Crónica marciana

5 de octubre del 2019

Por: Juan Restrepo

Crónica marciana

“Se les vuela un ciego, mandan a un presidente a la ONU con fotos falsas sobre Venezuela y ahora se les escapa una condenada a quince años de cárcel que se estaba haciendo un diseño de sonrisa.” Así hablaba esta semana el presentador de un programa de radio argentino, muerto de la risa, sobre el ridículo que están haciendo las instituciones colombianas a nivel internacional.

Es decir, no hace falta entrar en detalles para el público extranjero sobre el episodio de Aída Merlano, la excongresista que se descolgó con una cuerda desde una ventana, mientras disfrutaba de un permiso carcelario para asistir a una cita odontológica. Las imágenes de este episodio bufo ya le han dado la vuelta al mundo en varios medios.

Hago una pequeña crónica para un marciano que aterrizase en estos días en Colombia y no entendiese nada. Vale la pena, para empezar, detenerse en el trasfondo del asunto. Aída Merlano fue elegida con votos comprados con dinero en efectivo para un puesto en el Senado, puesto que estuvo ocupado por una misma persona, Roberto Gerlein, durante cincuenta años. De ese tamaño es el disparate.

El clan al que pertenece la prófuga acróbata es la familia Gerlein de Barranquilla. Y la práctica en Colombia, querido amigo marciano, es que cargos como el de don Roberto —que como digo, fue senador durante medio siglo—, se heredan. Y cuando las leyes inexorables de la vida apartan a estos seres extraordinarios a una cama, una silla de ruedas o una mecedora, sangre nueva llega a cuidar desde la política los intereses de la familia.

Durante décadas la familia Gerlein ha combatido exitosamente en dos frentes. El político encabezado por el senador Roberto Gerlein en el Congreso, mientras sus hermanos se ocupaban del frente económico a través una de las más grandes empresas de contratación pública de la costa caribe colombiana. Carreteras, puentes, aeropuertos, vivienda subsidiada llegaban a sus manos gracias a los apoyos al gobierno de turno que el poderoso don Roberto conseguía con su partido, el Conservador, en el Congreso.

Dejemos a un lado las cifras de sus ganancias, que son mareantes, y su caída en desgracia por los vínculos con la corrupción de la constructora brasileña Odebrecht, y centrémonos en el reemplazo de don Roberto, Aída Merlano.

Aída, de 43 años, guapa, joven y ambiciosa, de orígenes modestos y de estar casada con un conductor de servicio público, pasa a vincularse al clan Gerlein, y a convertirse en senadora en las elecciones parlamentarias celebradas en Colombia en marzo del pasado año.

Sin embargo, gracias a una denuncia ciudadana, la policía allanó la sede de campaña de doña Aída y encontró que aquello, más que una sede política semejaba una empresa con taquillas y cajeros, listados de posibles votantes con su número de identificación, y una veintena de personas que manejaban una red de compra de votos que llevaba operando con eficacia desde hacía varios años. Aunque a los investigadores nada más podía sorprenderlos, el hallazgo de una bañera repleta de dinero en efectivo, no dejó de causarles cierto impacto.

Los votos, por cierto, eran bien baratos, a 50.000 pesos cada sobre. Hasta 90.000 pesos le llegaron a pagar a los votantes más remilgados, pero éstos eran minoría. Aída fue condenada a quince años de cárcel y llevada —no te pierdas el detalle marciano amigo— al patio de funcionarias públicas de la cárcel de El Buen Pastor de Bogotá. Las cárceles en Colombia tienen patio de funcionarios y políticos; y ciertos privilegios consagrados en la legislación que las hace verdaderamente singulares: si tienes dinero, sales a que te atiendan caprichos como el de Aída, el arreglo estético de su sonrisa.

Las cámaras de seguridad del consultorio dental registraron la operación de fuga de Aída Merlano por la ventana, después de despedirse de amigos y familiares y, por supuesto, del artista odontólogo, un exmilitar con hoja de vida no precisamente limpia. Quince personas, varias de ellas del clan Gerlein, que esperaban ser involucradas por las declaraciones de la exsenadora, respiran hoy más tranquilas.

Todo un episodio edificante que Colombia sigue con pasión, hasta que un nuevo escándalo o ridículo internacional venga a solapar este que hoy engancha al país del Sagrado Corazón. No preguntes nada, querido marciano.

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