Estado: Solo para socios

26 de mayo del 2015

La lógica de “solo para socios” le quita al país el derecho de conocer la gesta de personas que con sus capacidades aportarían inmensamente.

Detrás de la pirotecnia política, tan acendrada en nuestra historia, tan lograda y eficaz. Detrás del espectáculo de la farándula del poder, en el que los nombres saltan buscando nuevo puesto a donde posar su patrimonio electoral, para que su caterva se ensañe con la entidad de turno. Detrás de la función de los presidenciables repartiendo garrotazos para quedar en la ruta directa al pináculo, todo lo anterior, claro está, ambientado con argumentos sobre el destino del país, su economía, su infraestructura, sus regiones y demás. Detrás de la representación de anónimos convertidos en políticos gracias al giro de algunos miles, que les dan el voto por virtud de cualquier criterio, anónimos que luego van de entidad en entidad llevando su novatada como muestra de gran talento e ingenio, ahora con la etiqueta de gerentes. Detrás de toda esa barahúnda sucede un hecho no completamente conocido.

En las diversas instancias de la sociedad, en los diferentes establecimientos educativos, en las diversas universidades (oficiales o privadas), nace, crece y se prepara gente con capacidades y competencias notables, muchas de ellas proclives a la idea del servicio, del aporte a la sociedad, porque no decirlo en algunos casos, del servicio público. Crecen con el deseo de aprender, de conocer, de innovar, de aportar antes que de tener o ser, sencillamente cuentan con aquellas capacidades gracias a las que si se quisiera podrían liderar o participar en temas de importancia para la sociedad.

Se trata de talento humano que bien orientado tendría mucho que ver con las transformaciones que se cacarean como necesidad impostergable para el país. Pero Colombia no se entera de ellos ni lo hará, el Estado en sus instancias decisorias está clausurado, cerrado, aislado, capturado, allí solamente los partidos políticos (y no pocas veces el poder económico) tienen acceso, y solo los paracaidistas seleccionados en sus filas tienen posibilidades: los hijos, los nietos, los sobrinos, la sangre de la sangre del poder continúa en carrera, cuando no es ella son los nacientes o veteranos políticos que con el crédito de un grupo considerable de votantes se postulan para “servir al país”.

Los resultados son tan conocidos y tan frecuentes que ya no sorprenden, entonces sus salidas olímpicas se vuelven chistes en las redes sociales, gracejos, “humor político”, armas para asegurar la derrota cuando vuelvan a la contienda electoral, pasajes de esa historia que permanentemente pretendemos superar pero que a diario alimentamos. Y los escuchamos decir que firmaron sin leer, o sufrir todo tipo de tribulaciones explicando cómo se hace un promedio, haciendo parte de un concurso para obtener un cargo que desde el principio se sabe que será para ellos, o afirmar que asumen un Ministerio con la experiencia de ser usuarios de los servicios pero sin ser expertos en la cartera, o reclamando recursos para obras que todo el país sabe convertirán en su trampolín para lograr la cúspide, de una manera tan obvia que insulta la inteligencia.

El acceso al poder político por la única vía de los partidos sepulta individuos con mucho para aportar. El 60% de abstención no es simplemente desinterés, esta forma hermética de conducir al país les muestra a los colombianos que la política no tiene nada que ver con ellos, que es un asunto de camarillas, que las inscripciones están cerradas.

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