban recuerdos que me devolvían al pasado, más exactamente   […]

Desperté y no sabía dónde estaba. Solo había papeles a mi alrededor.

¿Había soñado  o simplemente no había dormido y el cansancio me tenía confundida?

Todos esos  papeles  estaban llenos de frases escritas por mí. Reconocía mi letra en cada uno de ellos.  Eran frases que relataban recuerdos que me devolvían al pasado, más exactamente   a mí  pasado.  No había nada ajeno a mí,  las podía reconocer y de alguna manera descubrir que se vinculaban con nombres que pasaban fugazmente por mi memoria,  pero a la vez me preguntaba: ¿a cuál pasado? ¿Dónde estaban todas esas vivencias si tan solo era una niña? Me levantaba de la cama quitando con la mano todos esos escritos y ahí estaba mi cuarto.  Estaba en casa de mis papás y era una niña.  En un rincón estaban las muñecas con las que había dejado de jugar hacía ya algún tiempo y del otro lado se encontraban mis diarios y mi guitarra.   Caminé hacía el baño, me miré en el espejo y era yo. Busqué el reloj rápidamente para mirar la fecha y me dí cuenta que me faltaban apenas 4 días para cumplir los 15 años. No entendía nada.  Sabía que esa era mi vida, pero ¿por qué todas esas frases que estaban en esos papeles de cuaderno? ¿Cuándo las había escrito? ¿Por qué sabía de Agustín, Marcelo, Pierre y muchos más?

Yo seguía sin entender.

Eran cientos de papeles. Tomé  uno al azar y repetí en voz alta lo que había escrito…  “No te preocupes por recoger los escombros de una historia sin fe”… Lo leí varias veces, lo podía sentir , sabía lo que había sufrido cuando  lo escribí , pero no podía entender cómo había pasado, si apenas iba a cumplir 15 años. Iba a la escuela y vivía con Papá, Mamá, mis hermanas, mis gatos y mi perro. ¿Cómo podía ser posible el recuerdo de esa relación que me traía esa frase? ¿Cómo podían mi alma y mi cuerpo sentir el dolor de esa historia de amor que solo me había dejado escombros? ¿Por qué se había terminado? En mi recuerdo aparecían sombras que sin saber respondían al nombre de Pierre y apareció el café de la Paix en Paris. Estábamos sentados los dos con un vino y unas aceitunas negras en una taza. Discutíamos acaloradamente y ambos tratábamos como niños de culparnos el uno al otro. Yo lloraba y no podía parar, mis propias lágrimas ahogaban mi respiración, hasta que tomé la decisión de levantarme y dejar a Pierre. Entendí que ya no había sino escombros en nuestra relación y que por más que quisiéramos ya no había con qué reconstruir el amor que nos habíamos  profesado en el pasado.

Pierre me llamó….. No quise voltear la mirada porque sabía que si lo hacía iba a regresar y  a prolongar la agonía de esa relación,  sabía que no debía hacerlo. Pierre me volvió a llamar, “  no te vayas, no perdamos la esperanza”. Sentí que con ese segundo llamado mis fuerzas desaparecían y que iba a regresar, pero me llené de valor y seguí caminando hasta que la voz de Pierre se perdió entre el  bullicio de la gente y el ruido de la calle….. Caminé y caminé sin rumbo hasta llegar  a la Place Du Tertre. Estaba llena de pintores,  como siempre, y me quedé observando a uno en especial que ofreció pintarme gratis. Me pintó y guardé mi dibujo. Luego me senté por horas a pensar  en la historia que acababa de dejar.

Estaba absorta en mi vago recuerdo, tratando de dibujar detalladamente a Pierre en mi memoria cuando Papá gritó : ¨baja a desayunar y organiza tu cuarto, Mamá dice que lo tienes lleno de papeles, que otra vez has estado escribiendo de noche”.

Recojo los papeles, los guardo en mi carpeta y me pregunto qué me está pasando, dónde conocí a Pierre, dónde está ¿Qué hubiera pasado si hubiera dado la vuelta para regresar?  No sé qué pasa conmigo, me miro al espejo de nuevo y veo  que ni siquiera  tengo  15 años, vivo en casa con Papá y Mamá pero extraño a ese Pierre que todavía vive en la sombra de mis recuerdos.

Pierre, siempre te voy a querer donde quiera que estés y perdóname por no haberme volteado.

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