Friendzone: el paraíso de los cursis

18 de diciembre del 2015

¿Está la amistad sincera y pura en vías de extinción?

Cruzar una delgada línea puede ser fatal. Das un paso y te encuentras en una zona oscura y cruel y todos tus movimientos juegan en tu contra.

Has entrado en la tela de la araña y estás perdido. “Te quiero, pero sólo como amigo”, escuchas y una sensación dolorosa, similar a una puñalada trapera te revuelve el estómago. Después, con una ridícula y triste sonrisa, recibes el premio de consolación: un beso en la mejilla, un abrazo inofensivo, la cuenta de la cena y un carnet que te acredita como miembro de la friendzone.

La mujer de tus sueños continúa su camino y tus fantasías eróticas se esfuman sin remedio. Sólo eres su perrito faldero, su amigo incondicional.

Los que entran en la friendzone son legión. En cada oficina, en cada aula de clases, en cada gimnasio, convive con nosotros, sufriendo en silencio, un individuo rechazado, un “marrano”. ¿A qué se debe esta plaga que adquiere proporciones bíblicas? ¿Será un castigo divino más que merecido para el género masculino? ¿Está la amistad sincera y pura en vías de extinción? ¿Será este el comienzo de un mundo virgen y apocalíptico? No lo creo. Quizás todo se resuma a la lógica popular: el que demuestra el hambre no come.

El hambre es algo natural y todos, en algún momento de nuestra vida, hemos arriesgado nuestra alma inmortal por sexo. Sin embargo, la ansiedad y el deseo ciegan al marranito y le impiden apreciar las señales del fracaso.  Después viene la crónica de una muerte anunciada: ella sólo te quiere como amigo. Entonces llegan los berrinches, la autoflagelación y la persecución obsesiva de la persona amada. El plan maestro ha fracasado y sigues virgen.

Del amor al odio sólo hay paso: la adoración se transforma en ira y desesperación. Llegan los reclamos y los reproches. Se pasa la cuenta de cobro por las invitaciones a conciertos, las noches en vela consolando el dolor de unos cuernos y la espera para llegar virgen al matrimonio.

Después del acoso llega la calma y el bloqueo por parte de ella en las redes sociales. El marranito llora y reniega del amor (esa fuerza que lo puede todo). ¿De quién es la culpa? ¿Por qué nos cuesta tanto asumir un fracaso?  La culpa es de nuestro malcriado niño interior (y de Paulo Coelho) que asume que siendo bueno obtendrá todo lo que se proponga.

Pero el mérito no es amigo del amor. No existe la justicia divina en cuestiones de cacería y la verdad, pura y dura, es que la friendzone es la tierra prometida de los ñoños y los inocentes, el refugio de los desorientados: el paraíso de los cursis.

Gabriel Rodríguez

@luisgabrielr7

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