Gustavo Petro y su lucha contra la corrupción

22 de agosto del 2011

Por Gabriel Bustamante El pasado jueves 18 de agosto el Congreso de la República le otorgó la medalla “Luis Carlos Galán Sarmiento” a un hombre que, a costa incluso de su seguridad y la de su familia, ha dedicado su vida a combatir las diferentes formas de corrupción en Colombia: Gustavo Petro Urrego. Medalla que […]

Por Gabriel Bustamante

El pasado jueves 18 de agosto el Congreso de la República le otorgó la medalla “Luis Carlos Galán Sarmiento” a un hombre que, a costa incluso de su seguridad y la de su familia, ha dedicado su vida a combatir las diferentes formas de corrupción en Colombia: Gustavo Petro Urrego. Medalla que fue creada por la ley 668 de 2001 para difundir los valores éticos que deben inspirar la actividad pública y que es entregada después de una rigurosa selección realizada en sesión conjunta de las Comisiones de Ética del Senado de la República y de la Cámara de Representantes, a la persona natural o jurídica que haya trabajado de manera ejemplar en la lucha contra la corrupción.

Lucha que Gustavo Petro inició desde que era un adolescente y que le ha significado grandes costos personales, políticos y sociales para él y su familia. Ya que, desde que a los 17 años decidió ingresar como militante político al M-19 -convencido que la degradación del sistema no permitía otro camino distinto para transformar el sórdido país que nos entregaba el Frente Nacional-, tuvo que madurar a la fuerza para convertirse prematuramente  en un líder comunitario, personero y concejal del municipio de Zipaquirá. A mediados de los 80 fue capturado por el Ejército por su relación con el M-19 y condenado por un Tribunal Militar, sufriendo como preso político las torturas y demás violaciones a los derechos humanos de la Colombia de la época. Posteriormente volvió a la libertad y a la vida política, hasta convertirse, a finales de los años 80, en pieza clave del proyecto de paz que terminaría con el proceso Constituyente de 1991 y la nueva Carta Política.

En 1991 es elegido Representante a la Cámara por Cundinamarca, desde donde comienza sus agudos debates y sus denuncias contra la clase política corrupta del país, especialmente la vinculada con las mafias del narcotráfico, motivo por el cual recibió múltiples amenazas de muerte que lo obligaron a salir del país en 1994. En 1998 vuelve a Colombia y junto a Antonio Navarro Wolf se presentan a la Cámara de Representantes por Bogotá, obteniendo la más alta votación en la Capital y conformando un dúo de lujo que elevó significativamente el nivel de debate y control político del Congreso.

En el 2002 es elegido como Representante a la Cámara por Bogotá, y gracias a sus importantes debates los demás legisladores y el grueso de la prensa nacional lo escogen como el mejor congresista, en un período en el cual Petro comienza a desentrañar la infiltración del narcotráfico y el paramilitarismo en instituciones como la Fiscalía General de la Nación. En el 2006 es electo Senador, y como tal denunció la relación entre algunos partidos y diversos políticos con los grupos paramilitares, lo que terminó con el proceso judicial más importante de la historia de Colombia: la parapolítica. De igual forma denunció el asesinato de civiles inocentes a manos del Ejército y promovió las investigaciones de lo que se conocería como los falsos positivos.

Gustavo Petro promovió debates con costos políticos muy altos, como los realizados al entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, quien gozaba de niveles de popularidad cercanos al 80%, lo que no fue motivo para que Gustavo Petro no se amedrentara para increparlo por sus relaciones con grupos paramilitares; realizará las denuncias por el espionaje y persecución a la oposición efectuada por el DAS; le reclamara por los negocios indebidos de sus hijos; desnudara a personajes cercanos al expresidente como Enilce López, alias la Gata; y advirtiera los costos que, en materia de corrupción, traería el referendo reeleccionista.

Tampoco fueron fáciles sus debates y denuncias contra las Farc, que lo amenazaron de muerte, y causaron su primera gran ruptura con el Polo Democrático Alternativo; partido que vaciló en condenar las actuaciones de este grupo terrorista luego del asesinato de los diputados del Valle y que criticó a Petro por promover las denuncias por Farc-política. También fue Petro el primero en denunciar el cartel de la contratación distrital, que involucraba al alcalde y al senador de su partido, Samuel e Iván Moreno Rojas, con grupos de contratistas vinculados al uribismo como los Nule, Odinsa y Conalvías. Esto le costó su salida del Polo, cuya dirigencia prefirió tapar los escándalos a atender los justos reclamos de uno de sus más reconocidos líderes.

Por todo lo anterior, cabe destacar que, Gustavo Petro, por encima de las profundas diferencias políticas e ideológicas que sostiene con muchos miembros del Congreso, recibe este merecido reconocimiento por su actitud íntegra y sus valerosas denuncias y debates públicos en pro de la depuración de un país que, hoy más que nunca, necesita de líderes intachables en medio de tanta podredumbre.

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