Gilma Jiménez, la gran defensora de la niñez

21 de mayo del 2011

Por: Gonzalo E. Quiróz Martínez

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La Colombia nuestra, un país que diariamente se reconstruye, porque la violencia, la corrupción, la falta de educación y de oportunidades laborales, el narcotráfico, el abuso del poder y otras situaciones que impactan a todos los estratos sociales, exigen del Estado medidas que garanticen la dignidad humana y la propia vida.

Vemos hoy el viacrucis que está viviendo el multimillonario Dominique Strauss Kahn, presidente del Fondo Monetario Internacional, quien “supuestamente” por atacar y abusar de una camarera de 32 años, hoy las autoridades de Nueva York, lo tienen enrejado. El abusador sexual trae desde temprana edad su tendencia conductual. La psicopatología de un violador no es modificable de la noche a la mañana, porque el perfil de un violador no es el que suele flotar en el imaginario colectivo de la mayoría de las personas. Socioeconómicamente hay dos tipos de violadores. Un grupo son los estudiados, con empleos y proceden de familias estables en el mejor de los sentidos.

El otro grupo de violadores provienen en general de familias con serias fallas de crianza y en algunos casos, ellos mismos han sido violados cuando eran pequeños” y han padecido alguna forma de maltrato infantil. Sus familias son completamente disfuncionales donde hay o hubo violencia conyugal, padres con adicción al alcohol y una asociación de desempleo con bajos recursos económicos para la satisfacción de sus necesidades básicas. Muchos entendidos en la materia señalan que estas humillaciones les dejaron como secuela principal un gran odio y la necesidad de vengarse sobre otros tan indefensos como alguna vez lo fueron ellos.

El problema es que, a diferencia de otras patologías, los violadores no suelen tener cura. No sólo por falta del tratamiento adecuado sino, más que nada, porque no sienten culpa por lo cometido. De hecho, los delincuentes de este tipo tienen un pronóstico reservado y “requieren un cuidadoso tratamiento y un estricto control posterior dado el alto riesgo de reincidencia.

Afortunadamente en Colombia existe la senadora Gilma Jiménez Gómez, aguerrida y tenaz luchadora por la dignidad de los niños y niñas, ferviente perseguidora de sus violadores y asesinos. El que pronto recobre la libertad Luis Alfredo Garavito Cubillos, el violador más reconocido en el mundo, después de haber violado y asesinado a más de cien menores, tiene a la senadora con los pelos de punta, como también verla llorar y pidiéndole casi de rodillas a muchos senadores que le ayudaran con la votación para aprobar la prisión perpetua para los violadores de menores. Lo respetable de todo esto es que cuando existen leyes que protegen la dignidad humana, se le tienen que aplicar drásticamente a los abusadores y violadores, no importando su abolengo y status. Eso lo hacen los países desarrollados y así combaten el delito sexual abusivo con menores y con adultos.

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