Final, final, no va más (Parte II)

10 de marzo del 2015

La final del torneo nacional se juntó con la operación “Suéltela que no da leche”, que consistía en atrapar a una banda de apostadores que sobornaba a jugadores y árbitros. La suma de dinero apostado para la gran final era astronómica. Casimiro Salas-Pesca aceptó el soborno e identificó a los delincuentes. Debía entonces, favorecer al […]

La final del torneo nacional se juntó con la operación “Suéltela que no da leche”, que consistía en atrapar a una banda de apostadores que sobornaba a jugadores y árbitros. La suma de dinero apostado para la gran final era astronómica. Casimiro Salas-Pesca aceptó el soborno e identificó a los delincuentes. Debía entonces, favorecer al equipo veinte veces campeón, el que año tras año ganaba. Los Pumas. El detective Salas-Pesca, mientras se aplicaba crema No. 4 en las escoriaciones producidas por correr con el fierro entre el pantalón corto, sonreía al tener la clave del misterio.

En el minuto 89, tras un aburrido empate a 4, con tres expulsados, dos hombres desnudos que corrieron por el campo, un paracaidista que aterrizó en el minuto 35 de juego y un perro que se orinó en la portería sur, Casimiro Salas-Pesca pitó un penal inexistente a favor del equipo débil, los Tigrillos, aquel que jamás había levantado el trofeo.

Con el balón en el fondo de la red, el estadio explotó y Salas-Pesca rompió en silbatazos para decretar el final. Se guardó el silbato en el bolsillo y sonrió con arrogancia. Ahora se aprestaba a atrapar a los estafadores. Sin embargo, el estadio comenzaba a hervir. Los veinte mil hinchas inundaron el terreno de juego y desnudaron a los jugadores, los levantaron en brazos y los cargaron como héroes. Casimiro no se salvó del homenaje. Tras pitar el penal en la mitad de la cancha, porque un jugador lo había mirado feo, se había convertido en un héroe más que fue arrastrado por el mar de algarabía y felicidad.

Antes de que la última farola del estadio, hecho trizas, se apagara, se escuchaba el llanto de un árbitro en su camerino. Era el detective Casimiro Salas-Pesca, que lloraba y se daba golpes a la altura de su escapulario por haber confundido a los Pumas con los Tigrillos.

@EchemosVaina
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Foto de Casimiro Salas-Pesca, el detective y juez

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