Final, final final, no va más (Parte I)

6 de marzo del 2015

Gracias a la colaboración entre Echemos vaina y el Consejo Mundial contra la Piratería, conocido por su sigla CTRL+C, logramos tener acceso a la obra de la escritora japonesa Nidice Murmura Musitara, que en palabras del premio Nóbel japonés Kenzaburo Oé Oé Oé Huh, “redifinió el concepto de lo indecible. Toda su obra es un […]

Gracias a la colaboración entre Echemos vaina y el Consejo Mundial contra la Piratería, conocido por su sigla CTRL+C, logramos tener acceso a la obra de la escritora japonesa Nidice Murmura Musitara, que en palabras del premio Nóbel japonés Kenzaburo Oé Oé Oé Huh, “redifinió el concepto de lo indecible. Toda su obra es un silencio incómodo”. Su novela más famosa es Asesinos en serio, que narra las desventuras de un grupo de asesinos que le temen a la sangre. Su último libro se titula Trasquilando ovejas, que relata los intentos de una detective obesa (dado que practicó el sumo por años) por resolver los inquietantes crímenes sexuales cometidos a ovejas en un condado rural. Aunque los crímenes quedan sin resolverse, con esta obra, Murmura Musitara ganó el prestigioso premio de literatura policial “La Negra tiene tumbao”.

Hoy presentamos uno de sus relatos cortos, titulado Final, final, no va más. La autora escribió este cuento una mañana veraniega de 1972, mientras redactaba el testamento de su marido, quien moriría inexplicablemente dos semanas después.

Final, final, no va más

(Traducción de Néstor Nudoshi Pote)
El detective Casimiro Salas-Pesca empleaba su tiempo libre como árbitro de fútbol profesional. Desde que atrapar criminales y resolver sopas de letras dejó de ser un asunto lucrativo, decidió inscribirse en la escuela de árbitros y optómetras “Écheme un ojo”. A los tres meses estaba habilitado para arbitrar en la Copa del Mundo y para prescribir anteojos o extirpaciones de córnea. En su primer partido como réferi, fue bautizado con la “calzoninha”, famosa jugada en la que por seguir la pelota con mirada clínica, no se advierte que una mano o guayo le baja la pantaloneta hasta los tobillos. Por tal acción, expulsó a cuatro jugadores de cada equipo, y decomisó el balón de la rabia. Esa noche, acompañado sólo por el empolillado bombillo del camerino, Casimiro Salas-Pesca lloró lo innombrable, y mientras se sonaba ruidosamente juró no volver a usar la tanga rosada que un viejo detective amigo le había regalado.
El detective Salas-Pesca alternaba el perseguir criminales y el pitar fueras de juego sin inconveniente alguno, pero unas veces confundió los papeles. En una ocasión le mostró la tarjeta roja a los bandidos que intentaba atrapar, de modo que estos, absortos, le respondieron con madrazos y disparos de alto calibre. Otra vez, esposó a un arquero a uno de los palos de la portería, para evitar que se adelantara en una pena máxima, y otra incluso descargó su revólver por un simple tiro de esquina. No obstante, y a pesar de tres prótesis para futbolistas que descontaron de su salario, el éxito siempre acompañó a Casimiro Salas-Pesca. Excepto en su último partido oficial.
Este cuento continuará en la próxima entrega…

@EchemosVaina
https://www.facebook.com/echemosvaina

 Foto de Casimiro Salas-Pesca, el detective y juez

Foto de Casimiro Salas-Pesca, el detective y juez

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO